EL PAISAJE POST-ROMÁNTICO
Kiefer, Richter
Después de treinta años, la interpretación de los paisajes de Anselm Kiefer sigue resultando fascinante: densos de materia, los suyos son paisajes alemanes ya universales, cargados con sentidos de muchos siglos
Anselm Kiefer, Sobre todas las cumbres hay paz, 1971. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York
“Los paisajes de Anselm Kiefer están cargados de materialidad, y consigue en ellos un paisaje alemán que está cargado –y gravado– por muchos siglos de “Sinngebung”, de ‘dotación de sentido’. [...]Se encuentran en todos los grandes museos del mundo y se los incorpora al ciclo de paisajes que Robert Rosenblum describiera de manera tan certera. [...]”
“Anselm Kiefer nació en Donaueschingen en 1945. [...] Era un artista alemán nacido en 1945, el año de la catástrofe apocalíptica y del renacimiento nacional, el mismo año que otorgaba su sentido catártico a la República Federal de Alemania. [...] El propio Kiefer acogió desde el principio en sus paisajes a los dioses, los héroes y los mitos caídos, con una actitud parcialmente autoacusatoria hacia los mil años representados y nombrados en sus obras.”
“[...] A menudo me fijo en gente mayor contemplando con placer obras de Kiefer, atareados en descifrarlas. Entonces sé que Kiefer nos ha seducido y nos ha atrapado con su melancolía allí donde más bien nos hace: para la nueva generación de Internet, Anselm Kiefer supone todo un reto.”
Cordula Meier, en “Anselm Kiefer: paisaje alemán, espíritu universal” (catálogo)
Con su reconquista de la pintura del paisaje por medio de la fotografía, Richter pone a prueba qué posibilidades tiene, para la experiencia contemporánea, un género tan tradicional como el del paisaje
Gerhard Richter, 2.1.1978, 1978
Kunstmuseum Winterthur, Winterthur
“En 1968, Gerhard Richter pudo pasar con su familia sus primeras vacaciones en la isla de Córcega. De las fotos tomadas allí surgieron después, en el estudio del artista en Düsseldorf, sus primeros cuadros de paisajes. Desde entonces, y durante casi cuatro décadas, Richter ha pintando paisajes de ese tipo, “romantizados”, y, con frecuencia irregular, vuelve siempre a abordar el motivo del paisaje. Ningún otro tema le ha fascinado de modo semejante, y a ninguno ha dedicado tanto tiempo. Aun así, el número total de sus paisajes es más bien reducido, y su importancia reside en el lugar destacado que ocupan en la obra del artista y en la insistencia con la que Richter, una y otra vez, ha establecido un diálogo iluminador entre ellos y su pintura abstracta.”
[...]
“En 1962, muy al principio de su carrera artística, Gerhard Richter todavía expresaba sus esperanzas de poder formular con su pintura una verdad artística como alternativa a la realidad de la naturaleza: “como no existen ni el bien ni la verdad absolutos, aspiramos siempre a una verdad artística, orientativa, precisamente una verdad humana”. Casi treinta años después de esta temprana y optimista declaración, Gerhard Richter ha retomado aquella idea y la ha relativizado. Mucho más escéptico respecto a las posibilidades de la pintura, se ve ahora obligado a reconocer: ‘no creo en el cuadro absoluto; sólo puede haber aproximaciones, una y otra vez, y siempre, ensayos y comienzos’.”
Dietmar Elger, en “Gerhard Richter: paisajes desenfocados” (catálogo)