Autor: Baró Quesada, José. 
   El jefe del Estado, con el príncipe, presidió en el Consejo Nacional la conmemoración del acto fundacional de Falange Española     
 
 ABC.    30/10/1971.  Página: 29-30. Páginas: 2. Párrafos: 27. 

ABC

EL JEFE DEL ESTADO, CON EL PRINCIPE, PRESIDIO EN EL CONSEJO NACIONAL LA

CONMEMORACIÓN DEL ACTO FUNDACIONAL DE FALANGE ESPAÑOLA

• La obra llevada a cabo por Franco tiene que seguir la dinámica de los tiempos de mutación en que

vivimos (Fueyo Alvarez)

• «Si nos dejamos arrastrar por la psicosis de que el día de mañana el régimen ha de dar un giro de ciento

ochenta grados, seremos unos suicidas y unos traidores a España» (Fernández- Cuesta)

• La sustancia constitutiva del Movimiento es precisamente la unidad, dijo Franco en su discurso

• La juventud debe estar presta a tomar el relevo—añadió—.

Madrid. (De nuestro redactor político.) Su Excelencia el Jefe del Estado, que vestía uniforme de capitán

general, presidió ayer a media mañana, con Su Alteza Real el Príncipe, la sesión del Consejo Nacional

conmemorativa del XXXVIII aniversario de la fundación de Falange Española. Franco y Don Juan

Carlos, que llegaron en el mismo coche, fueron cumplimentados por el Gobierno, con su vicepresidente y

el presidente de las Cortes. Rindió honores el batallón del Ministerio del Ejército. El público congregado

en la plaza de la Marina Española y sus inmediaciones aplaudió y vitoreó a Franco y a Don Juan Carlos.

Asistieron numerosos consejeros, procuradores, diversas personalidades políticas e invitados. Muchos—

entre ellos algunos ministros—llevaban camisa azul. Abierta la sesión por el Generalísimo, que tenia a su

derecha a Su Alteza Real y a su izquierda al vicepresidente de la alta Cámara y ministro secretario general

del Movimiento, don Torcuato Fernández-Miranda y Hevia, hizo uso de la palabra don Jesús Fueyo

Alvarez, que esquematizó «La crítica joseantoniana de la sociedad y del Estado en la crisis de la Europa

moderna», y recordó «las líneas maestras de su concepción para la construcción de una comunidad

política de íntegra y orgánica participación del hombre».

LA FILOSOFÍA POLÍTICA DE JOSÉ ANTONIO

El señor Fueyo dijo que «la premisa crítica de la filosofía política de José Antonio es la alienación social

y política del hombre, la Individualización de lo humano o, como él decía bien expresivamente, la grave

situación existencial de que el hombre haya sido dejado químicamente puro en su condición de

individuo»

«El pensamiento de José Antonio—añadió—se inscribe y despliega en la difícil España de los años

treinta, pero está abierta a una perspectiva que domina la honda crisis del mundo occidental. La historia

moderna de nuestro pueblo registra muy pocos hombres capaces de equilibrar en plena Juventud una

acción tan dramática impuesta por la violencia de los acontecimientos con una serenidad de pensamiento

dueña de una mirada histórica de tan largo alcance.»

«El destino personal y el destino de los grandes pueblos—prosiguió—están signados mas allá de las

estrellas, tejiendo el argumento provincial de la salvación y de la historia. Una transformación tan honda,

una regeneración de tal magnitud como la que soñaba para España y para la civilización José Antonio, no

es ni empresa de mera filosofía política ni siquiera puro proceso legislativo. Es una larga hazaña.»

Terminó su intervención el señor Fueyo Alvarez diciendo que la obra llevada a cabo por Franco y que ha

devuelto al español su respetabilidad en el mundo y su hidalguía tradicional, no está conclusa porque

tiene que seguir la dinámica de los tiempos de mutación en que vivimos. Sin embargo, es irreversible en

sus fundamentos, en la concepción del mundo y de la vida que lo ilumina y en los postulados

institucionales que la presiden, «porque España tiene la voluntad de futuro que vos habéis iluminado».

