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La colección

Carmen Laffón

Sevilla, 1934
Armario blanco, 1985
Armario blanco, 1985

Entre 1973 y 1985 Carmen Laffón ha pintado varias series de pequeños armarios, todos ellos muy parecidos. El objeto elegido como modelo para ejercer la pintura carece, en principio, del más mínimo interés temático, sin embargo, la persistencia en el mismo modelo demuestra la existencia de un proyecto: el de captar la esencia de las cosas más próximas. Para ello es necesario partir de objetos muy simples que permitan, por medio del ejercicio de la contemplación continuada, la apreciación de aquellos matices de luz y sombras que hacen evidente el ambiente recatado y silencioso que caracteriza la intimidad.

Lo importante en cuadros como este Armario blanco no es la precisión en los detalles sino, por el contrario, la esencialización de los detalles, buscando aquello que tienen de tópico, ya que en este tipo de contemplación la mirada debe traspasar la superficie de lo real para intentar aprehender aquello que los objetos tienen de idea o, al menos, de sugerencia.

Javier Maderuelo

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.
Sanlúcar de Barrameda, 1975-77
Sanlúcar de Barrameda, 1975-77

Carmen Laffón se formó en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal. A mediados de los años 50 pintó algunos cuadros de motivos italianos. Residió durante un tiempo en Madrid, de donde terminó retornando a la capital andaluza. En 1957 expuso en el Ateneo de Madrid y en 1963 en Biosca. Premio Nacional de Artes Plásticas en 1982, Carmen Laffón empezó a ser más conocida del gran público gracias a la retrospectiva que en 1992 le dedicó el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. En 2000 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; su discurso lo contestó su gran amigo Gustavo Torner.

Carmen Laffón ha fijado, en sus cuadros y en sus dibujos, la imagen de una Sevilla intemporal, de altas azoteas con macetas, de espadañas, de interiores a media luz, de grises jardines conventuales. Unos pocos objetos de uso cotidiano, unos jazmines en un jarrón, una ropa en una canasta de mimbre, una máquina de coser, unos platos, unas cajas, una muñeca abandonada sobre una silla, una pared del Alcázar, una cuna con niño, un paso de Semana Santa, le bastan para expresarse, y para expresar, a mil leguas de la imaginería folklórica que tanto daño ha hecho a los sevillanos, la esencia de su ciudad.

Sanlúcar de Barrameda es lugar frecuentado con asiduidad por Carmen Laffón desde su infancia. Algunas de sus litografías tienen por motivo las aguas del Guadalquivir. En pasteles casi abstractos, leves e irreales como ciertas acuarelas de Turner, ella ha reflejado el paso de las horas en esas playas donde cielo, mar y tierra se funden en la luz. Pero la gran obra sanluqueña de Carmen Laffón, y una de las grandes obras de toda su trayectoria, es este Sanlúcar de Barrameda, expuesto por vez primera en la individual El río. Sevilla–Sanlúcar de Barrameda, 1975-78, celebrada en 1978 en la Galería Juana de Aizpuru de su ciudad natal.


Juan Manuel Bonet

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.


Relación de artistas