Franco clausuró el Consejo Nacional del Movimiento. 
 Es ya tiempo de que prosigamos con serenidad y confianza el proceso de institucionalización     
 
 ABC.    16/04/1964.  Página: 17-20. Páginas: 4. Párrafos: 43. 

MADRID, JUEVES 16 DE ABRIL DE 1964

13 V,

FRANCO CLAUSURO EL CONSEJO NACIONAL DEL MOVIMIENTO

ES YA TIEMPO DE QUE PROSIGAMOS CON SERENIDAD Y CONFIANZA EL PROCESO DE

INSTITUCIONALIZACION

Que el Movimiento necesita renovación es evidente, no porque necesitemos cambiar de doctrina, sino

porque cada hora tiene su inquietud.

ES PRECISA UNA REGULACIÓN DE LAS FUNCIONES QUE CORRESPONDEN A LA

JEFATURA DEL ESTADO, A LA DEL GOBIERNO Y A LA DEL MOVIMIENTO

En el acto de clausura del Consejo Nacional del Movimiento, el Jefe del Estado pronunció el siguiente

discurso:

Señores consejeros: Nos reunimos hoy el Consejo Nacional al filo de la conmemoración de los

veinticinco años de la victoria que nos trajo la paz sólida y lograda cerno primer fruto de aquel heroico

esfuerzo que significó nuestra Cruzada. Durante este cuarto de siglo nos ha preocupado sobre todas las

cosas el mantener una línea de continuidad consecuente con los principios y la doctrina que informó el 18

de julio, para hacer posible, mediante su aplicacion a la práctica, la reconstrucción espiritual y material de

nuestra Patria. Esta continuidad en las ideas y esta fidelidad a lo que representa la doctrina y la obra del

Movimiento se hace ahora bien patente al examinarla con la perspectiva que nos proporciona el tiempo

transcurrido.

Hemos pasado por momentos y circunstancias bien distintas y hemos tenido que despejar nuestro

horizonte de obstáculos que a muchos parecían insalvables, pero el rumbo de España se ha mantenido

siempre fiel a los fines propuestos desde el primer momento. En ese sentido no podemos hablar de etapas

diferentes, sino de una continua asiduidad y permanencia en el trabajo, en la laboriosidad y en el esfuerzo

que la mayoría de los españoles han puesto a contribución para ir edificando una España nueva y distinta,

profundamente transformada y sustancialmente más limpia, más alegre y más firme en la fe y en la

esperanza de su propio destino.

Pero como os he dicho otras veces, al juzgar nuestra obra no se puede ésta separar de los acontecimientos

del mundo en que nos movemos. Durante estos veinticinco años se han producido en todas partes

profundas mutaciones, que en cierto modo han condicionado nuestro quehacer y han influido en el ritmo

de nuestra transformación. A los pocos meses de terminada nuestra Cruzada el mundo se vio asolado por

una guerra sin precedentes, que cambió radicalmente la anterior composición, hizo desaparecer naciones

enteras, trastocó fronteras y jubiló definitivamente situaciones y preceptos antes tenidos por

inconmovibles. A los daños incalculables de la acción bélica hubo que sumar los producidos por el odio y

las pasiones, que arrastraron en sí una larga secuela de crímenes, genocidios y el éxodo de pueblos

enteros, sacando a la luz el horror de los campos de concentración y de las persecuciones.

La situación creada no ofrecía tampoco perspectivas de paz que hicieran posible la reconstrucción moral

de los pueblos divididos. Forzosamente tenían que surgir radicales diferencias que en orden a los

principios y a las distintas concepciones del mundo existían entre los vencedores. Así durante muchos

años la humanidad siguió viviendo con la amenaza de una nueva guerra más cruenta y devastadora que la

anterior, sin permitirle asentarse con firmeza en los principios morales que garantizaran una paz duradera

y estable.

A estas profundas mutaciones habla de acompañar un vacío ideológico: las ideas rebasadas no habían sido

sustituidas por otras nuevas con la fecundidad suficiente para servir de base a la configuración social de

los pueblos. Pese a las condiciones políticas que los vencedores pretendieron imprimir a las naciones

vencidas, la participación del comunismo en la victoria dio a éste un predominio en la evolución de la

política futura. Como consecuencia de ello el comunismo se ha extendido a más de la mitad de la

población del universo lo que sin duda ha de imprimir carácter a la evolución política universal al

coincidir con la crisis general de los sistemas políticos tradicionales.

