Autor: González Muñiz, Antonio José. 
   Treinta segundos     
 
 Ya.    27/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ACOTACÍONES A LA SESIO

TREINTA SEGUNDOS

A las cinco y veinte de la tarde no había en el bar de las Cortes Española» arriba de seis procuradores.

¿Quién tiene ánimos para venir a legislar cuando faltan treinta y cuatro días para que la legislatura y con

ella la época de la democracia orgánica, ge extingan y eüíren en el libro de la historia? "No vamos a ser ni

ocho en la eafSi", comentaba una señoría de criterio pesimista.

A las seis menos veinticinco de la tarde las escasas señorías ´abandonan el bar y suben a la sala de

Comisiones. Las acompañamos. El tema a examinar es un proyecto de ley con un título muy largo:

"Prórroga por cinco años del plano otorgado al Ayuntamiento de Madrid por la ley 23/1967, de 8 de abril,

para la construcción del parque de la Arganzuela."

En la sala de Comisiones vemos—¡oh asombro!—más de veinte señorías. Tan inusitada presencia de

varones legislativos nos alarma. Y pensamos. Puede originarse un largo debate, aunque al proyecto de ley

no se han presentado enmiendas. "¿Qué va a durar la sesión?", preguntamos a una señoría. "Cinco

minutos", noe responde tajante y convencida de su afirmación cronométrica.

"Diez minutos, por lo menos", asegura el secretario primero de las Cortes, don Tomás Romojaro Sánchez.

"¿Y por qué diez minutos?", Inquirimos. "¿Hay alguna razón para que sean diez minutos, y no siete o

nueve?", volvemos a preguntar. Y el señor Romo jaro Sánchez nos da una razón inapelable: "Tienen que

ser diez minutos, porque es el tiempo que necesitan tomar de debate las dos señoritas y los dos señores

que se examinan para ingresar en el cuerpo de taquígrafos."

He aguí la razón fundamental por la que la Comisión tiene que estar reunida, como mínimo, diez minutos.

Miramos a las dos señoritas y a los dos señores que tienen que realizar el segundo ejercicio de examen

para ingresar en el cuerpo de taquígrafos de las Cortes. En la sesión del día anterior hicieron su primer

ejercicio. Que tengan suerte.

Don Tomás Romojaro Sánchez, un caballero lleno de amabilidades con los periodistas, nos informa:

"Aunque el proyecto de ley se puede aprobar en cinco minutos, he pedido al presidente, Alvaro Lapuerta

y Quintero, que hablen durante diez minutos, para que los aspirantes a taquígrafos realicen su ejercicio."

He aquí una razón de examen primando sobre una labor legislativa.

Sus señorías esperan—no sabemos qué—en los escaños a que empiece la sesión, convocada para las

cinco y media de la tarde. Son fas seis menos diez y la sesión no empieza. Conversaciones de escaño a

escaño. Entrar y salir en la sala de procuradores inquietos. Preguntamos al señor Romojaro Sánchez: "¿Y

de qué van a hablar durante diez minutos sus señorías?"

El señor Romojaro Sánchez nos responde: "¡Hombre,, de cualquier cosa, locuacidad, cuando quieren, no

les falta! Pero la sesión, ya se lo dije a Alvaro, tiene que durar dies minutos." Nos preparamos a escuchar

disertaciones varias y extraordinarias por espacio de diez minutos. ¿De qué irán o, hablar sus señorías esta

tarde con pie forzado de tiempo ?

Pensamcs. A lo mejor noe explicarán la razón de este proyecto de ley, que es la siguiente. El

Ayuntamiento de Madrid, en marzo de 1976, pidió ampliar el plazo que tenía concedido por e] Gobierno

para quitar los viejos mercados centrales y para que así los terrenos revertieran al pueblo de Madrid. Los

mercados centrales que «e construyen no cuentan, con el acceso prometido por Obras Públicas, y el

Ayuntamiento ha pedido prórroga de cinco años para construir el parque de la Arganzuela.

Esa es la razón del proyecto de ley. Ahora, nos decimos, la va a contar alguien con gracia y salero. Son

las seis menos cinco de la tarde. El señor Bofill-Gasset nos anuncia: "Voy a poner en marcha fl

cronómetro para saber lo que dura la sesión." El señor Lapuerta dice: "Se abre la sesión. Léanse las

excusas de procuradores." Leídas. ´Wl proyecto—añade—no se han presentado enmiendas. ¿Se aprueba?"

Asentimiento. "Se levanta la sesión."

El señor Bofill-Gasset nos dice: "Ha durado treinta segundos." Un secundo es la unidad para medir el

tiempo equivalente a 86.400 avas parles del día. Cuando el señor Lapuerta dijo: "Se abre la sesión", una

señoría, que acababa de llegar, apoyó sus manos en lo mesa y dejó descender, suavemente, su cuerpo para

sentarse en el escaño. Cuando las posaderas de su señoría rozaban el terciopelo rojo del escaño, el señor

Lapuerta decía: "Se levanta la sesión." Las fosnderas (le su señoría se levantaron suavemente. Eso son

treinta segundos.

A. J. G. M.

 

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