Autor: Baró Quesada, José. 
 Mensaje del jefe del estado en la inauguración del XII Consejo Nacional. 
 La subversión no regatea medios para introducir sus activistas entre los jóvenes trabajadores y estudiantes     
 
 ABC.    01/02/1972.  Página: 17-19. Páginas: 3. Párrafos: 33. 

ABC. MARTES 1 DE FEBRERO DE 1972 EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 17.

MENSAJE DEL JEFE DEL ESTADO EN LA INAUGURACIÓN DEL XII CONSEJO

NACIONAL

«LA SUBVERSIÓN NO REGATEA MEDIOS PARA INTRODUCIR SUS ACTIVISTAS ENTRE LOS

JÓVENES TRABAJADORES Y ESTUDIANTES»

«QUEREMOS SALVAR, DE VERDAD, LAS ESENCIAS DE LA CONVIVENCIA DEMOCRÁTICA»

«Las nuevas generaciones han de prepararse para tomar en sus manos, con plena responsabilidad, la

antorcha del relevo y proseguir el camino hacia una sociedad más justa, más libre, más culta»

Madrid. (De nuestro redactor político.) El Jefe del Estado presidió la inauguración del XII Consejo

Nacional del Movimiento. Llegó a la plaza de la Marina Española, con uniforme de capitán general, en

compañía del Príncipe Don Juan Carlos de Barbón, que vestía uniforme de general del Ejército de Tierra.

Al pie del coche fue saludado por el ministro del Ejército, teniente general Castañón de Mena, y por el

capitán general de la I Región Militar, teniente general García Rebull. Sonó el himno nacional. Franco,

aclamado por el público que se congregaba en las inmediaciones del Palacio del Consejo, pasó revista a la

compañía del Batallón del Ministerio del Ejército que te rendió honores, con bandera, banda, escuadra y

música. Después le cumplimentó el Gobierno, con su vicepresidente, almirante Carrero Blanco, y el

presidente del Consejo del Reino y de las Cortes, señor Rodriguez de Valcárcel, a la cabera.

Al entrar Franco en el salón de sesiones, los consejeros y otras personalidades, puestos todos de pie,

gritaron «/Franco, Franco, Franco!», repetidas veces. En el estrado presidencial había banderas nacionales

y del Movimiento.

Mensaje de Franco

TRIPLE FUNCIÓN DEL CONSEJO

A la derecha del Caudillo tomó asiento el Príncipe Don Juan Carlos, y a la izquierda, el vicepresidente del

Consejo Nacional y ministro secretario general del Movimiento, don Torcuato Fernández Miranda.

Acalladas las ovaciones que le tributaban los asistentes, el Jefe del Estado, que es presidente de dicho

Consejo, leyó este mensaje:

«Señores consejeros: La inauguración de una nueva etapa del Consejo Nacional es, sin duda, ocasión

obligada para meditar sobre las específicas obligaciones y responsabilidades que al Consejo Nacional,

como representación orgánica del Movimiento, le corresponden. Sus fines, claramente determinados en la

Ley Orgánica del Estado, han de realizarse bajo la inspiración y la más estricta fidelidad a los Principios

del Movimiento Nacional, que son, por su propia naturaleza, permanentes e inalterables.

De este postulado, sentado en nuestras leyes, se desprende el especial significado del Consejo Nacional,

cuyos fines están en razón de la defensa de la integridad de loa Principios del Movimiento, y que se

realizan por medio de sugerencias e informes con que debe incitar y promover la acción del Gobierno.

Pero el Consejo Nacional no agota su altísima misión en la defensa institucional, sino que al lado de la

misión de defender la Integridad de los Principios, fortalecer la unidad y servir a las exigencias de 1a

Justicia social, le corresponde también una singular función de acción política, consecuente con la

naturaleza dinámica de nuestro Movimiento, así como la de contribuir a concretar los criterios políticos

de la acción del Gobierno. Merece la pena que paremos la atención en esta triple función, que da al

Consejo Nacional todo su rango y jerarquía.

Confiar la eficacia de los Principios sólo a un solemne reconocimiento constitucional de los mismos, sin

fomentar al mismo tiempo la organización que garantice y promueva su cumplimiento, sería tanto como

sancionar su lenta desnaturalización e ineficacia. Esto hubiera supuesto, ni más ni menos, que un

confinamiento o destierro de los Principios al limbo de las declaraciones solemnes, pero carentes de

cauces reguladores de aplicación, que garanticen su fertilidad y vigencia en la vida misma del pueblo

español.

