Franco fue aclamado por una multitud incalculable en la plaza de Oriente y sus inmediaciones  :   
 Se hallaban también en el balcón del Palacio Real su esposa y los Príncipes Don Juan Carlos y Doña Sofía. 
 ABC.    02/10/1971.  Página: ?, 26. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

ABC

FRANCO FUE ACLAMADO POR UNA MULTITUD INCALCULABLE EN LA PLAZA DE

ORIENTE Y SUS INMEDIACIONES

Se hallaban también en el balcón del Palacio Real su esposa y los Príncipes Don Juan Carlos y Doña

Sofía

«MIENTRAS DIOS ME DE VIDA Y CLARIDAD DE JUICIO SEGUIRÉ EMPUÑANDO EL TIMÓN

DEL ESTADO»,

DIJO EL GENERALÍSIMO A LA MUCHEDUMBRE

«Estad tranquilos, que conforme mi vida futura se reduzca caminan las previsiones de la sucesión de

nuestras leyes, encarnada en el Príncipe de España»

UNA GRAN OVACIÓN EN HONOR DEL PRINCIPE ACOGIÓ ESTAS ULTIMAS

PALABRAS DE SU EXCELENCIA

Desde el balcón del Palacio Real, ante la multitud que le aclamaba, el Jefe del Estado pronunció ayer el

siguiente discurso:

«Españoles: Habéis llegado desde todos los confines de nuestra geografía para uniros a la población de

Madrid y dar testimonio público de fidelidad en una fecha especialmente significativa para todos.

(Aclamaciones de «¡Franco, Franco, Franco!») Hace hoy treinta y cinco años echasteis sobre mis

hombros la responsabilidad de conduciros a la victoria y a la paz y progreso de la nación. (Aclamaciones

de «¡Franco, Franco, Franco!».) Desde entonces periódicamente venís reiterándome vuestra asistencia y

confianza. ¿Cómo expresaros toda la gratitud que siento ante manifestación tan grandiosa y

conmovedora? (Prolongada aclamación.) Como he hecho siempre, hablándoos con el corazón y

proclamando en breves palabras lo que a todos nos une y lo que a todos importa: España, nuestra España,

a cuyo servicio desde entonces se consagró mi vida. (Grandes aclamaciones de «¡Franco, Franco,

Franco!».)

Y en ese lento y continuo caminar, la fuerza más honda que me ha ayudado a afrontar las dificultades de

esa larga entrega fue precisamente vuestras reiteradas pruebas de confianza y de lealtad inquebrantable.

Todo esto ha podido realizarse porque Dios ha estado a nuestro lado, conservándome a través de los años

mi salud y clarividencia. (Gritos de «¡Franco, Franco, Franco».)

Hoy estamos hablando en esta gran plaza, abierta a la luz del sol y a la de la Historia, como podríamos

hacerlo en los momentos cumbres de estos treinta y cinco años transcurridos. Sabéis que al iniciarse estos

siete lustros de mi Jefatura nacional partimos de una España físicamente rota y moralmente convulsa. La

tarea común fue reconstruir, potenciar al máximo y desarrollar nuestros recursos y valores de todo orden.

Así hemos creado una España nueva, con otro rostro y otra piel. (Prolongados aplausos.)

"EL ENEMIGO NO HA DESAPARECIDO"

El avance de la nación ha quedado de manifiesto en las cifras que registran nuestras estadísticas, que

acusan la elevación efectiva del nivel de vida en la poblacion española, en el aumento de ésta, que pasa de

26 millones de habitantes a 34; en la renta por cabeza, en la producción agraria, en la repoblación forestal,

en la producción de carnes y leche, en la transformación en regadíos, en la producción pesquera, en la

energía eléctrica, en la flota mercante, en la producción de acero, en la construcción de viviendas, en la

producción de cemento, en el aumento de teléfonos, en los embalses construidos, en el Seguro de

Enfermedad y sus grandes instalaciones, en el comercio exterior y el turismo, que creando nuevos puestos

de trabajo que alcanzan la cifra de 3.837.000, demuestran el progreso logrado en todos los órdenes.

(Prolongados aplausos y aclamaciones de «¡Franco, Franco, Franco!».)

Pero todo esto no basta. A diario hay que recordar que el enemigo no ha desaparecido, que el peligro

continúa amenazando al mundo entero y que esta España da hoy la hemos logrado gracias a la fidelidad a

unos principios que proclaman la fe en España como unidad de destino en lo universal y unidad firme

entre sus tierras y sus hombres, dirigida a aumentar cada día sus posibilidades y las de sus pueblos en

todos los aspectos de la vida social, con un auténtico espíritu de igualdad de oportunidades.

Por el mantenimiento de esos principios que hoy son más actuales que nunca, por esta convivencia

nacional, es necesario seguir luchando sin descanso y a la vez con fortaleza y generosidad. (Gritos de

«¡Franco, Franco, Franco!».) El enemigo intenta dividirnos porque sabe que una España dividida sería

una España vencida. Eso es lo que no podemos olvidar. Por mi parte quiero, una vez más, aseguraros que

mientras Dios me dé vida y claridad de juicio seguiré empuñando el timón del Estado al servicio de la

unidad, la grandeza y la libertad de nuestro pueblo. (Prolongada ovación y aclamaciones de «¡Franco,

Franco, Franco!».)

«¡ESTAD TRANQUILOS!»

Dije, y lo he cumplido, que todo quedaría atado y bien atado para el futuro. La seguridad y continuidad

del Régimen se ha reforzado no sólo por la adhesión a las personas, sino por el perfeccionamiento sin

pausa de estructuras y cauces legales antes. A ellos deben atenerse los españoles todos y decir no y mil

veces no a cualquier arbitrismo que pretenda hacernos volver al anárquico punto de partida. No debemos

olvidar que el pueblo que no aprende de la Historia está condenado a repetirla.

Nuestro sistema representativo es más sincero y fiel que el de los viejos tinglados políticos que venían

suplantando la voluntad nacional. En él lo único que no cabe son los partidos políticos. El pueblo se

mueve en el área en que vive y que más le interesa: la familia, el Municipio y el Sindicato, que conoce y

en la que discurre. Su integración en las Cortes de la nación, a través de estos cauces, ha demostrado su

eficacia en los años transcurridos.

Estad tranquilos, que conforme mi vida futura se reduzca caminan las previsiones de la sucesión de

nuestras leyes, encarnada en el Príncipe de España, entregado totalmente a nuestro Movimiento y a las

instituciones que continuarán funcionando.

(Grandes aclamaciones de «¡Franco, Franco!» y «¡Viva el Príncipe!».)

Españoles todos, habéis acudido a dar un sí rotundo a vuestro capitán de estos treinta y cinco años de

tarea común. Expresemos todos nuestra fe en el presente y en el futuro de España con una afirmación que

sea el resumen de nuestros afanes de servirla: ¡Arriba España!»

 

< Volver