La transformación española en este tiempo hubo de contar con grandes dificulta des, y no es extraño

que nuestro país y nuestra concepción de la vida chocaran tantas veces con actitudes influidas por

las doctrinas imperantes.

Aquel predominio que la victoria dio al comunismo para su expansión no quiere decir el que vayan a

arraigar en el mundo las doctrinas y prácticas de los nuevos bárbaros. Nada más lejos de la realidad. El

comunismo vence, pero no convence, y los pueblos acabarán barriendo todo lo bárbaro, cruel y

antihumano que encierran las prácticas y doctrinas comunistas, quedándose con lo que de social,

constructivo y eficaz puedan poseer. En la propia cuna del comunismo empieza ya a mirarse con marcado

interés la superioridad y eficacia en algunos aspectos de las fórmulas occidentales.

NO SE PUEDE HACER TABLA RASA DE LAS TRADICIONES

El pensar que el comunismo vaya a conservar esa uniformidad que han pretendido imprimirle sus

patrocinadores constituye una quimera que ya se acusa en el ámbito internacional. Sobre el comunismo

marcará su impronta el medio en que éste tenga que desarrollarse. No se puede hacer tabla rasa de las

creencias y de las tradiciones. La invasión de los bárbaros no llegó a ser en Europa tan desastrosa como

las conciencias de los pobladores de entonces esperaban. El medio predominó sobre su ímpetu.

El gran mérito del Movimiento político español es el haber sabido ver, con un cuarto de siglo de

anticipación, los derroteros, porque el mundo había de pasar, creando una política que si en los primeros

momentos pareció como desfasadas de lo que en el Occidente se llevaba, hoy ha cobrado la mayor

eficacia y actualidad: el pluripartidismo y el plurisindicalismo están en crisis no sólo en una gran parte del

mundo latino, sino también en la mayoría de los países en vías de desarrollo. Los conceptos de la vieja

política están rebasados en la opinión de las masas. Los sistemas y doctrinas que propugnan el progreso

social y la extensión de la cultura son aceptados universalmente. La empresa pública, en feliz conjunción

con la empresa privada, se abre paso para la nueva etapa.

Hoy vemos levantar en el mundo unas banderas que fueron enarboladas por nos otros hace ya veintiocho

años. Se pretende olvidar quiénes fueron los primeros en afirmar: "que la dignidad humana, la integridad

del hombre y su libertad son valores eternos e intangibles". Hay quienes hoy descubren como una

novedad las Encíclicas de Juan XXIII y olvidan que desde el año 1938 España viene practicando, y en

muchos aspectos rebasando, las doctrinas sociales de la "Rerum Novarum" y del "Quadragesimo Anno",

fundamento claro de las posteriormente promulgadas (muy bien, muy bien, grandes aplausos).

Pero aún hay más: ¿quién viene predicando desde hace veinticinco años que toda concesión pagana es

anuladora de libertades? ¿Quiénes aceptan la educación como la base más firme de la libertad dentro de la

vida del Estado? ¿Qué regímenes estimulan más las virtudes y la acción espiritual para la paz entre los

hombres? ¿Quiénes han intentado casar mejor la ética y la política? ("¡Muy bien, muy bien!" Grandes

aplausos.)

LA UNICA SOLUCION: UNIDAD, AUTORIDAD, ORDEN

Sin embargo, pese a todas estas realidades, por nuestra unidad sindical y por el hecho de que la

participación de los españoles en las tareas legislativas tenga lugar a través de las Organizaciones

naturales en que el hombre voluntariamente se encuadra, y no en la de los partidos políticos, se ha tomado

como disculpa para que en el río revuelto de la posguerra universal se pretendiese envolvernos en las

represalias de los vencedores, intentando buscar puntos de similitud con los vencidos y ocultando las

grandes diferencias doctrinales y prácticas que de ellos nos separaban (muy bien, muy bien). Que las

revoluciones políticas tienen en sí un cierto parecido, es evidente. Cuando quiebra la autoridad, la

descomposición y la anarquía se apoderan de la sociedad y las divisiones y luchas intestinas ponen en

peligro la vida de las naciones, la solución no puede venir por otro camino que por el establecimiento de

la unidad, de la autoridad, del orden y por una revisión de todo el sistema político que elimine

definitivamente las causas que lo produjeron.

