Manuel Fraga, en el Club Siglo XXI. 
 La Monarquía, solución para el estado español     
 
 Arriba.    26/01/1977.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 24. 

Manuel Fraga, en el Club Siglo XXI

LA MONARQUIA, SOLUCION PARA EL ESTADO ESPAÑOL

• La estabilidad de las fuerzas políticas, factor clave para la constitución de la democracia dentro de una

Monarquía constitucional

• El Rey, arbitro entre las fuerzas políticas

MADRID. (De nuestra Redac, ción.)Ante una audiencia que superaba el millar de personas, Manuel

Fraga Iribarne, líder de Reforma Democrática y secretario general de Alianza Popular, manifestó su pesar

por los acontecimientos que tuvieron lugar durante el pasado fin de semana y, más concretamente, el

lunes, y que arroja una cifra de seis muertos.

Esta declaración tuvo lugar antes de pronunciar una conferencia, organizada por el Club Siglo XXI, y que

llevaba por tílulo «La Monarquía Constitucional».

«Estamos en una crisis de administración —continuó diciendo— y de orden público. Es menester

reaccionar urgentemente y con firmeza. Todos estamos dispuestos a colaborar. La Corona puede estar

segura de que cuenta con el apoyo mayoritario del pueblo y de las fuerzas sociales y políticas para

establecer el orden, la confianza y el principio de autoridad. Dios guarde al Rey, a nuestra Espana y que

todos sepamos mantenernos serenos y firmes en estas horas difíciles y decisivas.»

La Monarquía está aquí

Entre los invitados a la conferencia, distinguidas personalidades de la política, como el Ministro de Obras

Públicas, señor Calvo Sotelo, los ex Ministros, León Herrera, Licinio de la Fuente, Cruz Martínez

Esteruelas José Luis Cerón Ayuso, Gonzalo Fernández de la Mora, Alfredo Sánchez Bella, Nemesio

Fernández Cuesta y Federico Silva Muñoz, así como la Delegada Nacional de la Sección Femenina, Pilar

Primo de Rivera y los señores Serráts Urquija y Thomas de Carranza.

Inició el señor Fraga su conferencia recordando que hace poco más de cinco años en la misma tribuna

había tratado el tema «La Monarquía como norma del Estado». Se trataba entonces de la Monarquía que

iba a venir. «La Monarquía —dijo— ya está aquí, en medio de nuestro escenario político, como uno de

los pilares que han de articularse en un renovado orden constitucional. Ahora debemos, pues, plantearnos,

no la cuestión de 1a forma monárquica del Estado, ya resuelta, sino esta otra no menos importante: cómo

ha de quedar definitivamente confirmada la Corona dentro del sistema constitucional, que culmine el plan

de reformas políticas que se halla en curso.»

Después de enumerar las diversas formas de Monarquía que se han producido en la Historia y estudiar sus

características, hizo un panorama de las Monarquías con temporáneas, para subrayar que los problemas

de la Monarquía en el mundo actual no son fáciles, y que es muy necesario acertar en su planteamiento

constitucional.

La Monarquía británica, modelo

Una consideración especial dedico el señor Fraga a la monarquía parlamentaria de nuestro tiempo, «cuyo

modelo —dijo— es, por supuesto, la Monarquía británica, resultado de una serie de inteligentes

decisiones y, también, de algunas afortunadas casualidades».

«Los ingleses —explicó— decidieron en el siglo VXIII dos cotas: la primera» que no estaban dispuestos

a aceptar una, monarquía absoluta y disoluta, como la de los Estuardo; la segunda, que tampoco querían

la República, con sus riesgos de radicalización y de dictadura militar, que muy pronto les enseñó

Cromwell.» Se pusieron entonces a buscar una Monarquía limitada, a la vez conservadora y capaz de

realizar reformas. El equilibrio se buscó muy a la Inglesa: a través de una serie de sutiles equilibrios y

prácticos arreglos. No se quitaron prerrogativas a la Corona: se logró que se usaran por un equipo de

hombres con la confianza del Parlamento, y no de un modo arbitrarlo o caprichoso. Por otra parte, la

Corona no se contrapuso al Parlamento, sino que forma con el Parlamento una unidad. La prerrogativa

real subsiste en un segundo plano misterioso y su valor es tanto más elevado cuanto que el Monarca no

intenta valerse de él.

