Mensaje de fin de año del jefe de Estado. 
 Las funciones atribuidas al príncipe aseguran el futuro de la patria     
 
 Informaciones.    31/12/1971.  Página: 9-10. Páginas: 2. Párrafos: 35. 

MENSAJE DE FIN DE AÑO DEL JEFE DEL ESPADO

LAS FUNCIONES ATRIBUIDAS AL PRINCIPE ASEGURAN EL FUTURO DE LA PATRIA

«El nivel de vida de los españoles ha alcanzado alturas insospechadas»

«La revaluadón moderada permite aliviar la tensión de los precios interiores»

((La juventud debe reconocer el celo educativo del Estado»

MADRID, 31. (INFORMACIONES.)—Anoche pronunció el Jefe del Estado su anual mensaje de fin de

año ante las cámaras de Televisión Española y los micrófonos de Radio Nacional Publicamos a

continuación el texto íntegro del mensaje:

«Españoles: EN el final de un año que pasa y en víspera de otro que comienza os dirijo mi mensaje

tradicional, con el que me depara Dios la alegría de poder llegar, con mis deseos de felicidad y mió votos

fervientes de Hermandad, alegría y paz. a toda nuestra común familia.

El año que acaba ha sido muy señaladamente un año de fe. El Año Santo Jacobeo ha vuelto a poner de

manifiesto el sentido espiritual que impregna nuestra conciencia de cristianos y españoles. Y fue

asimismo un año de fe nacional, de clara certidumbre hacia el futuro de un pueblo que hace siete lustros

decidió, con arrojo y esfuerzo, su propio destino.

Fe y confianza hacen posibles las arduas tareas de cada cual al frente de sus actividades, en el desvelo de

sus deberes familiares, en la hermandad con sus conciudadanos y también en las tareas, no menos arduas

a veces, que imponen las funciones de mando y de Gobierno. Por eso hemos podido mantener una

solidaridad que hoy día se contempla con asombro desde muchos lugares de la tierra. Vuestra firme

adhesión, tan repetidamente demostrada, ha robustecido mis propósitos y alentado mis horas de trabajo.

Quiero que conste así y que llegue en estos momentos de intima emoción familiar a vuestros hogares, a

todos nuestros hogares españoles.

En la metas iniciales de nuestro Movimiento Nacional figura, y eso lo estáis también experimentando año

tras año, el desarrollo económico de nuestro país, la elevación del nivel de vida de los españoles. Ese

nivel de vida ha podido alcanzar alturas antes no sospechadas, gracias precisamente a vuestra fe, a las

elevadas miras de nuestro pueblo, a las preocupaciones y desvelos cotidianos y al sacrificio de quienes

sin pedir nada todo lo dieron al servicio de una Patria mejor: A ellos y a su ejemplo nos debemos cuando

ront mplamo los avances de un desarrollo evidente, con grandes logros y anchas perspectivas Ese

desarrollo lleva dentro las esencias de los mas nobles ideales, lleva la intensa fuerza motriz que sólo la fe

puede engendrar.

CONCENTRACIÓN EN LA PLAZA DE ORIENTE

EL año que acaba ha sido pródigo en acontecimientos en los que habéis dado muestras de vuestro

espíritu : de unidad y de vuestra lealtad de siempre En todas las poblaciones que recorrí a lo

largo de este año pude comprobar la fe y el entusiasmo de los nombre y mujeres de España, fe y

entusiasmo que culminaron en la magna concentración de la plaza de Oriente, al cumplirse el

XXXV aniversario de la fecha en que asumí el timón de la Patria

Mi gratitud pues, por esta constante muestra de fidelidad: eco renovado del rotundo referéndum por

virtud del cual, hace poco más de un lustro, la Nación se dio a sí misma su propia Constitución política

genuinamente española, sin plagios ni mimetismos, de acuerdo con su tradición y con los Principios

Fundamentales del Movimiento Nacional.

La Historia no se detiene. Este año ha visto también el acceso de nuevas generaciones a la vida pública

con el inicio de la décima legislatura de las Cortes. La normal sucesión de las etapas legislativas —ya son

dos las constituidas con arreglo a la Ley Orgánica del Estado—, así como la renovación, en los términos

que señalan nuestras Leyes Fundamentales, del Consejo del Reino y el Consejo Nacional, contribuyen al

arraigo de las instituciones políticas, a la forja de nuevos hombres, que son exponente de su solidez y

garantía de continuidad.

