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El interés
por el arte abstracto fue tardío en España.
Los artistas españoles más significativos
que construyeron las primeras vanguardias se mantuvieron
siempre dentro de los cauces del arte figurativo. Una
vez concluidas las vanguardias históricas, cuando
el arte abstracto se extiende por todo el mundo, en
España se vive un régimen de autarquía.
El aislamiento que sufrió el país durante
las primeras décadas de la dictadura contribuyó
aún más a retardar la práctica
de la abstracción.
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Ornitóptero,
1962
Fernando Zóbel |
El régimen no veía con buenos ojos
unas manifestaciones estéticas que hablaban
en un lenguaje críptico que, sin duda, era
subversivo y extranjerizante. Efectivamente, el desparpajo
y la libertad con que estos pintores y escultores
aplicaban la pintura y utilizaban la materia era ofensivo
para unas instituciones que deseaban un arte academicista
que exaltara los valores nacionales.
Por lo tanto, hacer arte abstracto a finales de los
años cincuenta era algo más que adoptar
una estética: suponía tomar una postura,
arriesgándose a la reprobación en unos
momentos políticamente difíciles. Es necesario
recordar esto ahora, cuando los artistas españoles
pueden servirse de cualquier tema, técnica, estilo
o material con entera libertad, para comprender el sentido
ético de esas posturas y las dificultades de
todo orden que entrañaba tomarlas. Es necesario
recordarlo además porque este museo, donde los
cuadros y esculturas se contemplan serenamente, ubicados
en los espacios singulares de este edificio gótico,
podría inducir a formar una idea esteticista
de unas obras que, en muchos casos, fueron enseña
de vanguardismo y objeto de rechazo o desprecio crítico.
Casi todos los artistas aquí representados,
durante los años cincuenta, en su etapa de
formación, residieron en el extranjero, París
y Roma fundamentalmente, y viajaron por diferentes
países donde tuvieron ocasión de contemplar
el arte que se hacía en Europa, añorando
poder trabajar en España de la misma manera.
No quiero decir con ésto que pretendieran imitar
las formas o los estilos que allí vieron, sino
que pretendían poder pintar y esculpir en libertad
según sus temperamentos; pretendían
hacer arte abstracto sin ser sospechosos de nada.
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Intervalos
azules, 1971
José Guerrero |
Si nos fijamos en las obras aquí reunidas
descubriremos que no son ni expresionismo abstracto
americano, ni abstracción lírica francesa;
tampoco Op art o constructivismo, aunque se
aprecien, en cada una de ellas, rasgos de aquí
y de allá, como es lógico. Por encima
de estos rasgos se distingue un sello muy español
que ha sido rastreado por los críticos e historiadores
en la pintura de El Greco, Ribera, Velázquez
o Goya, en el pensamiento trágico y místico
de nuestros poetas y el temperamento, mitad fogoso mitad
sobrio, del carácter español. Pero, por
encima de tópicos sobre «lo español»
y a pesar de los diferentes estilos que en estos artistas
se pueden reconocer, no cabe duda que en todos los cuadros
y esculturas de este museo se aprecia un «aire
de familia» que une las obras aquí reunidas,
lo que da a éste un carácter irrepetible.
Ese aire, que define a una generación,
no tiene que ver con los temas, los estilos o las técnicas
que emplearon, que son muy diversas, sino con la génesis
de una ilusión: el triunfo de la abstracción;
tiene que ver con el hecho de haber sido compañeros
en esa lucha y, sobre todo, amigos. A ellos debemos
el habernos enseñado a desembarazarnos de los
prejuicios para ver, comprender y amar el arte actual.
Pero no hemos de conformarnos con descubrir estas
similitudes, esa empatía que irradian las obras,
sino que es necesario atender también a las
enormes diferencias que hacen del trabajo de cada
uno de ellos un mundo distinto que se expresa con
un lenguaje propio e inconfundible.
Para poder desarrollar este trabajo individual y
darle una proyección crítica y social,
casi todos estos artistas, en algunos momentos de
su vida, se agruparon para realizar exposiciones y
publicaciones colectivas. Estos grupos nos pueden
servir como hilo conductor para comprender las diferentes
caras de esta aventura del arte abstracto español.
Cinco grupos polarizarán este esfuerzo, Dau
al Set en Barcelona, El Paso en Madrid,
Parpalló en Valencia, Gaur
en Vitoria y la fundación del Museo de Arte
Abstracto Español en Cuenca. Éstos son
los jalones más claros de este período
que se inicia a finales de los años 40.
