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  • Nicolas, 1935
    Nicolas, 1935
    Cassandre (Adolphe Jean–Marie Mouron)
    Colección Merrill C. Berman
  • Drukkerij Trio, 1931
    Imprenta Trio, 1931
    Piet Zwart
    Colección Merrill C. Berman
  • Die Neue Wohnung, 1920
    La nueva vivienda, 1920
    Bruno Taut
    Colección José María Lafuente
  • La palabra la tiene Kirsánov
    La palabra la tiene Kirsánov, 1930
    Semen Kirsanov
    Colección José María Lafuente
  • Zhurnalíst, 1930
    El Periodista: órgano del Buró Central y Moscovita de la Sección de Trabajadores de Prensa, 1930
    Aleksandr Ródchenko
    Colección José María Lafuente
  • Depero Futurista</em>, 1913—1927
    Depero Futurista, 1913—1927
    Fortunato Depero
    Colección José María Lafuente
  • Prima Goudsche Kaas, 1919
    Queso Gouda de excelencia, 1919
    Theo Van Doesburg
    Colección Merrill C. Berman
Nicolas

Nicolas, 1935

Cassandre (Adolphe Jean–Marie Mouron)

Colección Merrill C. Berman

Imprenta Trio

Imprenta Trio, 1931

Piet Zwart

Colección Merrill C. Berman

La nueva vivienda

La nueva vivienda, 1920

Bruno Taut

Colección José María Lafuente

La palabra la tiene Kirsánov

La palabra la tiene Kirsánov, 1930

Semen Kirsanov

Colección José María Lafuente

El Periodista: órgano del Buró Central y Moscovita de la Sección de Trabajadores de Prensa

El Periodista: órgano del Buró Central y Moscovita de la Sección de Trabajadores de Prensa, 1930

Aleksandr Ródchenko

Colección José María Lafuente

Depero Futurista

Depero Futurista, 1913�1927

Fortunato Depero

Colección José María Lafuente

Queso Gouda de excelencia

Queso Gouda de excelencia, 1919

Theo Van Doesburg

Colección Merrill C. Berman

Antes de que en el siglo XVIII advinieran las estéticas modernas y, con ellas, la autonomía de las bellas artes, puede decirse que todo arte fue, originariamente, “diseño”, es decir, arte “aplicada” a una función. Las artes, en efecto, han sido históricamente “artes aplicadas” a las más diversas funciones religiosas, políticas y sociales, desde el culto y la celebración, la representación del poder, la religión o la riqueza hasta la decoración y el descanso. Más adelante, algunos movimientos nacidos entre finales del XIX y principios del XX como la Secession vienesa o el movimiento Arts and crafts y, sobre todo, las vanguardias históricas —desde el futurismo y la Bauhaus al neoplasticismo, pasando por el constructivismo—, supusieron no solo una acentuación de la moderna autonomía del arte, sino también un intento generalizado y radical de volver a llevar el arte a todas las esferas de la vida, ésta vez no tanto para representarla u ornamentarla como más bien para transformarla y configurarla desde el ideal de lo nuevo. La vanguardia quiso devolver el arte y su poder transformador al ámbito político y social, al mundo doméstico y al de la decoración y también a los textos del libro, la revista y el cartel, vehículos para la difusión de las ideas, de los que nunca había salido del todo, pero del que las estéticas y poéticas del arte puro, el esteticismo y el ideal de l’art pour l’art le habían alejado.



La exposición La vanguardia aplicada (1890–1950) presentó casi 700 obras (desde diseños originales y maquetas, bocetos preparatorios y fotomontajes, libros, revistas y carteles, hasta postales y piezas de formato minúsculo) que revelaba la fascinante historia visual del impacto de los ideales de la vanguardia sobre todo en los ámbitos de la tipografía y el diseño gráfico, desde sus antecedentes en la última década del XIX y durante la primera mitad del siglo XX. Los resultados de esa aventura se manifestaron —casi en simultaneidad y a lo largo de una geografía tan amplia como interconectada— en aspectos tan diversos de la vida como la propaganda política e ideológica, la publicidad y los medios de comunicación, la arquitectura, el diseño urbanístico y de interior, las exposiciones, el teatro, el cine y la fotografía, entre muchos otros.

La exposición, que acompañada de un catálogo profusamente ilustrado en dos ediciones, española e inglesa, incluyó obras de 250 artistas de 28 países: artistas, tipógrafos y diseñadores de vanguardia, de pioneros como Fortunato Depero (1892–1960), Oskar Kokoschka (1886–1980), El Lissitzky (1890–1941), Filippo Tommaso Marinetti (1876–1944), László Moholy–Nagy (1895–1946), Liubov Popova (1889–1924), Aleksandr Ródchenko (1891–1956), Kurt Schwitters (1887–1948), Jan Tschichold (1902–1974) o Theo van Doesburg (1883–1931), por solo citar algunos nombres. Las mayoría de las obras provenían de dos importantes colecciones internacionales que, tanto por su amplitud como por su competente criterio en la selección de obra, poseen ya rango museístico: la del estadounidense Merrill C. Berman y la del santanderino José María Lafuente.

La selección de las obras de ambas colecciones no se realizó solo de acuerdo a criterios históricos, sino desde un acercamiento transversal al espíritu transformador de las vanguardias y en torno al eje constituido por la articulación de las formas y los signos en el diseño gráfico de las vanguardias y la revolución tipográfica que éstas supusieron.


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