Nuestras, Leyes Fundamentales aseguran con dinamismo la solidez del orden institucional y el desarrollo

político y social dentro de su cauce natural. Por esta via seguiremos avanzando. Tras la promulgación en

este año de la ley Sindical y del nuevo Reglamento de las Cortes se ha remitido a la Cámara legislativa

una ley básica para la vida de nuestros pueblos y ciudades, de nuestras provincias y municipios, como es

la ley de Régimen Local. Y se hallan en estudio otros importantes textos legales que se están elaborando

en cumplímiento de lo preceptuado en la Ley Orgánica del Estado para el debido desarrollo de la misma.

LOS PASOS NECESARIOS EN EL MOMENTO OPORTUNO CARECEN, pues de fundamentó los

que pretenden tacharnos de inmovilistas En cada momento oportuno se han ido dando los pasos

necesarios. Y así, el 23 de julio de 1969 fue proclamado sucesor en ta Jefatura del Estado el Príncipe don

Juan Carlos de Borbón, lo que vino a consagrar el desarrollo normal de un procese previsto en nuestras

leyes que, robusteciendo el principio de unidad, asegura la continuidad y la firmeza de nuestro sistema.

Hecho decisivo que ha sido reafirmado por la ley de 15 de julio último, que determina las funciones del

Príncipe de España en los casos de ausencia o enfermedad del Jefe del Estado, con lo que queda

perfectamente asegurado el futuro de nuestra Patria. Así como las clamorosas muestras de adhesión que el

Príncipe viene recibiendo en sus contactos con el pueblo español son una prueba del amplio asentimiento

popular que aquellas medidas han merecido.

No debéis nunca olvidar que esta normalidad política es la que permite las mejoras sociales, meta

permanente de nuestra actuación, la Igualdad de oportunidades en la educación y el trabajo, el desarrolló

económico y social sostenido a lo largo de los años, cuyos logros son reconocidos por propios y extraños

y están en la conciencia de todos los españoles de buena voluntad.

No están, pues; justificadas las objeciones de quienes, admitiendo nuestro desarrollo económico y social,

preconizan, como cosa nueva, un desarrollo político. En nuestro sistema ambos desarrollos corren parejos

a través de un proceso ininterrumpido, abierto a la necesidades y perspectivas del momento histórico.

Nuestro desarrollo político es precisamente el que viene asegurando la era de paz y prosperidad más larga

que ha conocido el pais. Otra, cosa sería si bajo las palabras "desarrollo político" se pretendiera la vuelta a

los errores del pasado, a los partidos políticos y con ellos a la ruptura de la unidad nacional. Este supuesto

seria sencillamente suicida, y el pueblo español ha acumulado sobrada experiencia para negarse en

redondo a un nuevo salto, en el vacio y tiene voluntad suficiente para continuar su camino en un sistema

orgánico, basado en las instituciones naturales, y por ello más pluralistas, eficaz y auténticamente

representativo que el sustentado por el liberalismo parlamentario inorgánico de tipo formal o por las

llamadas democracias populares.

A esta normalidad política Interna, que no quiere decir falta de problemas, sino conciencia plena de los

mismos, voluntad para preverlos y medios idóneos para resolverlos, se ha correspondido, a pesar de las

adversas circunstancias del mundo que vivimos, con una normalidad semejante en nuestras relaciones ex

teriores. España está cada vez más presente y con mayor eficacia en el mundo internacional. Mantenemos

relaciones de amistad y comercio con todos los sectores del dividido mundo, de nuestros días, cultivamos

nuestras amistades internacionales, reforzamos nuestros vínculos con el resto de Europa. Y en cuanto a

Hispanoamérica, está reciente la visita de nuestro ministro de Asuntos Exteriores a los países hermanos

del otro lado del mar, que ha dejado constancia de nuestra voluntad de cooperación estrecha con los

países nacidos, como España, de la tradición cristiana y occidental. Todos los españoles deben percatarse

de cuan importante es la actualización de nuestras relaciones con los pueblos de nuestra estirpe, que miran

hoy hacia España con amor y confiada expectación.

