Autor: Falcón, Lidia. 
   En el día de la mujer trabajadora     
 
 Diario 16.    08/03/1983.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

OPINIÓN

8-marzo-83/DIARIO16

LIDIA FALCON

Escritora

En el Día de la Mujer Trabajadora

U^a vez más el calendario señala un 8 de marzo, que internacionalmente está dedicado a rendir homenaje

a las mujeres trabajadoras. En España empiezan a considerarse trabajadoras más mujeres que aquéllas que

sólo rinden laboralmente para un empresario. Por ello el tema de hoy está dedicado a todas las mujeres

que luchan por su derecho a la felicidad.

El día 8 de marzo se conmemora, bien tristemente, por cierto, el asesinato de 129 mujeres que fueron

quemadas vivas en la fábrica Cotton, de Nueva York, hace casi un siglo.

Ellas luchaban por sus derechos: Reducción de jornada laboral, aumento de salario, equiparación a los

derechos masculinos. En ese largo camino de luchas y reivindicaciones han muerto muchas más mujeres,

y más anónimamente.

Han muerto de enfermedades profesionales en todos los talleres, de cansancio en los campos del mundo,

bajo los bombardeos de enemigos ignorados por ellas, en las camillas de partos y entre las manos de

aborteros chapuceros.

A todas ellas deberíamos rendirles homenaje una vez más en este otro 8 de marzo. A ellas, más anónimas

que los soldados y los campesinos, que los obreros y los presos. Como decían las francesas hace unos

años, más desconocida que el soldado al que se le rinde honor en la tumba iluminada, por sus héroes

anónimos, está la muer del soldado.

El aborto

Hoy en que la batalla por ia legalización del derecho a abortar es ia más viva reivindicación de las

mujeres, este 8 de marzo debe recordar nuevamente que el derecho a disponer del propio cuerpo significa

el derecho a vivir. Sin riesgos, sin peligros, sin traumas, A disponer del futuro sin la hipoteca de un hijo

no deseado, a conservar la salud sin el riesgo de una invalidez permanente. Es decir, a entrar en la era

moderna, en la que la sanidad, ia seguridad y la longevidad parecían garantizadas por los Estados

democráticos, y a abandonar definitivamente el oscuro túnel medieval del fascismo, en el que la vida

humana, y sobre todo la femenina, valían muy poco.

Los que se arrogan, ¡con qué soberbia!, .la exclusiva de lucha por defender la vida, jamás dicen con

verdadera sinceridad lo poco que ésta les importa cuando se trata de personas en toda la gran extensión de

la palabra. Esa vida por la que claman es exclusivamente la de un grumo de células de imposible

viabilidad separadas de la matriz materna. Pero se negarán rotundamente a • hablar de las muertes

femeninas que cada año entran en las estadísticas españolas, con su carga de vergüenza para nuestra

sociedad. Entiéndase siempre que los humanitarios varones y las sensibleras señoras que se manifiestan

por ¡as calles contra el aborto, lo que desean es que las mujeres sigan desangrándose en las camillas de las

parteras clandestinas, para que después, si sobreviven, vayan a dar con sus maltratados huesos en prisión.

Legalización

Todas las estadísticas fiables del mundo avanzado explican cómo se reduce la mortalidad materna y fetal

en cuanto se legaliza y reglamenta el derecho al aborto. Cuanto más amplio mejor. Como decía el

científico ´Navarro hace unos días en Barcelona, los que se proclaman defensores de la vida lo son en

realidad de la muerte. De la muerte de las jóvenes solteras embarazadas porque su primer amor las

engañó, de las mujeres casadas que ya cumplieron con su deber pariendo dos o tres hijos a su tiempo, de

las víctimas de violaciones, de engaños, de su débil y explotada condición de mujer, en suma. Los

antiabortistas son los adalides defensores de la infelicidad, de la enfermedad, del atraso, del

sufrimiento...,porque nos tocó nacer mujeres.

Como decía poco antes Mingóte, piensan que es mejor que .nazcan todos para poder matarlos más tarde,

cuando sean adultos..., - a unos sí y a otros no. Sobre todo si son mujeres.

Por .ello, en este nuevo aniversario de las muertes femeninas, el clamor unánime de toda España .es el de

respetar-el derecho de las mujeres a alcanzar una pequeña cota de su felicidad, de su salud, de su derecho,

en suma, a una vida humana, ésa sí, que el siglo Íes debe.

Lucha de siglos

Siempre .pienso cuando repito y repito estas simples palabras, tan sensatas y tan sencillas para .mí, que

dentro de cincuenta, de cien, ¡quién dice doscientos! años, las gentes se asombrarán de esta cansada

batalla que las mujeres tuvimos que desarrollar a lo largo de tantos —demasiados— años para ser

reconocidas simplemente personas.

Cuando en alcanzar el divorcio el movimiento feminista, los partidos políticos, los medios de opinión, la

Iglesia y el Gobierno perdió cinco hermosos años de su vida para que hoy ni escandalice ni recuerde a

nadie los palos recibidos, los insultos sin respuesta, el. aburrimiento de tema tan obsoleto, me imagino ya

la indiferencia tranquila con que dentro de —espero y deseo que poco— nuestros hospitales acogerán a

las embarazadas que deseen abortar sin más incomodidad que arrancarse una •muela, seguramente mucho

menos.

Hasta entonces, y como todo avance humano, la conquista de este derecho será obra de los miles de

mujeres y de hombres de buena voluntad que quieren despegar del pasado para empezar a construir el

futuro.

 

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