Los artistas del grupo Dau al Set (1948-1953),
entre ellos Antoni Tàpies y Modest Cuixart,
que colaboraron en su fundación, partiendo
de la ensoñación y el automatismo surrealista
llegaron a la abstracción matérica.
El Paso (1957-1960) se fundó para
vigorizar el arte español contemporáneo.
A él pertenecieron, entre otros, Manuel Millares,
Antonio Saura, Luis Feito, Manuel Rivera, Rafael Canogar
y Martín Chirino. Entre todos, desde diferenciadas
posturas personales, configuraron un vigoroso lenguaje
abstracto, informalista y liberador muy característico
de la pintura comprometida en los años cincuenta
y sesenta.
Amadeo Gabino y Eusebio Sempere, junto a otros artistas
valencianos, intentaron, desde el Grupo Parpalló
(1956-1961), realizar un arte abstracto que, por el
contrario, se apoyará en cualidades formales,
recuperando la tradición experimental de las
vanguardias constructivas.
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Marrón
y Ocre, 1959
Antoni Tàpies |
Pintores y escultores vascos, entre ellos Jorge Oteiza,
Néstor Basterrechea y Eduardo Chillida, fundaron
el grupo Gaur (1966-1970) como un frente
cultural vasco en torno al arte abstracto e informalista
que, en el caso de los escultores, tenía un
fuerte sentido constructivista y geométrico.
De esta manera, estos dos últimos grupos formularon
el otro polo de la abstracción en España.
Algunos artistas de todos estos grupos se reunirán
alrededor de Fernando Zóbel y de los pintores
Gustavo Torner y Gerardo Rueda en la creación
del Museo de Arte Abstracto Español. Pero esta
historia requiere, tal vez, una mayor atención.
Fernando Zóbel, que había nacido en
Manila (Filipinas) y se había educado en la
Universidad de Harvard, gracias a sus continuos viajes
por Estados Unidos, Francia, Italia y España,
conocía perfectamente tanto el expresionismo
abstracto americano como el informalismo europeo.
Desde 1955, en que comenzó a viajar por España,
se interesó por el trabajo de los entonces
incipientes artistas abstractos, y cuando se instaló
definitivamente aquí, en 1961, les animó
adquiriéndoles obra, siendo el primer comprador
de algunos de ellos. Llegó un momento en que
su colección personal tenía suficiente
entidad y coherencia, lo que le planteó la
obligación social de mostrarla al público.
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Galería
de la Mina, 1965
Manuel Millares |
Ayudado por los propios artistas, muy particularmente
por Gustavo Torner y Gerardo Rueda, que fueron los
primeros conservadores de la colección, lograron
que el Ayuntamiento de Cuenca les cediera parte de
las Casas Colgadas, que acababan de ser restauradas,
como sede del museo que se inauguró en 1966.
En la ciudad alta de Cuenca, que entonces se hallaba
abandonada, con la mayoría de sus edificios
en ruina, se fueron instalando algunos de estos pintores.
Zóbel, Torner, Saura, Millares, Rueda, Antonio
Lorenzo, Sempere y José Guerrero adquirieron
casa, y en el Museo trabajaron como colaboradores
Jordi Teixidor y José María Yturralde.
De esta manera surgió el milagro: la recuperación,
a través del arte, de un conjunto urbano del
que el Museo de Arte Abstracto Español es su
eje y motor.
En 1980 el Museo de Arte Abstracto Español
de Cuenca era ya muy conocido, había recibido
varios premios y suficiente difusión internacional,
la colección había crecido y el espacio
físico del museo se había ampliado.
Lo que empezó siendo el empeño personal
y entusiasta de un grupo de amigos reclamaba ya una
atención y dedicación profesionalizada
que desbordaba a sus creadores. Fernando Zóbel
decidió entonces donar la colección
del museo a la Fundación Juan March, que la
aceptó e incrementó con sus propios
fondos y con la adquisición de la colección
del Dr. Amos Cahan, médico norteamericano que
vivió en España y coleccionó
obra de estos artistas en los años cincuenta
y sesenta.
Ahora, una colección estable, elegida con
un criterio que pretende dar coherencia histórica
a los esfuerzos creativos y los logros estéticos
de una generación, se ha convertido en un homenaje
a estos artistas que arriesgaron más de lo
que esperaban recibir.
Javier Maderuelo
Este texto sólo puede reproducirse citando
su procedencia: Catálogo del Museo de Arte
Abstracto Español (Fundación Juan March),
de Cuenca.
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