INEFICACIA E IMPOTENCIA DE UNA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL

LA llamada a la concordia y a la comprensión entre los pueblos, grupos raciales y sociales, debe ser la,

gran consigna para esta hora delicada del mundo. ¡Cuan cierto es que la Humanidad no está madura para

que los destinos dé las naciones, grandes o pequeñas puedan abandonarse en las manos de una

Organización internacional que en tantas ocasiones ha puesto de manifiesto su Ineficacia e Impotencia

ante los que desoyen sus argumentaciones!

Por ningún motivo podríamos hoy prescindir de una vigilancia constante y del fortalecimiento de nuestra

propia capacidad de defender la soberanía e independencia de nuestro Estado como el mejor medio para

salvaguardar nuestra existencia y el progreso de nuestro pueblo. Al lado de esa voluntad de legítima

defensa. España afirma su propósito de colaborar con todos los hombres de buena voluntad en la

adopción de medidas que sean beneficiosas para la paz mundial.

Creemos, en consecuencia, que España es fiel a esta línea. Nuestra concordia interior de testimonio de

ello. Las diferencias con los credos políticos de los regímenes imperantes en diversos países no han sido

óbice para nuestros contactos e intercambios en todos los campos propicios a cualquier progreso Útil para

la vida de todos. La convivencia no presupone identificación ideológica ni conjunción con aquellos

principios; significa simplemente voluntad de entendimiento en cuestiones concretas de interés común.

La no injerencia en cuestiones internas, el respeto mutuo y la apertura a todos los horizontes del mundo

siguen siendo los principios cardinales de nuestra política internacional.

Bien es verdad que las realidades de España, cuya raíz está en la pluralidad de nuestro pueblo, su

tradición histórica y su consiguiente misión intransferible, son todavía incomprendidas y aun hostilizadas

por los recalcitrantes de la vieja política liberal, que viene extinguiéndose progresivamente sin pena ni

gloria. Mas todo ello puede cada vez menos contra un país que ha recorrido ya tantas leguas en su

camino, que está a la vuelta de tantos espejismos, repudia Instintivamente los partidismos y que con la sal

vaguardia y unidad de sus fuerzas armadas, defiende celosamente el imperio de sus leyes.

NUEVAS FORMAS DE PARTICIPACIÓN

EL perfeccionamiento integral de los españoles es tarea a la que siempre hemos dedicado especial

atención. El ano 1971 ha sido particularmente fructífero en éste aspecto. Continuamos la tarea de aunar a

los españoles en nuevas formas de participación. La ley Sindical, de 17 de abril, al mismo tiempo que

adecuaba la legislación a las exigencias del orden Constitucional, establecía como principios

primordiales del sindicalismo español los de unidad. generalidad y representatividad; autonomía,

asociación, participación y libertad de acción. Complementa, esta integración de los aspectos más amplios

del mundo del trabajo la protección al trabajador y a sus familias, de acuerdo con la fundamental

legislación social del régimen, que ha logrado este año nuevos e importantes objetivos, de forma tal que

once millones de españoles están ya acogidos a la protección de la Seguridad Social, al extenderse sus

beneficios a los trabajadores del campo, y nuevas ayudas han venido a aliviar la carga económica que

pesa sobre las familias numerosas.

Por su parte, los españoles que trabajan fuera de nuestras fronteras no podían quedar apartados de la

protección posible del Estado. A este fin, la ley de Emigración, aprobada el 18 de Julio, ampara

plenamente a los trabajadores españoles en el extranjero, concediéndoles los oportunos derechos de

asistencia laboral.

Los objetivos que nos hemos fijado se están consiguiendo a través de toda esta compleja trama de

atención legal económica y social del trabajador. Y asimismo es una auténtica revolución, considerada

necesaria, lo logrado en el campo de la formación cultural. No se trata solamente de garantizar por medio

de la obligatoriedad las enseñanzas básicas, la educación de todos los sectores de nuestra sociedad.

Estamos ante un momento histórico en el cual la educación, y la cultura, unidas y apoyadas por una

información consciente; van a modificar profundamente la sociedad española. poniéndola en condiciones,

mediante una adecuada capacitación, de hacer frente al desafío de los tiempos.

