Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    12/02/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Fernando ONEGA

El péndulo

POR fin, terminó una larga pesadilla, lo cual no quiere decir que haya terminado el terrorismo.

La mayor dificultad de un periodista en un día como hoy, es distinguir la alegría natural del

realismo para contemplar los hechos. Espero no caer en los márgenes de la materia reservada

si hago aquí las siguientes reflexiones: primera, que el contrapunto del éxito de ayer estuvo en

Hospitalet, donde cayó asesinado un policía; segunda, que han sido detenidos cuatro militantes

del GRAPO (según la nota oficial), pero quedan libres todavía los demás, con lo que la

operación no puede darse por cerrada. Como contrapunto, resaltan otras verdades no

menores: que, frente al derrotismo de quienes consideraban escasas las medidas del

Gobierno, se impuso la razón del Gabinete; que se ha salvado en lo más peligroso el camino

español a la democracia, siempre a reserva de que se puedan producir nuevos atentados; que

España fue recobrando, a lo largo de la tarde de ayer, a medida que se enteraba de la noticia,

la tranquilidad, la confianza y la esperanza en los servicios de sus Fuerzas de Orden.

Como síntesis, y en el estilo telegráfico que me propongo, se pueden obtener las siguientes

conclusiones políticas: Rodolfo Martín Villa supera, a los ojos de la opinión, la aparente crisis

en la que había entrado; el Gobierno se apunta el tanto de demostrar que posee autoridad

suficiente y mecanismos para ejercerla, cuando asomaban a las declaraciones públicas las

críticas de dejación; no hay graves obstáculos, por el momento, para mantener la ilusión

democrática; y aunque se mantengan las limitaciones del Fuero de los Españoles y de la

materia reservada a nivel de información, estamos todos un poco de enhorabuena. Cuando

menos, se demostró que, si el terrorismo es una amenaza, no es una amenaza invencible. Y

esto es lo que, urgentemente, había que demostrarles a quienes habían roto la baraja de toda

esperanza.

Hasta aquí, la «bomba informativa» del día. La crónica política, naturalmente, no termina en

esto. En este país se produjo otro acontecimiento histórico: el Partido Comunista aspira

también a su legalización, como fuerza política que pone o quiere poner por delante su carácter

democrático. Ayer por la mañana, cuatro miembros de su comisión ejecutiva presentaron sus

papeles en el Ministerio de la Gobernación. Yo no sé si serán o no serán legalizados. Me temo

que sus documentos, en el plazo previsto, pasarán a la sala competente del Tribunal Supremo,

pues, teóricamente, «obedece a disciplina internacional» y está en el capítulo - repito que

teóricamente - de las asociaciones ilegales, por leyes que todavía no han cambiado. Sus

hombres pueden tener una esperanza: quien tanto se preocupó de no poner puertas al campo,

evitando que se les citase expresamente, les estaba haciendo un guiño de ojo indicándoles la

posibilidad de jugar bajo el techo de la legalidad. Ahora, con su presentación, comienza la

verdadera prueba: saber dónde empiezan y dónde terminan las fuerzas que han de someterse

a veredicto popular en las próximas elecciones. Nada está escrito todavía, y, por tanto, sólo

debe quedar la constancia periodística de que el 11 de febrero de 1977, festividad de la Virgen

de Lourdes, fecha especialmente señalada para milagros, el PCE se decidió a acogerse a la

legalidad. Como casi todos, para reformarla, naturalmente.

Uno de los inconvenientes - al menos de imagen - que se le presentan al Partido Comunista es

la confirmación de que el GRAPO no es ninguna organización de extrema derecha, como con

tanto entusiasmo se nos quiso convencer, ni dependiente de ninguna agencia de inteligencia

multinacional, sino simple y prosaicamente, como desde el principio decían las fuentes

oficiales, el Partido Comunista Reconstituido. Hay, por lo menos, una afinidad de nombre. Y

aunque no haya una identidad de criterios y de estrategias nadie le podrá quitar este

argumento a la derecha más conservadora. Entre otras razones porque lo necesita.

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