«EL ESTADO MONÁRQUICO ESPAÑOL ES SOCIAL»

Después tomó la palabra el ex ministro y primer secretario de la Falange, don Raimundo Fernández-

Cuesta, quien definió la Monarquía católica, social y representativa del futuro, encarnada en Don Juan

Carlos de Borbón, y dijo, entre otras cosas, que «el Estado monárquico español es social en primer lugar,

porque no se limita a tutelar los derechos políticos del ciudadano, sino que toma a su cargo también el

satisfacer las exigencias económicas del hombre». Manifestó asimismo que «la Monarquía constituye un

órgano de representación nacional, en cuanto representa a la nación en su permanencia y destino

histórico, a diferencia de otras instituciones representativas, que lo son del interés y de la voluntad de un

momento dado». También dijo el señor Fernández-Cuesta que del «poder monolítico que originariamente

tenía, Franco se ha ido desprendiendo mediante la cesión de una serle de facultades que han pasado a

otros organismos e instituciones, de manera espontánea, gradual y democrática. Pero esta cesión no debe

ser interpretada como una separación o división de poderes, sino como una delegación de funciones, toda

vez que nuestro sistema se funda en la unidad de aquél».

En otro pasaje de su discurso dijo el orador: «No es preciso subsumir nuestra doctrina en la del socialismo

hasta el punto de que pierda su personalidad, sino llevar a la práctica el contenido social que la nuestra

encierra, tanto en lo fundacional como en lo que las exigencias de la realidad vaya imponiendo.

«Ciertamente—añadió—el radical programa originario no se ha podido llevar totalmente a cabo. Pero es

cierto también que de haberlo intentado al término de nuestra guerra, con una España inmadura, en la

miseria, al borde de una guerra universal, se corría el gravísimo riesgo de librar una batalla

irremediablemente perdida. Se imponía que el dogmatismo cediera a la realidad. Pero, en cambio, se ha

llevado durante treinta años una labor ininterrumpida de reforma económica y social, que ha dado al país

riqueza, progreso y unas instituciones sólidas, que hacen posible y exigible ahora lo que aún no se haya

podido hacer.»

El señor Fernández-Cuesta dijo finalmente: «Si despilfarramos el tesoro de posibilidades que tenemos en

nuestras manos, si nos aferramos a la idea del cambio, si nos dejamos arrastrar por la psicosis de que el

día de mañana el Régimen ha de dar un giro de 180 grados, seremos unos suicidas y además unos

traidores a España, al pensamiento y sacrificio de José Antonio y a todos los que Franco ha hecho para

que su obra sea permanente.»

Don Raimundo FernándezCuesta fue muy felicitado y largamente aplaudido. El Jefe del Estado habló

después. He aquí su discurso:

DISCURSO DEL JEFE DEL ESTADO

LO ESENCIAL DE LA DOCTRINA JOSEANTONIANA ESTA RECOGIDO EN NUESTROS

PRINCIPIOS FUNDAMENTALES

A la tristeza de un pueblo consumido por grandes tensiones contraponemos la ancha y generosa presencia

de nuestras juventudes

«Señores consejeros: Una vez más celebramos hoy la fecha histórica de aquel 29 de octubre de 1933, en

el que, en el nacimiento de la Falange, José Antonio definía el sentido y el estilo de un movimiento

político que aspiraba a la integración de todos los españoles en la unidad del pueblo español sobre la base

de la solidaridad y la justicia. Su espíritu nacional, su sentido de la justicia social y su fidelidad a los

valores que constituyen el patrimonio espiritual de los españoles le convertían en abanderado de la

juventud, que no estaba dispuesta a que España fuera destruida por sus enemigos de dentro y de fuera. La

dimensión histórica de aquel acto fue tan importante y trascendente que no puede empequeñecerse con la

circunstancia de los presentes en aquella primera hora y que el paso del tiempo acabaría por borrar. Esto

nos llevó al 18 de julio, en que el pueblo español, en unión sustancial con los Ejércitos, se levantó en

defensa de lo que constituía el ser de España contra las fuerzas materialistas y subversivas de un

comunismo que pretendía adueñarse de todos los instrumentos del Poder.

