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Descripción
“Primera pared larga, frente a la entrada: El anhelo de felicidad (las figuras suspendidas: n. del a.). Los sufrimientos de la débil Humanidad (la niña de pie y la pareja arrodillada). Las súplicas de la Humanidad al fuerte y bien armado (el caballero), la compasión y la ambición como fuerzas internas de los impulsos (las figuras femeninas detrás de él), que le mueven a luchar por conseguir la felicidad.
Pared estrecha: Las fuerzas enemigas. El gigante Tifeo, contra el que incluso los dioses lucharon en vano (el monstruo que se asemeja a un simio); sus hijas, las tres Gorgonas (a su izquierda). La Enfermedad, la locura, la Muerte (las cabezas como de muñecos y la anciana tras ellas). La Lujuria, la Impudicia, la Desmesura (las tres figuras femeninas de la derecha junto al monstruo). La pena aguda (la que se encuentra en cuclillas). Las ansias y los deseos de los hombres, que se alejan volando por encima.
Segunda pared larga: El anhelo de felicidad encuentra reposo en la poesía (las figuras suspendidas se encuentran con una mujer que toca la cítara). Las artes (las cinco figuras de mujeres dispuestas una sobre otra, algunas de las cuales señalan al coro de ángeles que canta y toca) nos conducen al reino ideal, el único en el que podemos encontrar alegría pura, felicidad pura, amor puro. Coro de los ángeles del Paraíso. ‘Alegría, hermosa chispa de los dioses’. ‘Este beso para el mundo entero’.”
(Del catálogo de la XIV Exposición Beethoven, en la Secession, 1902)
Los instintos y el mundo del Eros
En sus esfuerzos por conseguir la renovación del arte, Klimt está a la búsqueda de una verdad nueva: la verdad del hombre moderno. Y en ese intento, Gustav Klimt empieza a desvelar la vida de los instintos, y especialmente el mundo del Eros. En el Friso de Beethoven son los órganos sexuales masculinos y femeninos los que comparecen tras las figuras de “Las fuerzas enemigas”. Por la posición que ocupan en el Friso –en compañía de “Las fuerzas enemigas”– trasladan claramente –consciente o inconscientemente– el ámbito de la culpa hasta el campo de lo sexual. Al mismo tiempo, el plan del Friso está inmerso en una tradición que se remonta hasta los programas ornamentísticos del barroco: se trata, también en él, de la superación del mal y de las fuerzas hostiles al hombre mediante el bien.
Por todo ello, el Friso de Beethoven pasa a ser en una de las obrascentrales de la nueva evolución artística de Klimt. El artista se afana en él por buscar una renovación del lenguaje pictórico, en la que el contenido espiritual nos sea presentado a través de la ornamentación. El Friso de Beethoven constituye toda una declaración sobre el arte como una fuerza con poder frente a lo siniestro y a las fuerzas enemigas de la vida, y, a la vez, como un refugio de la dura realidad de la vida.
Stephan Koja, Introducción. El Friso de Beethoven y la controversia sobre Klimt (extracto), en el catálogo.
Refinamiento artístico sorprendente
El Friso de Beethoven de Klimt es sólo a primera vista una decoración de exposición realizada con rapidez. En un examen más detenido, sorprende y fascina el refinamiento artístico de la ejecución. Klimt pinta con colores de caseína, cubriendo toda la superficie, sólo a modo de imprimación, las partes del cabello de los genios. El resto es más bien un dibujo en color realizado con pincel, pero también con lápices de carboncillo, grafito o pastel. Las resplandecientes piezas y aplicaciones de metal contrastan vigorosamente con la impresión mate del conjunto.
Manfred Koller, Sobre la técnica y conservación del “Friso de Beethoven” de Gustav Klimt (extracto), en el catálogo.
Una concepción orgánica y femenina del cosmos
La mujer es la figura verdaderamente dominante del Friso de Beethoven, porque sólo la mujer está en estrecha unión con la armonía del mundo. Sólo si feminiza su sensibilidad, si sucumbe al abrazo del “eterno femenino”, puede el varón aspirar al cumplimiento de sus anhelos.
Considero el denominador común del complejo universo metafísico de Gustav Klimt una concepción orgánica del cosmos, que subraya la integración de la vida humana individual en la gran cadena del ser y hace hincapié en los cimientos creativos, genésicos, “eternamente femeninos” de la existencia humana; y es precisamente ese cosmos feminizado lo que hoy nos habla con tanta fuerza. La súbita popularidad de Klimt después de medio siglo de olvido es, por lo tanto, a mi juicio, síntoma de una transformación trascendental en la que estamos participando: la transición, en nuestra cultura, de un estilo o una cosmología a otra distinta.
Franz A. J. Szabo, Reflexiones sobre el “Friso deBeethoven” y su relación con la obra de Gustav Klimt (extracto), en el catálogo.
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