Hay que salvar un periódico     
 
 ABC.    12/02/1972.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. SÁBADO 12 DE FEBRERO DE 1972. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 18.

HAY QUE SALVAR A UN PERIÓDICO

Las dramáticas vicisitudes por las que atraviesa el periódico «Madrid» exigen

estas consideraciones urgentes.

Un periódico es algo más que sus propietarios, algo más que sus directores, algo

más que sus redactores.

Un periódico es una institución que representa una parcela del país. Sin la

lealtad de unos lectores, de unos anunciantes, de unas realidades sociales de

las cuales emerge y a las cuales sirve, un periódico no puede sobrevivir. Si

sobrevive es porque cuenta con esta asistencia social. Esto es una realidad: una

realidad respetable. Un periódico es, en cierto modo, ojos y voz de una

determinada—grande o pequeña— porción de la Sociedad.

Entendido un periódico de esta manera, y por entenderlo así, expresamos en su

día nuestro dolor y nuestra sorpresa por. unas medidas que considerábamos

excesivamente severas cuando el Ministerio de Información canceló el permiso de

publicación de este periódico.

Del mismo modo, con la misma libertad, con la misma sinceridad, con la misma

ecuanimidad, queremos proclamar hoy nuestro dolor y nuestra sorpresa por la

actitud imprudente e injusta del representante del periódico «Madrid», que ha

hecho inviable cualquier solución razonable para la reaparición del diario.

Cuando todo está resuelto, .cuándo ya había sido firmado un acuerdo para que una

heroica empresa provisional—heroica desde un punto de vista económico y

político—se hiciera cargo del .periódico durante el tiempo que faltara para que

los Tribunales decidieran sobre el fondo del asunto, he aquí que el señor García

Trevijano—representante de la empresa— convoca una reunión de Prensa nacional y

extranjera, en la que se dedica a zaherir, humillar, provocar y menospreciar a

las propias instituciones, personas y organismos que le estaban sacando las

castañas del fuego.

Mientras las representaciones sindicales, profesionales y gubernativas

pretendían resolver los problemas laborales pendientes y encontrar un margen de

tiempo para que el periódico, como institución, pudiera reaparecer algún día sin

menoscabo de su personalidad propia y de sus derechos (pendientes del fallo de

los Tribunales de Justicia), el representante de la empresa adoptó una actitud

que, desde el punto de vista de la neutralidad de nuestra posición, no podemos

por menos de juzgar sino como audaz, imprudente e irresponsable.

Con esto y con todo, consideramos que el periódico «Madrid», fundado por don

Juan Pujol, asistido por un importante núcleo de lectores y de anunciantes, es

algo más que el señor García Trevijano. Todos cuantos servimos a los periódicos

somos sustituibles y provisionales: de aquí la servidumbre y la grandeza de

nuestro permanente sacrificio profesional. Si el representante del periódico

«Madrid» no ha sido capaz de posponer sus actitudes polémicas, tan discutibles,

a la solución de sus problemas laborales, tan reales, y si ha querido olvidar el

criterio" de unos accionistas (que los Tribunales decidirán en su día si son o

no mayoritários...), hay algo que, a nuestro juicio, debe prevalecer. Y esto es

la primacía que el Ministerio de Información debiera dar, a nuestro juicio, a la

institución periodística en sí misma, llamada diario «Madrid», por encima de los

hombres—sus eventuales apoderados—que, de manera ocasional, la sirven.

Aún no es imposible, y sí deseable, salvar un órgano de opinión pública, el

periódico circunstancialmente desviado del propósito fundacional de don Juan

Pujol.

 

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