Me ha parecido útil recordar aquí conceptos que una y otra vez he pronunciado a lo largo de estos últimos

años: el Movimiento es una organización, una doctrina, una disciplina, y requiere una, jefatura. Esta

organización, de conformidad con el articulo 4.º de la Ley Orgánica del Estado, sirve a la comunión de

los españoles en los Principios del Movimiento, y tiene como misión fundamental informar el orden

político abierto a la totalidad de los españoles, y, para el mejor servicio de la Patria, promueve la vida

política en régimen de ordenada concurrencia de criterios.

DEBE REMOZAR SUS ESTRUCTURAS Y SU ORGANIZACIÓN

La organización del Movimiento, a la altura de nuestro tiempo, exige de este Consejo Nacional un trabajo

de estudio y esfuerzo para mantenerlo al día. Es cierto que el Movimiento Nacional ha ido creando en

cada momento la situación política apropiada a las necesidades de nuestro proceso institucional. Ahora

debe remozar sus estructuras y su organización, siendo absolutamente fiel a las raíces a las que responde;

pero esforzándose por adecuar las estructuras de su organización a la compleja realidad de la sociedad

que hemos logrado, con nuestro esfuerzo en el caminar de estas décadas. Esto será posible en la medida

en que de acuerdo con la naturaleza de nuestras instituciones, el Consejo Nacional cumpla, con plenitud

de exigencia, la alta misión que le confieren nuestras Leyes Fundamentales.

El Consejo Nacional sólo puede entenderse como representación colegiada del Movimiento; pero es al

mismo tiempo, el órgano más decisivo, bajo las directrices de la Jefatura Nacional, para dar al

Movimiento, con la reactivación de sus instrumentos, estructuras y organizaciones, la adecuada vitalidad

que exige la década de los setenta y el rumbo abierto y decidido hacia prometedores y sugestivos

horizontes.

Es necesario que el Consejo Nacional logre la plenitud de su funcionamiento en el ejercicio de las

atribuciones que las leyes te confieren. Los funciones y atribuciones que competen al Consejo Nacional

han de ser ejercidas en correlación con el Gobierno. Ciertamente, el Consejo Nacional no depende con

vinculación subordinada del Gobierno de la nación, como tampoco existe la dependencia inversa, pero la

misión de aquél sólo puede ser entendida en función del Gobierno. Por eso las Leyes Fundamentales

nacen coincidir la Presidencia del Gobierno y la del Consejo Nacional en una misma persona, porque sólo

así, en el enclave de esa superior jerarquía de Gobierno y Consejo Nacional, se logra el engarce y

equilibrio necesarios para que ambas instituciones, lejos de entorpecerse, funcionen en dinámica

interdependencia y recíproca acción.

Los fines del Consejo Nacional están claramente determinados en el artículo 21 de la Ley Orgánica del

Estado. Estos fines se concretan en fortalecer la unidad, defender la integridad de los Principios, servir las

exigencias de la justicia social, velar por el desarrollo y ejercicio de los derechos y libertades, estimular la

participación auténtica y eficaz de las entidades naturales y de la opinión pública en las tareas políticas,

encauzar el contraste de pareceres sobre la acción política, contribuir a la formación de las juventudes

españolas en la fidelidad a los Principios, incorporar las nuevas generaciones a la tarea colectiva y cuidar

de la permanencia y perfeccionamiento del propio Movimiento Nacional.

En este cuidar de la permanencia y perfeccionamiento del propio Movimiento Nacional está la base o

fundamento para el cumplimiento de los demás fines, así como la exigencia de poner a punto los

instrumentos, las estructuras y la organización del Movimiento Nacional en su realización como unión de

los españoles en los Principios que informan el orden político abierto a la totalidad de los españoles.

Estos fines que tiene que cumplir el Consejo Nacional se resumen en el cumplimiento riguroso y fiel por

parte del mismo de sus funciones y atribuciones para dar exacta respuesta a los que el Movimiento

Nacional y nuestra patria exigen en este momento y hora. Para ello es necesario que el Consejo Nacional

tome clara y decidida conciencia de su relevante misión.