La trascendencia universal de nuestro Movimiento político está en ofrecer al mundo soluciones cristianas,

eficaces y justas que admitan parangón con ventaja con los sistemas más justos y avanzados en el orden

social, pero conservando los bienes esperituales y morales alcanzados a través de una civilización

secular.

A este vacío ideológico que en el mundo se acusa ha acompañado, sin embargo, un asombroso proceso de

desarrollo técnico que ha alcanzado objetivos insospechados, y que ha facilitado también un acercamiento

hacia niveles de bienestar material que constituye una normal y legítima apetencia de todos los pueblos.

La era de los satélites y de las comunicaciones espaciales ha puesto de manifiesto en qué grado necesita

nuestro mundo una política de eficacia, que debiera ser el resultado de una compenetración, de un

intercambio de ideas y de una solidaridad de esfuerzos que nacieran de la mutua comprensión de las

naciones. Una política con raíces y principios auténticamente comunes y, por tales, con validez de

propuesta universal, capaz de servir las aspiraciones de paz en la justicia y de entendimiento en la

libertad, que son, ciertamente, comunes a todos los pueblos.

Todos aquellos avances conseguidos han hecho al mundo más chico y que la vida de relación se

intensifique. El progreso arrastra a una interdependencia mayor y obliga a vivir con las ventanas abiertas

al exterior, disminuyendo el área de las soberanías. Los pueblos, quieran o no, se ven obligados a tener en

cuenta la influencia de las corrientes mundiales. Lo mismo que la Cruzada española, está hoy reconocido

que sirvió al interés de Europa, liberando al Occidente del caos comunista, así pueden afectarnos a

nosotros los grandes acontecimientos exteriores. Nadie puede ser insensible al fuego de la casa vecina.

Pero no es oro todo lo que reluce. Hemos de tener en cuenta que detrás de muchas palabras y enunciados

nobles se descubren conjuras y sectarismos inconfesables. Las guerras han intensificado y fomentado las

maquinaciones secretas, la acción subversiva y el poder de las fuer zas ocultas. Hay que contar con el

egoísmo de las naciones y con su legendaria hipocresía. Los que creen que existe en Europa un bloque de

naciones identificadas se equivocan. Pueden coincidir en el área limitada de sus egoístas intereses; pero

fuera de la gran escisión de Europa entre el telón de acero y el mundo occidental, dentro de este último

campo, las divergencias, desgraciadamente, no pueden ser mayores, y aún en lo interno de cada nación, la

existencia de fuerzas políticas con doctrinas contrarias es causa de su paralización e inestabilidad.

Por eso estos veinticinco años fueron más trabajosos, más duros y más difíciles de lo que hubieran sido, si

a nuestro alrededor se hubiese mantenido un mundo de paz, deseoso de la unidad y del mutuo respeto

hacia las posiciones de cada país, cuando éstas no fueran incompatibles con los principios fundamentales

en que se basa nuestra civilización. Hemos de convencernos de que es poco lo que graciosamente

podemos esperar de fuera. Es, necesaria la lucha enérgica para ganarlo.

NUESTRO ACERCAMIENTO A EUROPA NO ES EGOISTA

Nuestro acercamiento a Europa no persigue un interés egoísta, sino que está dictado por el

convencimiento de que, sirviendo al interés general de la comunidad europea, servimos también al

particular de España. Esto sin olvidar que el mundo no está constituido sólo por los países de la N. A. T.

O., ni los del telón de acero, ni menos por el limitado de los seis países del Mercado Común. Al lado de

las naciones de la América hispana despiertan a la vida dos nuevos continentes, asiático y africano, cuyos

intereses no podrán en el futuro desconocerse. Luchar por la verdad contra lo que pueda haber de egoísmo

en los poderosos, propugnar en el mundo un juego limpio y despertar hacia él a la conciencia

internacional es una gran tarea que reclama nuestra atención.

