AMÉRICA DEL NORTE: LA NATURALEZA DE LO SUBLIME
De Cole a Bierstadt
La transformación de lo sublime en el arte norteamericano:
desde un primer constructo heredado de Europa hasta el concepto de lo sublime distintivamente americano.
“C
on su innovador ensayo “Lo sublime abstracto”, Robert Rosenblum abrió un rico diálogo, aún actual, acerca de la presencia de la estética de lo sublime en la pintura norteamericana. Amplió sus ideas en
La pintura moderna y la tradición del Romanticismo nórdico. De Friedrich a Rothko (1975), obra en la que trataba de explicar las experiencias, similares, que inducían, por ejemplo, las pinturas de Caspar David Friedrich y las de Mark Rothko. Y aunque tuvo en cuenta la posibilidad de que se tratara de coincidencias más que de una continuidad histórica, Rosenblum postuló que las correspondencias estéticas que detectó tenían su origen en el profundo deseo, común a toda la humanidad, de buscar lo espiritual en el mundo profano.”
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Ernst Ferdinand Oehme, El Wetterhorn y el glaciar de Rosenlaui,
Staatliche Museen zu Berlin, Kupferstichkabinett, Berlín |
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Adolph Gottlieb, Paisaje imaginario nº 2, 1956.
Hirshhorn Museum & Sculpture Garden, Washington, D.C. |
“Thomas Cole (1801-1848) se convirtió en el principal heredero y hacedor de la tradición de lo sublime en el arte de los Estados Unidos. Las enseñanzas de lo sublime “heredado” que Cole aplicó al paisaje ejercieron influencia en su alumno Frederic Edwin Church (1826-1900), quien trató de conciliar ciencia y fe en el paisaje. Por su parte, Albert Bierstadt (1830-1902), nacido en Prusia y educado en Düsseldorf, dotó de un enfoque esencialmente utilitario a sus representaciones magistrales del Oeste americano. Los lienzos de Bierstadt anunciaban la promesa de la hegemonía de la nación americana.”
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Frederic Edwin Church, Marina con casquete glaciar a lo lejos, junio o julio de 1859.
Cooper-Hewitt, National Design Museum, Smithsonian Institution, New York |
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Mark Rothko, Sin título, 1969.
National Gallery of Art, Washington, D.C. |
“Con todo, la ampulosidad visual orquestada por Church y Bierstadt no era la única vía hacia lo sublime. La experiencia trascendente descrita por Durand, Carus y Emerson impulsó el ideal de la unión del hombre con la naturaleza y desarrolló el tipo de “sentimiento privado” que Rosenblum citaba como el principal componente de lo sublime. En la esencia de lo sublime abstracto se encuentra este complaciente sometimiento del yo, que afecta tanto al proceso como a la forma de percibirlo. Las obras de Jackson Pollock, Mark Rothko, Clyfford Still, Adolph Gottlieb y Barnett Newman, por muy diferentes que sean, exigen la inmersión absoluta tanto del artista como del espectador en los infinitos espacios que sugieren sus composiciones. “
Barbara Dayer Gallati, en “El paisaje americano y lo sublime mudable” (catálogo)