Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   La España del parcheo  :   
 ¿Qué gobierno es este?. 
 El Alcázar.    06/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA ESPAÑA DEL PARCHEO

¿QUE GOBIERNO ES ESTE?

El contenido casi textual del fallo del Tribunal Supremo estaba el viernes en circulación. Los asuntos

internos de Gobierno se convierten con demasiada frecuencia en un secreto a voces. Nunca como ahora,

por ejemplo, se ha conocido con tanta puntualidad y anticipación la agenda de los Consejos de Ministros.

Además del fallo del Tribunal Supremo en el escabrosísimo asunto de la legalización del Partido

Comunista, comenzaron a soplar por círculos políticos muy restringidos los aires de otras noticias que

dejaban los ánimos en suspenso. Y aunque fuera de normal administración, según versión oficial, la visita

del presidente de las Cortes al Rey, el conjunto resultaba tentador. Quiero decir que el viernes se

aguardaba la dimisión del Gobierno, con el señor Suárez a la cabeza. Por bastante menos caen

normalmente los gobiernos en cualquier nación, incluso con regímenes dictatoriales. Los hechos, sin

embargo, me dan la razón. La resistencia al cambio de los más duros inmovilistas del anterior Régimen,

no pasa de la consistencia de un merengue al lado de la voluntad de atornillamiento al cargo que exhiben

los miembros del actual Gobierno. El Gobierno ha demostrado su decisión de cambiar todo lo que sea

preciso, hasta el azul del cielo si es que molesta a los comunistas, menos el suave y estimulante contacto

de sus ilustres posaderas con las poltronas. Su voluntad de permanencia es heroica y parece dispuesto a

extremarla si preciso fuera, frente al asalto iracundo del enemigo franquista, que diría «Diario 16».

La formidable capacidad inhibitoria del Gobierno en orden a la asunción de responsabilidades y a la

elegancia social del comportamiento político, pocas veces igualada, ha recibido un oportuno refuerzo

moral del diario «Ya», que desde su doble columna editorial aconseja, con solemnidad pontifical: «... el

presidente del Gobierno debe ser quien continúe llevando adelante la evolución política. Un error no

puede cancelar los éxitos de muchos meses ni podría justificar que se privase al país de quien" ha

demostrado dotes políticas sobresalientes en la delicada operación de la transición y cuya sustitución en

estos momentos ni vemos fácil ni se podría hacer sin producir perturbación profunda».

Que el señor Suárez sea quien debe seguir llevando adelante la evolución política no pasa de constituir la

opinión de «Ya». Otros muchos creemos lo contrario, pero al carecer de la potestad autoritaria del decreto

- ley para imponer nuestras opiniones, estamos en desventaja. Mientras las Cortes sean llamadas para

tratar de lo accesorio y sigan afectas a un sentimiento del deber y un concepto de la honestidad política

tan acusados, tampoco podremos saber la capacidad real del señor Suárez y sus amigos para el debate

político efectivo.

¿Sólo un error? Aunque equivocar la función que constitucionalmente corresponde al Tribunal Supremo

fuese el único error del Gobierno Suárez, habría sido suficiente en cualquier situación o tiempo de la

historia, para que el Rey tuviera en su mesa la dimisión irrevocable. Si además de ello, los titulares del

desaguisado poseyeran instinto político y tacto institucional, las cartas de dimisión habrían estado sobre la

mesa real desde el instante mismo en que comenzó a olerse la decisión inevitable del Supremo. El deber

primordial de los hombres de gobierno es evitar el escándalo y facilitar al jefe del Estado la solución

normal y fluida de los problemas, allanándole el camino y poniéndole las carambolas a capón.

Pero además de todo lo anterior, los errores forman un rosario político de muchos misterios, todos

dolorosos.

¿Constituye un éxito haber llevado la economía hasta tal punto de quiebra, que deban ocultarse los índices

del coste de la vida, los cuales parece que subieron un seis por ciento en los dos primeros meses del año?

¿Fue un éxito el problema creado a costa del general De Santiago? ¿También lo fue el sistema de

incompatibilidades políticas para las Fuerzas Armadas? ¿Es un triunfo promulgar decretos - ley, como el

de relaciones laborales, que luego se incumplen de manera sistemática, sin que el poder demuestre

capacidad para evitarlo? ¿Es un hallazgo alentador usar del decreto - ley para tomar el pelo a los

funcionarios civiles y militares, anunciando subidas de sueldos que, además de ser casi tan solo reajustes

de cifras en las nóminas, se remiten al siguiente año? ¿Es un modelo de ajuste al bien común un sistema

electoral, también por decreto - ley, que garantiza la atomización parlamentaria y establece un corsé de

ineligibilidades del que sólo se salva precisamente el señor Suárez? ¿Es un ejemplo de corrección pactar

en las Cortes con Alianza Popular, llorar de agradecimiento por la corrección democrática de los

procuradores, e incumplir después el pacto, humillando luego a esos mismos procuradores, individual y

colegiadamente, con una rociada de decretos - ley capaz de helar el alma menos democrática? ¿Ha de

tomarse como éxitos a una política de hechos consumados, que consiente e incluso estimula situaciones

inequívocas de ilegalidad, en grave desprestigio de las instituciones del Estado con validez constitucional

en ese momento? ¿Es una decisión digna de elogio la increíble falta de tacto y de elegancia que supone

enterrar el Movimiento, también mediante decreto - ley, el día primero de abril, aniversario de la Victoria

de la que el Movimiento obtiene su legitimación y gracias a la que el señor Suárez y sus ministros han

llegado donde están? ¿Es un éxito hacer traspaso a la Corona, como si fuera un mérito, de decisiones

polémicas y confusas en sus consecuencias como la amnistía, la «política de democratización», etc.?

¿Es un título de gloria haberle creado al Estado el problema del Partido Comunista y sus afines, mediante

una «legitimación» de hecho, desde cuya evidencia toda una serie de grupos políticos han buscado

coaccionar a la Justicia y presionan ahora al propio ejecutivo? ¿Es un triunfo haber prometido con

solemnidad lo que, según evidencian hechos posteriores, sería difícil cumplir? ¿Es un acierto haber

dejado a España sin las pocas bazas de política exterior que tenía y haber humillado la dignidad de los

españoles ante la cantidad de imbéciles que han venido a insultar memorias dignas de respeto y a

dictarnos normas de conducta institucional y política?

Cuando un Gobierno es capaz de producir en tan pocos meses un balance así, solo tiene una salida seria

para él: la dimisión. O una solución digna de Estado: el cese.

Por Ismael MEDINA

 

< Volver