Es indudable que el pueblo español vivió aquellos momentos como guerra de independencia, y de

liberación, como revolución nacional en defensa de la Patria, del pueblo y de la justicia, y en defensa del

patrimonio espiritual de la civilización cristiana; que promovió la Carta colectiva del Episcopado español

y que mereció de la Iglesia la calificación de Cruzada. Si hoy algunos pretenden desvirtuar la naturaleza

de nuestra guerra de liberación, con la vana esperanza de que las nuevas generaciones, al no conocer la

verdadera causa que nos condujo a aquella situación, y que hizo inevitable el 18 de julio, puedan ser

conducidas por caminos de confusión, de debilidad y desorientación, que podrían dar al traste con todo lo

que hemos alcanzado en estos treinta y cinco años de esfuerzo, de trabajo y de paz.

EL ESPÍRITU DEL ALZAMIENTO NACIONAL

En aquel 18 de julio la convocatoria del Ejército halló amplio eco en todos los españoles que no habían

perdido su espíritu nacional y conservaban el honor y sentido de la Patria. Aparte de valiosísimas

aportaciones de patriotas que desde la hora primera vistieron voluntariamente el uniforme del soldado de

España, Falange Española y el Tradicionalismo fueron los dos exponentes auténticos del espíritu del

Alzamiento Nacional, iniciado por nuestro glorioso Ejército, y que dieron vida e ideario a nuestro

Movimiento.

Como ya afirmábamos en los albores de nuestra guerra en el decreto de unificación, la unidad era la base

necesaria para ganar lar guerra y construir la paz. La unificación se exigía en el nombre de España y en el

de los que por ella caían, persiguiéndose la creación de un Movimiento que llamaba a todos los españoles

para construir no sólo el Ejército capaz de conducirnos a la victoria, sino con el nuevo Estado el camino

de la grandeza y de la libertad de la Patria.

José Antonio Primo de Rivera, calando en la historia política contemporánea, acaudilló aquel grupo

juvenil que levantó la bandera de nuestra revolución nacional, llevando a la juventud la ilusión de un

amanecer de la nación. Educado José Antonio en la severa disciplina de un hogar castrense, había

templado su espíritu en el culto de la Patria, alcanzando la serenidad y fortaleza que su destino le exigía.

Hoy, a la vuelta de tantos años, podemos decir con toda verdad que lo esencial de su doctrina está

recogido en nuestros Principios Fundamentales del Movimiento, y que son, como afirma el artículo

tercero de la Ley Orgánica del Estado, el criterio esencial de cómo han de realizarse los fines

fundamentales del Estado, pues éstos han de cumplirse bajo la inspiración y la más estricta fidelidad a los

Principios del Movimiento Nacional, que son por su propia naturaleza permanentes e inalterables.

Como recordaba el año pasado en acto similar a éste, si repasamos el largo y difícil camino recorrido, el

Movimiento ha sido siempre la mejor expresión del esfuerzo mantenido por devolver a los españoles la

conciencia perdida, tras un siglo de estériles pugnas interiores. El Movimiento no significa sólo una

doctrina, ni queda tan sólo en el formulario de los principios, sino que es, sobre todo, una voluntad de

servicio. Y por eso es una organización que pretende dar a los mejores españoles la posibilidad del

ejercicio de su espíritu de servicio y de sacrificio en bien de la patria.

EL ENEMIGO ESTA VIVO E INTENTA DIVIDIRNOS

El Movimiento ha servido a España, desde los heroicos orígenes de nuestra Cruzada, con una entrega

competa, y sus servicios han sido especialmente grandes en la paz y en la reconstrucción nacional. Pero la

sustancia constitutiva del Movimiento, de que vosotros sois la representación colegiada, es precisamente

la unidad, y esa representación exige de vosotros que seáis ejemplo vivo de lealtad y fidelidad a nuestros

principios, de voluntad en la unidad, ejemplo de trabajo con fe inasequible a todo desaliento, como quería

José Antonio. Y vuestra lealtad y trabajo han de concretarse fundamentalmente ejerciendo las funciones

que la Ley Orgánica del Estado y vuestra propia ley del Movimiento y Consejo Nacional os otorgan, por

el mantenimiento de estos principios, que hoy son más actuales que nunca, por servir, asegurar y defender

la convivencia nacional, para la que es necesario seguir luchando sin descanso, con fortaleza y

generosidad.

Como decía ante el pueblo español concentrado en la plaza de Oriente el 1 de octubre, el enemigo intenta

dividirnos porque sabe que una España dividida sería una España vencida; que el enemigo está vivo y

presente no lo podemos olvidar. Nuestra nación es cada vez más grande en lo material y cada día da un

paso más en su perfeccionamiento. Y esto es posible porque los ideales de aquellas generaciones que

dieron su vida por la patria y por la que se sacrificó José Antonio en plena juventud son capaces de

integrar en el propio Movimiento a las nuevas generaciones.

