Autor: Pujol, Aurelio. 
 Contra una condena por propaganda ilegal. 
 El escritor Comín recurre al Supremo     
 
   14/04/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Contra una condena por propaganda ilegal el escritor Comín recurre al Supremo.

Hoy, tema actualizado. Un juicio interesante se celebró el 16 de enero de 1968

ante el Tribunal de Orden Público. Esta Sala declaró probado, en esencia, que

don Alfonso Carlos Momín Ros, desde luego persona de buena conducta anterior a

los hechos debatidos, remitió al semanario francés, concretamente de París,

"Temoignage Chrétien", para su publicación, la versión castellana de un artículo

suyo.

Apareció con su nombre y sin posterior desautorización en el número 1.177 de tal

publicación, el 26 de enero de 1967. El contenido, que trascribía el Tribunal,

lo consideró ilegal.

En su fallo, la Sala estimó que el señor Comin era autor de un delito de

propaganda ilegal y le impuso un año y cuatro meses de prisión menor, aparte de

decretar el comiso del material propagandístico unido al sumario.

En el acta del juicio oral se consignaba que la defensa propuso como nuera

prueba varios documentos, que son diversas revistas y periódicos que recogían

hechos semejantes a los objeto de acusación y también que declararan testigos

cuya prueba fue negada antes, amén de tres señores más.

El fiscal dijo que en cuanto al primer extremo, como hace referencia a la

conducta católica del procesado, que no se juzgaba, se oponía a su admisión.

El Tribunal acordó admitir como medio de ilustración de la conducta del

inculpado las cartas del abad de Montserrat, del obispo de Malaga y de la

Compañía de Jesús. En cnanto al resto de la prueba documental, la Sala la

rechazó por considerarla impertinente.

EL RECURSO DEFENSIVO

Y hoy ha señalado la Sala 2.» del Tribunal Supremo la vista del recurso

entablado por el letrado defensor de don Alfonso Carlos Comín. Alega

quebrantamiento de forma, por denegación de pruebas testifical y documental,

propuestas en tiempo y forma por la parte y consideradas pertinentes e

indispensables para acreditar la verdadera intencionalidad del acusado, destruir

la presunción de voluntariedad atribuida al mismo y acreditar la realidad—en su

criterio—de los hechos recogidos en el trabajo incriminado.

Segundo, por supuesta infracción de ley, consistente en error de hecho al

suponer al encartado autor de conceptos recogidos como formando parte del

artículo que se le atribuyó, siendo asi que de los propios términos de tal

trabajo —dice—tales expresiones no pueden ser imputadas al escritor, por no ser

obra del mismo y ri, en cambio, de la propia redacción de la revista.

Tercero: infracción de ley, por aplicación indebida de artículos del Código

Penal que cita.

Seis absueltos y un condenado por Orden Público

Ahora voy a relatarles a ustedes brevemente el contenido en lo esencial de tres,

recientes sentencias dictadas por el Tribunal de Orden Publico.

La primera absuelve a María Victoria Pérez García, Luis Portillo Pascual de

Riquelme, César Bobis Zapico y Buenaventura Bobis Zapico del delito de

asociación ilícita de que eran acusados.

Entre los abogados defensores recuerda el cronista a don Mariano Robles Romero-

Robledo y don Antonio Rato Rodrigues de Moldes, que han visto triunfante su

tesis, pues solicitaban, desde luego, la absolución.

Declara la Sala que no se ha demostrado que los cuatro citados formaran una

célula del clandestino partido comunista en Madrid.

Otra resolución condena, en cambio, a Antonio Sánchez Sánchez, a seis meses y un

día de prisión menor y el pago de la multa de diez mil pesetas, por el delito de

propaganda ilegal, en tanto que absuelve del mismo delito—que también se le

imputó—a Marcelo Sosa Molina.

DESCONOCÍA EL TEXTO

Mientras se considera que Marcelo no cometió delito alguno, de acuerdo con la

tesis defensiva, declara el Tribunal probado que el condenado era portador de

octavillas clandestinas, que dejó en el automóvil del ábsuelto, quien desconocía

su existencia. Ocurrieron los hechos el 18 de septiembre de 1968 en Las Palmas

de Gran Canaria.

Por último, la misma Sala en una tercera sentencia, ultima a las que aludo en

esta crónica, absuelve libremente y con toda clase de pronunciamiento»

favorables, como en los casos de las otras absoluciones, a Ángel Cañamares Olier

del supuesto delito de propaganda ilegal del que se le acusó en el acto del

juicio oral.

Declara probado el Tribunal que el citado se encontró un paquete con propaganda,

en efecto ilegal, en la calle de General Palanca, de Madrid, el día 22 de

noviembre de 1968.

Cogió una hoja para leerla, pero la abandonó tan pronto como se dio cuenta de su

contenido. Claramente se ve, pues, que en modo alguno su conducta configura el

grave delito que en un principio se le imputó y que se considera, como digo, que

no llevó a cabo.

 

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