DEFENSA INSTITUCIONAL

Como decía al comienzo de estas palabras, las atribuciones del Consejo Nacional pueden ser sintetizadas

en tres grandes funciones: una función de defensa institucional, una predominante función de acción

política, consecuente con la naturaleza dinámica de nuestro Movimiento, y una función concretadora de

los criterios políticos que de nuestro ideario se derivan. De una parte, cuida y promueve la acomodación

de las leyes y disposiciones generales a los Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes

Fundamentales del Reino, y de otra, cuida de que en todo momento nuestro Derecho, nuestras leyes y

disposiciones generales se ajusten en todo a los Principios y a las Leyes Fundamentales. Vela así por la

estricta constitucionalidad de nuestro sistema legal, y para ello ejerce el recurso de contrafuero.

En esta grave función de defensa institucional le corresponde cuidar de la permanencia del espíritu de

nuestra Cruzada, y ello no sólo en función del orden legal Ordinario, sino incluso con respecto al mismo

orden legal fundamental. Ha de cuidar a cualquier proyecto o modificación de ley fundamental se ajuste

al espíritu del 18 de Julio, y así le corresponde, de conformidad con lo que determina el apartado b) del

artículo 23, conocer e informar, antes de su remisión a las Cortes, de cualquier proyecto o modificación

de una ley fundamental. No sólo vela por los Principios, no sólo cuida la supremacía de las Leyes

Fundamentales, sino que cela también por la permanencia de su espíritu.

Pero nuestro Movimiento, aunque siempre fiel a sus raíces esenciales, no se detiene en la contemplación

del pasado, sino que se encara valiente y decididamente con un futuro de ambiciosos empeños. La obra de

estas décadas ha sido siempre una obra abierta hacia el futuro, y al lado de esa grave y honorisísima

defensa institucional de los Principios, como dinámica consecuencia de su propia naturaleza, se abre

hacía el porvenir en clara acción política.

Esto ha de hacerlo en diálogo permanente con el Gobierno. En esta segunda esfera de sus atribuciones, le

corresponde al Consejo Nacional incitar y promover la acción del Gobierno. Y para el cumplimiento de

estos fines, el artículo 23 de la Ley Orgánica del Estado confiere al Consejo Nacional tres instrumentos

eficaces: las sugerencias, los informes y la evacuación de consultas. Mediante las primeras, incita al

Gobierno a la adopción de las medidas convenientes a la mayor efectividad de los Principios del

Movimiento y al desarrollo de las Leyes Fundamentales del Reino. Mediante los segundos, mueve y

requiere al Gobierno a la acción política. Y mediante las terceras, al responder a las consultas que el

Gobierno le someta, contribuye a la dirección y acción de la política que corresponde al Gobierno.

Para entender esta conexión, esta múltiple relación recíproca entre Consejo Nacional y Gobierno, es

preciso tener en cuenta la naturaleza política de ambos órganos, en el equilibrio institucional que realiza

nuestro sistema político. El Consejo de Ministros, Gobierno de la nación, es el órgano que determina la

política nacional. A él le corresponde la iniciativa de la política nacional; es órgano que asiste de modo

permanente al Jefe del Estado en los asuntos políticos y administrativos; pero la acción política, la

iniciativa política corresponde al Gobierno. Y es en función de esta iniciativa y acción política del

Gobierno donde cobra su significación esta segunda esfera de atribuciones del Consejo Nacional.

ESTRECHA COLABORACIÓN CON EL GOBIERNO

El Consejo ha de realizar su misión en relación con el Gobierno, en estrecha colaboración con él. No es

un órgano legislativo; la legislación corresponde a las Cortes y los consejeros nacionales son legisladores

en cuanto son también procuradores en Cortes. Su misión es la de ser guardián de los Principios e

incitador de la acción política, y esta dualidad ha de realizarla ante el Gobierno y en correlación con el

mismo, y esto exige imaginación, ciertamente, pero, sobre todo, serio estudio y profunda preparación, así

como un abierto y leal deseo de colaboración con el Gobierno en pro de los supremos intereses de la

patria. Por su especial naturaleza, esta función ha de realizarse en permanente y activo diálogo entre el

Consejo Nacional y el Gobierno. El Gobierno de la nación ha de encontrar incitación y pregunta en el

Consejo Nacional y éste respuesta adecuada del Gobierno.