Conocéis de sobra las duras etapas de incomprensión y de aislamiento por parte incluso de aquellos a

quienes habíamos favorecido con nuestra actitud de neutralidad. Habéis visto cómo las sucesivas

campañas antiespañolas promovidas desde el extranjero han ido estrellándose contra una realidad bien

diferente de la que se interesaba asignarnos; pero la razón y la verdad acaban siempre abriéndose camino,

y van siendo cada vez menos los que creen en las patrañas y mentiras que se nos atribuyen. Nuestras

fronteras, abiertas a todos los vientos, permiten que cada año muchos millones de personas puedan

comprobar directamente cuál es la realidad de nuestra situación social y política.

No han cesado, sin embargo, del todo estas actitudes, y hay todavía quienes siguen sin comprender que

continuamos siendo un objetivo de consideración para el comunismo, y que harían mejor en su propio

provecho y en el de Europa entera en responder noblemente a nuestra amistad, evitando la postergación

de los valores del espíritu ante filiaciones sectarias y pequeños egoísmos de mercado, cuando lo que se

busca es el fortalecimiento de Europa y, por otra parte, nos hace menos daño de lo que sus promotores

imaginan.

Todo este panorama mundial es el que valora y contrasta nuestra transformación y nuestros logros de

estos veinticinco años. Hemos hecho mucho más de lo que nuestra fuerza en apariencia nos permitía, y

nos hemos ido acompasando a un mundo en el que el progreso técnico ha logrado resultados colosales

que sólo los países de gran poder financiero se han podido permitir.

Hace falta conocer bien nuestro punto de partida antes de juzgar si hemos conseguido o no todo lo que

debíamos. Porque no se trata de un desarrollo normal o vegetativo que se hubiera obtenido igual, o

incluso en mayor proporción, en cualquier circunstancia, aprovechando simplemente los medios que el

transcurso del tiempo y los adelantos de la técnica pusieron a nuestra disposición. Los que esto creen,

deben volver la vista a aquellas otras etapas de nuestra historia, en que España, con más medios, no supo

aprovechar lo que tenía para su desarrollo y perfección al nivel de su tiempo.

Por el contrario, son precisamente esas etapas de retraso, de inactividad, de energías perdidas en luchas

intestinas, las que nos han obligado a mantener un ritmo más intenso en el esfuerzo para reconstruir a

España. Por eso no podemos volver jamás a sistemas que nos reducirían de nuevo a la pasividad y a la

ineficacia, y que nos esterilizarían en las luchas domésticas por el poder.

HEMOS AFIRMADO LA INDEPENDENCIA DE LA PATRIA

Pero no son sólo las realizaciones materiales las que justifican y caracterizan esta etapa, sino el haberse

asentado, mantenido y desarrollado una doctrina, unos ideales y unos principios de valor permanente:

hemos defendido y salvado nuestra fe religiosa en peligro en la etapa anterior; hemos recuperado los

valores morales; el pueblo español tiene ahora conciencia de su capacidad de resurgimiento; hemos

mantenido la unidad y el sentido claro de un destino común, y hemos hecho de la justicia social uno de

los principios básicos a cuya consecución seguimos dedicando nuestros mayores esfuerzos. Sobre todas

las cosas, hemos afirmado la unidad, la independencia y la libertad de la Patria. Hemos fundado la

continuidad nacional sobre los principios del orden cristiano a los que sirve la doctrina de nuestro

Movimiento; defendemos la libertad y la dignidad de la persona humana; aceptamos el trabajo como valor

y como honor, y hemos planteado nuestra vida pública sobre el principio de participación del hombre, por

razón de la función social que desempeña en las entidades naturales de convivencia y en las estructuras

básicas de la comunidad.

Al lado de esto, ¿qué importa que todavía podamos tener algunos defectos, que nos queden cosas por

conseguir, o que la impaciencia de unos pocos quieran hacer aparecer como menguada una cosecha

abundante y generosa? Todo se irá alcanzando, porque si pese a aquellas dificultades y partiendo de una

base cero, España consiguió transformación tan grande, hay que imaginarse lo que podrá lograr con un

horizonte despejado y una sólida y poderosa base de partida.