DINAMISMO EN LA ECONOMÍA

EL signo dinámico del año que acaba se ha reflejado de manera evidente en el sector económico.

A pesar de algunas desfavorables condiciones climatológicas, que perjudicaron localmente algunos de

nuestros cultivos y la falta de pastos de otoño para su ganadería, la balanza global de nuestra agricultura

ha sido favorable.

Igual juicio podría darse en la mayor parte de los servicios, sobre todo de los transportes y el turismo.

A pesar de la elevación de los precios, defecto general de la economía en todos los países durante el año

que termina, los resultados finales y globales son satisfactorios ante la gran reserva de divisas

acumuladas, la notable liquidez bancaria y, sobre todo, el ánimo empresarial, condición básica necesaria

para iniciar un periodo expansivo en el nuevo año que ahora comienza.

No voy a cansaros con el relato abrumador de los datos favorables que figuran en todas las publicaciones

de final del año. Baste recordar que la solidez de la economía española y el alto índice de sus reservas

monetarias han hecho posible que, pese al temporal financiero y a la galerna sufrida en los mercados

internacionales, el Gobierno haya podido mantener la paridad de la moneda con el oro y, lo más

importante, que estas relaciones, dentro de la estructura económica del país, no sufran ninguna acción

violenta y menos negativa.

CONFIANZA EN LA PESETA

ESTA confianza en la peseta, como comprenderéis, no es producto de la casualidad, Los mercados sólo

conceden crédito a quien se lo gana. Y España se ha ganado merecidamente este crédito por la forma con

que ha sabido llevar su economía, Gracias a una actuación previsora, España ha triplicado en dos años sus

reservas, que hoy se hallan cautamente distribuidas entre los distintos activos internacionales disponibles.

La constancia de nuestra política monetaria ha evitado las cuantiosas pérdidas instantáneas que se

seguirían si se hubiese aceptado pasivamente una devaluación de la peseta. Al contrario, su

revalorización, en forma moderada, permite aliviar la tensión de los precios interiores, al poder mantener

el valor de los bienes importados, que aseguran una continuidad en el precio de los suministros interiores

de los bienes de inversión necesarios para nuestro desarrollo y para la considerable mayoría de empresas

que renuevan su utillaje con el pago aplazado. A esta ventaja en el frente interno se añade la aportación

que con esta decisión realiza España al restablecimiento del equilibrio económico internacional. que

prueba una vez más nuestro deseo de cooperar al desarrollo del comercio y los intercambios en el mundo

Ubre.

TRADICIÓN YACTUALIDAD

COMO veis, nos hemos afanado por que España sea un pueblo donde pesa la tradición, lo que no ha

impedido estar a la altura de los tiempos. Jamás pudimos aspirar que el país se constituyese en un islote

de calma al margen de las inquietudes del mundo. Al contrario, nunca nos hemos encontrado más

sensibles a las incidencias exteriores. Las característicos de la actual civilización determinan un

conocimiento más cercano de cuanto en el mundo acaece, de lo bueno y de lo lamentable. La actitud

española ha sido la de la serenidad y el trabajo sin tregua, la del equilibrio y la del dinamismo en todos los

órdenes; pero esta insoslayable apertura al mundo, que es una exigencia de los tiempos, nos Impone la

necesidad de recordar una y otra vez que en la unidad está la base de nuestra fortaleza, que en el trabajo

diario y cotidiano está la clave de nuestra pujanza, que sin una economía fuerte no cabe pensar que sea

posible establecer una política avanzada y ésta a su vez no puede darse sin un trabajo continuado, eficaz y

colectivo. Unidad, continuidad y paz lian sido las claves del renacer español, y si aspiramos

a mantenerlo y completarlo, esas deben seguir siendo las supremas consignas para el futuro.

