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Libro de horas, Fernando Zóbel
Libro de horas, Fernando Zóbel.
Manila, Fernando Zóbel, 1965.
Colección Fundación Juan March

Como se apuntaba, las obras seleccionadas para la muestra tienen en común la pertenencia a la colección de la Fundación Juan March, a la que han llegado por caminos diversos. Por una parte, la propia actividad de la Fundación, que ha adquirido obras y con frecuencia ha promovido ediciones de obra gráfica. Además, las donaciones de dos grandes amantes del libro, Fernando Zóbel y Julio Cortázar.

Fernando Zóbel (Manila, 1924-Roma, 1984), estudió y se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Harvard durante la década de los cuarenta. En 1961 fijaría su residencia en España y comenzaría su colección de obras de artistas españoles de su generación, que luego constituiría el núcleo del Museo de Arte Abstracto Español, que abriría sus puertas en las Casas Colgadas de Cuenca en 1966.

Junto a su pasión por el arte y la pintura, la afición de Zóbel por los libros fue muy temprana. En Harvard fue nombrado Conservador Honorario de Libros Raros y Manuscritos de la Houghton Library, un hecho que marcaría toda una vida de investigador bibliográfico y editor. Siguiendo a su mentor en Harvard, Philip Hofer, Zóbel se especializó en incunables, libros raros y manuscritos, lo que le permitió adquirir avanzados conocimientos de teoría, catalogación y técnicas gráficas, relacionadas, en último término, con la producción en papel. Este afán investigador pronto se convirtió en una afición por el coleccionismo –en primer lugar de grabados clásicos– que le acompañaría el resto de su vida. La Fundación Juan March conserva más de 2000 libros de la biblioteca personal de Zóbel, de la que para esta exposición han sido seleccionados aquellos que pueden considerarse "libros de artista" o son, al menos, fronterizos con ese género.

Zóbel daría continuidad a esa verdadera "bibliomanía" en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, creado por él en 1966, con una actividad de promoción editorial que impulsó ediciones de libros de artista, foto-libros y porfolios de obra gráfica. Destaca, de la mano de Abel Martín, la edición de serigrafías de artistas como Manolo Millares, Manuel Hernández Mompó o Eusebio Sempere. Esta actividad editora del museo no constituía, sin embargo, un hecho aislado; durante esos años llevaron a cabo una labor semejante una serie de editoriales y galerías dedicadas a la edición y a la difusión de la obra gráfica, como el Grupo Quince, la Galería Juana Mordó, la Sala Gaspar, la Galería René Metras, la editorial Casariego o la editorial Gustavo Gili, entre otros muchos, de cuya actividad dan buena cuenta algunas obras presentes en la exposición.


Novel.la, Antoni Tàpies, Joan Brossa
Novel.la, Antoni Tàpies, Joan Brossa.
Barcelona, Sala Gaspar, 1965. Colección Fundación Juan March

Escritores y poetas se introducen en el terreno de las artes plásticas para crear una suerte de obra de arte total, en la que los valores estéticos y literarios tienen igual peso

La biblioteca de Julio Cortázar (Bruselas, 1914-París, 1984), escritor y, al igual que Fernando Zóbel, gran bibliófilo, fue donada a la Fundación Juan March por su viuda, Aurora Bernárdez, en 1993. Con 3786 títulos (entre libros y revistas), incluye muchos libros dedicados por sus autores (Rafael Alberti, Pablo Neruda, Juan Carlos Onetti, Octavio Paz y otros), libros de artista, ediciones de arte, libros ilustrados, etc. Los fondos de la Biblioteca Cortázar aglutinan buena parte de ejemplos, entre los que se encuentran libros-objeto de concepción casi escultórica y libros ilustrados, fruto de la colaboración entre creadores de diferentes ámbitos; en ellos se pone de manifiesto otra de las características de la interacción entre los artistas y el mundo del libro. Y, si unas veces son los artistas quienes se apropian del formato y del soporte habituales de la producción literaria, en otros casos se da el proceso inverso. Escritores y poetas se introducen en el terreno de las artes plásticas para crear una suerte de obra de arte total, en la que los valores estéticos y literarios tienen igual peso, con obras cuya intención va más allá de los límites definidos por las formas pictóricas o escultóricas habituales. Pues la manera de hojear las páginas de un libro configura una secuencia espacio-temporal y estética muy característica, distinta de la contemplación de la pintura y la escultura, una experiencia dotada, en suma, de una especie distinta de aura.


Trois visions, Antonio Saura
Trois visions, Antonio Saura
París, Yves Rivière Éditeur, 1971. Colección Fundación Juan March

Los libros de artista, en toda su amplitud y ambigua naturaleza, nos enfrentan a la tesitura de reflexionar sobre la percepción habitual del libro como simple medio de transmisión de contenidos, y la de las artes plásticas como actividades sujetas a soportes y procedimientos fijados por la tradición. El ensayo abierto de catalogación y categorización ejercido sobre las obras que conforman esta exposición responde más al deseo de mostrar su riqueza conceptual y estética que al afán clasificatorio. La extrañeza que pueden causar algunas de estas publicaciones (y el mero hecho de "exponer" a la vista aquello que ha sido creado, en teoría, para ser manipulado, leído, abierto y cerrado, hojeado…) por su novedad o su carácter misterioso, su lenguaje aparentemente privado, su contenido y forma, en ocasiones tan áridos para la comprensión o el disfrute, su inestabilidad conceptual y la propia dificultad para categorizarlas y definirlas, todo ello apunta a la profunda influencia que tienen ya y tendrán en el futuro, ahora que las nuevas tecnologías están replanteando la industria editorial, el soporte del papel y la misma materialidad del libro.

Quizá de los libros y del resto de publicaciones de artista del último siglo y hasta hoy pueda decirse aquello que dictaminó el escritor alemán Kurt Tucholsky sobre el Ulysses de Joyce: que era "puro extracto de hígado. Es incomestible –añadía–, pero en el futuro se prepararán muchas sopas gracias a él".

Fundación Juan March
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+34 91 435 42 40
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