Loa tres derechos clásicos de la Corona británica —ser consultada, exhortar y prevenirse ejercen con

plena conciencia. La Reina ejerce así una función cuya característica más eminente consiste en una

reserva que roza los límites del sacrificio, pero es justamente en ese sacrificio dónde reside el servicio de

la Corona al Estado contemporáneo.

Lo que no hay duda, afirma, es que la Reina ejerce Influencia y no poder. En momentos de dificultades

políticas se considera útil su mediación para lograr acuerdos entre hombres de Estado enfrentados,

también para lograr que determinadas personalidades, sin interés directo en la política, acepten colaborar

en un Gobierno. E1 conferenciante recuerda la opinión de Azcárate de que la función del Estado

monárquico es la de mantener la armonía entre los distintos poderes otldates y entre todos éstos y aquél,

que es el primero, el permanente y el fundamental: el poder supremo del país.

Solución del Estado español

El amplio estudio sobre la Monarquía en el mundo actual lleva al señor Fraga a la conclusión de que «la

Monarquía subsiste en Europa, donde funciona dentro del cuadro de las fuerzas políticas y como arbitro

moderador de ellas. En los demás casos, no ha soportado la dinámica fuerza de los cambios en las

sociedades industriales».

Seguidamente, y después de expresar su convicción de que «después del fracaso de nuestros dos

experimentos republicanos, la Monarquía es la solución de la forma del Estado español», el

conferenciante planteó el problema preciso de la Monarquía constitucional en la España de hoy.

«La soberanía —dijo— no puede corresponder más que al pueblo; en su nombre la ejercen sus

representantes. El poder básico en una Constitución de. mocrática corresponde a un Gobierno respaldado

por la mayoría del pueblo. La función básica del sistema representativa es, a su vez, el alumbramiento de

mayorías capaces de constituir Gobiernos firmes y eficaces.»

Así pues, el papel de una Monarquía constitucional es, en primer lugar, asegurar y simbolizar la unidad

del Estado por encima de las inevitables divisiones partidistas. Ello no es pura representación, sino que se

encarna en realidades tangibles. El Rey mantiene la jefatura suprema de las fuerzas militares, con lo cual

garantiza su no intervención en la política interior y su plena dedicación a los tomas de la de

fensa (exterior o interior, en caso de grave emergencia).

En segundo lugar, la Corona debe ser el arbitro supremo neutral y moderador entre las fuerzas políticas.

No pyede haber partidos ni hombres del Rey, todos han de serlo, alternando en su Gobierna y en su leal

oposición.

Para el señor Fraga, después de recordar que la Monarquía constitucional en España nunca llegó a ser

parlamentarla, no puede haber Monarquía constitucional sin fuerzas políticas serias, significativas, libres

y basadas en la sociedad real. Entre ellas es posible el arbitraje de la Corona. La cuestión de las fuerzas

políticas es básica para el conferenciante en función de una democracia estable. Hay que jugar a unirlas y

conjugarlas y no a dividirlas o enfrentarlas.

El señor Fraga terminó su con. ferencia afirmando que el pueblo español está aceptando activamente la

Monarquía, "porque le ofrece a la vez estabilidad y reforma. Al quedar claro que una forma de Estado

tradicional no ofrece obstáculos a las reformas necesarias, se le abre un crédito de confianza que,

afianzado en conductos ejemplares, se consolidará en las pruebas de un Juego constitucional exacto e

imparcial".

El Rey, árbitro entre las fuerzas políticas

Finalizada la conferencia, el señor Fraga manifestó a un redactor de ARRIBA que el Rey debe ser el

arbitro entre las fuer, zas políticas. "La confianza del pueblo y de los gobernantes está depositada en el

Rey, quien, sin duda, debe contar con una serie de consejos. Pero las consultas a dichos consejos deben

hacerse sólo para tratar temas de importancia, y las respuesta o decisiones no deben ser en ningún caso

sugeridas."

—¿Cuál es el sistema político que lleva a un pueblo a una estabilidad democrática: la república o la

monarquía?

—Sin ninguna duda, la monarquía. Y en Espana hemos tenido experiencias con la República que no han

dado resultados satisfactorios. La Monarquía, como he apuntado en la conferencia, es la solución del

Estado español.

—¿Por qué una monarquía puede derivar en dictadura militar?

—Se llega a esa situación cuando no hay estabilidad en las fuerzas políticas. Para establecer una

democracia en una monar. quía constitucional, la base han de ser las fuerzas políticas estables. Es

imprescindible que estas fuerzas no fallen para que la monarquía se mantenga en sí misma, sin renunciar

a su tradición histórica y legítima.

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