Paralelamente a esta obra, nos hemos preocupado de asentar el futuro del Régimen, y ahí están las Leyes

Fundamentales que garantizan una continuidad en la doctrina y en el espíritu que ha animado el quehacer

de los españoles durante este tiempo.

Hemos trabajado, en esto como en todo, al ritmo que demandaba la situación; sin impaciencias ni prisas,

sin improvisaciones en materia tan importante y transcendente. Hoy, disponemos de una serie de

instrumentos legislativos de base representativa que garantiza en lo fundamental nuestra continuidad

política. Si hubiéramos caminado con mayor precipitación, es posible que ahora tuviéramos que lamentar

y rectificar decisiones menos acordes con la realidad. Hemos de pensar que no hemos hecho un esfuerzo

tan considerable, ni ha muerto medio millón de españoles, para conseguir solamente veinticinco años de

paz, de orden y de transformación espiritual y material de la Patria; sino también para sentar las bases de

otras etapas más dilatadas en las que la vida nacional pueda desenvolverse bajo los mismos principios.

Queremos asegurar a nuestros hijos una España sin zozobras ni inseguridades.

A la confianza que los españoles me otorgaron al exaltarme a la Jefatura del Estado y del Movimiento, y a

la adhesión y fidelidad que me han mostrado desde entonces, he de corresponder con mi entrega absoluta

y mi dedicación constante al servicio de la Patria mientras Dios me de fuerzas para ello. Pero quiero

también que las instituciones queden firmemente asentadas para el futuro; que todo el orden

constitucional del país se configure suficientemente, para garantizar la continuidad de un esfuerzo que

resultaría baldío si se valorase tan solo como etapa de transición. Por ello es ya tiempo de que prosigamos

con serenidad y confianza el proceso de institucionalización.

NECESIDAD DE UNA RENOVACION

Los trabajos del Consejo Nacional han de constituir, sin duda, un valiosísimo elemento para ello, y

vuestras sugerencias y asesoramientos me servirán de mucho en esta tarea de completar en lo que sea

necesario el orden jurídico político. En esto, como en todo, la existencia de nuestro Movimiento

constituye una garantía inapreciable. Por eso es conveniente no empequeñecerlo ni minimizarlo

retrotrayéndolo a los primeros tiempos de la unificación, ni juzgar de él por el apego de algunos a

particularismos románticos que algunas veces se acusan. El Movimiento está ya en España entera, en la

revolución de sus pueblos y ciudades, en haber despertado una nueva fe que a todos invade y no en los

cenáculos políticos donde se cuecen las intrigas. España entera sabe que, fracasados los otros sistemas de

Gobierno, el Movimiento Nacional ofrece el único cauce para alcanzar la transformación políticosocial de

nuestra Patria. El Movimiento ha de ser el futuro cauce ancho y profundo de promoción política, que

permita a todos participar en sus tareas y esforzarse y sacrificarse por España. Sólo así se conseguirá que

esta promoción política de los que sienten vocación por ello, no se encamine y produzca por otros cauces.

LA DOCTRINA DEL MOVIMIENTO TIENE HOY SU MAYOR ACTUALIDAD

Que el Movimiento necesita de una renovación es evidente, no porque necesitemos cambiar de doctrina,

que hoy tiene su mayor actualidad, sino porque en el transcurso de veinticinco años de paz hemos

alcanzado muchas de las metas que nos habíamos propuesto y las mutaciones que el mundo ha sufrido

hace que cada hora tenga su inquietud. La renovación estará en el perfeccionamiento de lo

complementario y en el afianzamiento de lo fundamental; no se hará perdiendo sustancia, sino ganándola.

Poseemos una base de principios inconmovibles que nos permitirán en el futuro movernos sin

desconfianza haciendo todo más presentable e inteligente. Hemos de asentar nuestro futuro, no sobre la

vida de un hombre, sino sobre la estabilidad de las instituciones.