De estas dos importantes funciones se deduce claramente la tercera esfera de atribuciones del Consejo

Nacional. En el equilibrio orgánico de nuestro sistema, todos los órganos del Estado han de funcionar en

conformidad con la doctrina de nuestro Movimiento Nacional, de acuerdo con nuestros Principios y desde

criterios políticos que, para cada circunstancia concreta, de ellos se deduce. Y es al Consejo Nacional,

órgano representativo del Movimiento Nacional, a quien corresponde fijar y determinar esos criterios,

ofreciéndolos al Gobierno para que a él se ajuste la acción política. Todas las instituciones que hemos ido

construyendo en la paz y la justicia, el libre y legítimo ejercicio de los derechos individuales, políticos y

sociales, el creciente logro del desarrollo en la realización de la justicia social, el fomento de la

solidaridad nacional y la garantía de la independencia de la patria, se basan en el imperativo que establece

el artículo tercero de la Ley Orgánica del Estado, de que todo interés particular queda subordinado al bien

común.

ENCAUZAMIENTO DEL CONTRASTE DE PARECERES

A la fijación de estos criterios, concreción de los Principios a las circunstancias de cada momento, ha de

contribuir, en otra de sus funciones, el Consejo Nacional, ofreciendo al Gobierno sugerencias, mociones,

informes, memorias, en incitación constante, para que tales criterios sean operativos, actualizados y

eficaces en la defensa de nuestras Instituciones, en la ofensiva dinámica de nuestro Movimiento, en la

realización del espíritu del 18 de Julio y en la determinación exacta, vivas, siempre nueva, siempre

revitalizada de nuestro Movimiento Nacional.

Grave y amplia tarea tiene ante si, en esta nueva etapa, el Consejo Nacional, en la determinación,

afianzamiento, fundamentación, desarrollo y perfeccionamiento de nuestro Movimiento Nacional.

Porque, Junto a la renovación de sus organizaciones, le corresponde determinar fórmulas eficaces para

encauzar, dentro de aquellos Principios, el contraste de pareceres sobre la acción política, estimulando la

participación auténtica y eficaz de las entidades naturales y de la opinión pública en las tareas políticas.

A nadie que no esté sometido a dogmatismos trasnochados, se le oculta la posibilidad de una

participación auténtica en las tareas legislativas y en las demás funciones de interés general, a través de

un sistema de representación orgánicamente constituido. Pero seríamos inconscientes y gravemente

responsables ante la Historia y ante nuestro pueblo, si aceptásemos dentro de nuestro Sistema la

posibilidad de permitir cauces partidistas y disgregadores que nos llevarían a la repetición de situaciones

cuya terrible experiencia creo innecesario recordar aquí. Deseamos y consideramos necesario el contraste

de pareceres sobre la acción política, pero los cauces constitucionales por los que ha de realizarse están

claramente determinados en nuestras Leyes Fundamentales: son los establecidos por el artículo 10 del

Fuero de los Españoles, al consagrar el derecho que todos los españoles tienen a participar en las

funciones públicas; cauces establecidos en el punto VIII de nuestros Principios Fundamentales, y que la

Ley Orgánica del Estado y la Ley Constitutiva de las Cortes precisan en su extensión y límites.

HACIA UNA SOCIEDAD MAS JUSTA Y MAS LIBRE

Corresponde también al Consejo Nacional contribuir muy especialmente a la formación de nuestras

juventudes en la fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional. Es precisamente en la juventud

donde se concretan nuestras mejores y más ambiciosas esperanzas de futuro, pues son las nuevas

generaciones las que, por razón natural, han de beneficiarse del esfuerzo que toda la comunidad nacional

está realizando para alcanzar una Patria mejor. Pero al mismo tiempo han de prepararse pana tomar en sus

manos, con plena responsabilidad, la antorcha del relevo y proseguir el camino hacia la meta de una

sociedad más justa, más libre, más culta.

La subversión busca en la juventud campo propicio a sus objetivos desintegradores y no regatea medios

para introducir sus activistas entre los jóvenes trabajadores y estudiantes. El noble inconformismo juvenil

en el generoso deseo de un urgente perfeccionamiento social, viene a ser explotado en provecho de unos

designios turbios enmarcados bajo apariencias que no coinciden en absoluto con los fines reales que

persiguen sus inspiradores. Mas para luchar adecuadamente contra la subversión, es precisa la acción

justificada oor unos ideales permanentes. Y nuestras juventudes esperan la respuesta a sus

preocupaciones, a sus inquietudes, en la palabra actual y exacta que les impulse a la acción enérgica que,

en estos momentos, les corresponde realizar. Esa palabra, .encendedora de nuevos entusiasmos, consiena

perfectamente sincronizada con el momento que vivimos, debe darla el Movimiento a través de su

Consejo Nacional, en cuyo seno observo complacido una cada vez más numerosa presencia de hombres

jóvenes.