En el orden interior ha sido trascendental el cambio operado en las líneas, directrices de la educación

española. Medidas excepcionalmente renovadoras, que demuestran el espíritu social que inspira toda

nuestra acción política. Ni un solo joven tendrá cerradas las puertas del estudio, no sólo en la enseñanza

secundaria, sino en la superior si reúne las condiciones y aptitudes necesarias para ello. España necesita

de esa juventud laboriosa, capaz de dar, mediante su estudio y trabajo, nuevos títulos que la engrandezcan

y dignifiquen. Es de justicia el que la juventud de hoy reconozca ese celo que el Estado pone en mejorar

sus condiciones de trabajo, en facilitar el acceso a los distintos grados de la educación, en renovar sus

planes de enseñanza conforme a las exigencias más modernas que inspiran las reformas de la educación

en todo el mundo. Con un ejemplar esfuerzo de renovación, el Gobierno trata de poner al servicio de las

exigencias docentes cuantos resortes e instrumentos se aconsejen como necesarios para la mayor eficacia

del aprovechamiento y formación de nuestra juventud.

Por esto, a las generaciones Jóvenes deseo enviarles, junto a mi saludo, un mensaje de exigencia. Si

aspiráis a ser mejores que vuestros padres y a lograr más altas metas, vuestros conocimientos habrán de

ser también más profundos, vuestras jornadas universitarias, impregnadas de un mayor rigor; vuestra

preparación, más completa, y esto nunca podrá lograrse más que con el trabajo continuo y metódico de

profesores y alumnos en un mismo quehacer y con un mismo ideal. De vosotros depende que la

universidad pueda marchar a la vanguardia de nuestro progreso. Estamos viviendo la más grande de las

transformaciones que Jamás hubo en la Historia, y sólo la acción común de todos hará posible alcanzar

las altas ambiciones que nos hemos trazado para superar injustificados desfases y ponernos, tanto en lo

material como en lo espiritual, a la altura que exige nuestra Historia y nuestro propio decoro.

En el orden espiritual importa que una vez mas recapitulemos sobre la necesidad de que el pueblo se

mantenga fiel a las esencias de la Patria, a cuyo servicio se ofrendaron los mejores, haciendo

posible con su sacrificio estas treinta y cinco años de paz y de progreso.

DEFENSA DE LA SOBERANÍA

EN ese sentido se ha inspirado la política nacional en relación con el problema religioso. La propia

confesionalidad de nuestro Estado nos obliga a mirar el futuro libres de prejuicios y con un pertecto

conocimiento de cuáles son los derechos que limitan el ámbito entre el poder temporal y espiritual. La

Iglesia católica y el Estado constituyen dos poderosas fuerzas vitales que coinciden en el propósito de

promover la perfección del hombre y su bienestar espiritual y material. Sus finalidades no pueden

contradecirse, porque ello producirla una lamentable crisis social. El respeto reciproco entre las libertades

de cada una de estas sociedades soberanas es la garantía de una armónica colaboración en las finalidades

conjuntas que ambos persiguen. Pero lo que no puede hacer un Estado es cruzarse de brazos ante

determinadas actitudes de carácter temporal asumidas por algunos eclesiásticos. El Estado se opondrá a

cuantas interferencias de su soberanía le lleguen con finalidades perturbadoras de la sana convivencia

entre los españoles. En último término lo que nosotros deseamos es la consolidación de la paz cristiana

dentro de nuestras fronteras y contribuir con ello a la gran empresa de la pacificación del mundo. Por eso

quiero deciros cuánto agradezco ese cotidiano plebiscito que me dais de trabajar por España con el

esfuerzo anónimo, callado y profundo que realizáis en el taller, en la fábrica, en el laboratorio o en la

cátedra, cumpliendo como un honor el trabajo de cada día.

A vosotros, los que trabajáis en los más apartados rincones de la geografía española o del extranjero, a los

que creéis que vuestro denuedo, es ignorado, quiero llegue hoy con mí pensamiento de aliento y de

esperanzas para el año próximo, mi reconocimiento emocionado por la manera abnegada y tenaz con que

estáis fraguando el futuro. Que el Señor colme de venturas vuestros hogares y haga que vuestra vida

alcance los frutos de ese bienestar que, como hijos ejemplares de la Patria, os merecéis.

La firmeza y fortaleza de mi ánimo no os faltará mientras Dios me dé vida para seguir rigiendo los

destinos de nuestra Patria.

¡ARRIBA ESPAÑA!

«Carecen de fundamento los que pretenden tacharnos de movilistas»

«La vuelta a los partidos políticos sería sencillamente suicida»

«El Estado no puede cruzarse de brazos ante determinadas actitudes temporales de algunos eclesiásticos»

31 de diciembre de 1971

 

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