LA JUVENTUD DEBE ESTAR PRESTA A TOMAR EL RELEVO

Nuestra patria es, por la acción unánime de los españoles, cada vez más rica y próspera en lo material,

como es notorio a todo el que quiera ver su realidad nuestro crecimiento y permanente transformación.

Nuestro pueblo se hace, además, cada vez más culto, más grande, más equitativo. Disminuyen

progresivamente las injustas diferencias sociales, se eleva el nivel social, cultural y espiritual de la gran

masa de nuestros compatriotas, y España entera forma una sociedad mucho mejor de la que conocimos y

en la que los españoles sienten crecientemente la solidaridad nacional. España ofrece hoy un nuevo estilo,

buen espíritu de servicio, lo que ha hecho posible el mayor progreso, del que es exponente el nuevo

aspecto que ofrece toda la geografía española a quien la recorre, y que sólo pueden obstinarse en no ver

los ciegos por el odio y el sectarismo, pero que cuando nos visitan son los primeros en admirar. Por eso

quizá la mas grave responsabilidad y la más importante enseñanza de José Antonio, que pesa como

exigencia que yo me atrevería a calificar de sagrada, es, señores consejeros nacionales, el no desmayar

jamás en la defensa de la unidad, en la defensa de la justicia social, en la transmisión de nuestro espíritu

nacional a las nuevas generaciones. La España de hoy es muy distinta de aquella otra España del año

1933, frente a la cual levantara su voz, su bandera y su espíritu José Antonio. Ante la disgregación y

permanente lucha entre los hombres y tierras, entre los grupos y clases sociales, entre los partidos,

podemos ofrecer hoy el panorama de una sociedad en orden civil, en paz, sin lucha de clases, sin

desviaciones de partido y sin separatismos, que sólo pueden prender en escasos grupos manejados desde

el exterior. A la tristeza de un pueblo consumido por grandes tensiones contraponemos la ancha y

generosa presencia de nuestras juventudes formadas según nuestros ideales, integrada en nuestro

Movimiento como comunión de todos los españoles, según demuestran claramente los millares y millares

de jóvenes que no sólo estaban en la plaza de Oriente, sino que daban a aquella concentración un claro

colorido juvenil.

La juventud debe estar presta a tomar el relevo cuando le llegue su hora. Las generaciones mayores

tienen, mas que nunca, la obligación de la ejemplaridad, y ésta corresponde antes que a nadie a este

Consejo Nacional. Las circunstancias exteriores, nuestra situación en el concierto internacional de las

naciones, son hoy increíblemente favorables comparadas con el pasado. Esto, que debe llenarnos de

satisfacción, no debe adormecernos.

BANDERAS PERMANENTEMENTE ALZADAS

Corresponde a este Consejo Nacional continuar en servicio y en defensa del patrimonio espiritual y

material de los españoles, en la realización creciente de la justicia social, que ha dado a los españoles la

base de su comprensión mutua y la ilusión de trabajar unidos hacia el futuro.

Hoy, como siempre, el ejemplo de José Antonio. la tarea realizada a lo largo de estos treinta y cinco años,

la vitalidad del Movimiento, a pesar de todas las dificultades y de los esfuerzos de nuestros enemigos, son

también una firme base para que nuestra fe siga siendo una fe viva, para que nuestra esperanza esté

abierta, para que nuestras banderas estén permanentemente alzadas y para que vosotros, señores

consejeros, sepáis compartir en todo momento, con plenitud y con responsabilidad, vuestras quizá

pesadas, pero honrísimas obligaciones.

En esta esperanza quiero gritar con vosotros ¡Arriba España!»

ACLAMACIONES AL CAUDILLO Y AL PRINCIPE

Los asistentes, puestos en pie, prorrumpieron en una clamorosa ovación al Jefe del Estado. Levantada por

Su Excelencia la solemne sección conmemorativa abandonaron el palacio del Consejo Nacional el

Caudillo y el Príncipe entre nuevas manifestaciones de adhesión y cariño de los consejeros y del público

situado en el exterior.—J. B. Q.

 

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