El Consejo Nacional, en el marco más estricto de su incumbencia, ha de velar por el desarrollo y ejercicio

de los derechos y libertades reconocidas en nuestras Leyes Fundamentales, para que en ellos se realice la

plenitud de la persona humana, fundamento y base de nuestro Sistema, aunque haciendo imposible, que

con el pretexto de ejercer derechos y libertades, se pretenda urdir coartadas a la impunidad, desde las que

se socaven nuestro Sistema y nuestra paz.

LA AMENAZA DEL MATERIALISMO

Por otra parte, nuestra acción política ha de ser creadora, consciente de las nuevas circunstancias y

peligros que la aceleración histórica de nuestro tiempo y la amenaza del materialismo ofrecen. Nuestra

concepción cristiana de la vida, concepción occidental del hombre y la sociedad, está sufriendo el reto de

una coyuntura competitiva en el terreno económico y social, y también en el de la eficacia política. Por

todo ello, vuestra vocación ha de ser militante y vuestro ánimo creador. Queremos una estructura política

robusta y actual, unos instrumentos de acción eficaces, una fe capaz de responder firmemente y con

verdad a la apostasía, al escepticismo o a la traición. Queremos todo ello para salvar, de verdad, las

esencias de la convivencia democrática, que de lo contrario está destinada a ser arrollada por la perfidia,

la demagogia y el poder material del totalitarismo oriental. No sólo no somos enemigos de la libertad,

sino que aspiramos a un puesto de vanguardia en su defensa; pero la vanguardia exige virtudes, energía y

audacia, más que preocupación por excesivos formalismos.

Vuestro espíritu militante ha de mantener una guardia insobornable contra todas las asechanzas; nuestra

firme estabilidad y nuestra fe en el futuro son valores positivos que «algún día» habrán de agradecernos

quienes estudien las conductas seguidas por los pueblos en la gran batalla contemporánea por mantener el

imperio de la libertad sobre la faz del planeta.

UN FUTURO PROMETEDOR

Los españoles tienen buenos motivos para confiar que el régimen político que les ha dado mas de seis

lustros de paz" y de progreso, que ha salvado todos los escollos en una época de tensiones universales y

que ha implantado la armonía en una nación de un pasado borrascoso, posee recursos y vitalidad

suficientes para garantizarles un futuro prometedor, dentro de una línea de constructiva continuidad.

Nadie puede ostentar mayor crédito ante el pueblo español que los hombres que han sido canales de

sentar las bases de una España mejor sobre las ruinas de un ayer lamentable.

Quienes sepan incorporarse con ambición y lealtad a nuestra empresa, serán el día de mañana los

continuadores de la misma. Los que pierden el tiempo en gestos estériles y alianzas caducas, al margen

del paso de vigorosa marcha de nuestro pueblo, pueden considerar su ocasión perdida para siempre.

El avance de nuestra Nación es cada vez más grande en lo material y cada día da un paso más en su

perfeccionamiento. Y esto es posible porque los ideales que han inspirado nuestra Cruzada y han regido

estas décadas de trabajo, de sacrificio y esfuerzo, están vivos. Pero corresponde a este Consejo tomar su

función, su grave responsabilidad, y ser capaz de dar respuesta de nuevo actualizada en virtud de una

doctrina que es capaz de darla a todos los problemas que la vida del hombre y de la sociedad plantea o

puede plantea a nuestra Patria.

En la firme esperanza de que sabréis cumplir con vuestro deber, declaro abierto este XII Consejo

Nacional, gritando con vosotros: ¡Arriba España!»

Terminado el mensaje, que duró veinte minutos, se reprodujeron los gritos de «¡Franco, Franco, Franco!»

El Jefe del Estado, entre nuevos vítores y aplausos del público que, pese a la lluvia y al frío, aguardaba en

la calle su salida, abandonó la sede del Consejo y, acompañado como a su llegada por el Príncipe, se

dirigió al Palacio de El Pardo.—J. B. Q.

 

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