Son las grandes líneas ideológicas de nuestro Movimiento las que garantizan la eficacia de un sistema

político que ha creado un verdadero Estado de Derecho superador de las diferencias, con sentido de la

continuidad histórica e inspirado en postulados de justicia social, imperativos para nosotros. Si

comparamos estas grandes líneas con el sistema de otros países que hoy cuentan con el concierto mundial

veremos cómo, lejos de existir incompatibilidades radicales, hay una aproximación cada vez mayor en la

forma de plantear las soluciones institucionales.

Pero si el Movimiento es una síntesis de distintos aspectos, hay que entenderlo como tal sin negar ni

olvidar ninguno de ellos. Es un sistema de principio, y como tal, está así definido en una de nuestras

Leyes Fundamentales, pero no es esto sólo porque con ellos no se agota su cometido y porque mal

podrían defenderse estos principios sin unos instrumentos adecuados que garanticen su permanencia y su

desarrollo. El Movimiento tiene también carácter de institución social, en la que se integran los diferentes

cauces de participación y representación a través de la función familiar, sindical o corporativa, y es

también una organización cuyos miembros muestran su voluntad libre de dedicarse al servicio de estos

fines y se sujetan para ello a una disciplina y a una jefatura.

Por eso los instrumentos representativos de este Movimiento, como este Consejo Nacional y los que en

las esferas provincial y local existen, han de tener en cuenta estas distintas facetas o aspectos del

Movimiento en su composición. Y si es cierto que a la organización corresponde una parte importante de

representación, también lo es que otra parte debe abrirse a los cuadros de minorías y de base popular del

país para que la sociedad española participe a través de quienes sientan vocación política de servicio y

puedan de este modo hacerse realidad estos aspectos ideológicos e institucionales que componen el

Movimiento.

Sólo entendiendo el Movimiento con esta generosa amplitud que corresponde a la elevación de sus

principios colocaremos a sus órganos y a sus instrumentos a la altura que el tiempo demanda, y haremos

posible su participación activa y decisiva en la vida toda del país. Porque las funciones del Movimiento

así entendido son muchas y muy importantes; su más alto órgano de representación, que es este Consejo,

ha de cuidar fielmente de la permanencia y el desarrollo de estos principios; ha de mantener el de unidad

política entre los españoles; ha de garantizar la pureza doctrinal en la aplicación de los principios a las

realizaciones prácticas; ha de promover el contraste de pareceres sobre las distintas soluciones que los

problemas políticos puedan tener; ha de fomentar el desarrollo de los distintos órdenes de participación

popular y ha de informar, en definitiva, la acción política vitalizando la vida de la Administración y dando

tono y sentido político a las realizaciones de todo género. (Muy bien, muy bien. Grandes aplausos.)

Un Estado neutro, administrativo y sin doctrina política acabaría destruido por la revolución, que le

minaría desde dentro y desde fuera. No es posible desconocer la actividad política que desde fuera se

mueve contra nuestra Patria. La hostilidad no es cosa de hoy, sino de todos los tiempos. A una acción

política negativa de nuestros adversarios hay que oponer otra positiva y creadora; a un principio erróneo,

otro verdadero. Un Gobierno que no contase con otra fuerza política que el Poder y su "Boletín Oficial"

carecería a plazo de la fuerza moral indispensable. (Grandes y prolongados aplausos.)

El Movimiento Nacional desde sus orígenes entraña una riqueza tal de contenido que supera todo lo que

de él se pudiera decir. Sus servicios callados en estos veinticinco años; la asistencia viril de los pueblos

durante mucho tiempo frente a las filtraciones terroristas; la espontaneidad con que siempre ha acudido a

respaldar la autoridad en las grandes y pequeñas crisis; el apoyo prestado con civismo a sus agentes en

todas las ocasiones; la alegría con que siempre ha encabezado el sacrificio, le hacen benemérito de la

nación. Lo saben bien nuestros enemigos al orientar hacia él sus mayores ataques.

LOS VIEJOS MITOS LIBERALES CARECEN YA DE EMOCIONALIDAD

Hay quienes torpemente creen que porque una pequeña parte del mundo se resista a cambiar y practiquen

todavía doctrinas políticas rebasadas carece de viabilidad la singularidad de la política española. ¿Qué

importa que en el camina nos veamos desfasados si en el fondo todos caminamos hacia las mismas

metas? Hemos de dar gracias a Dios por que pese a tanta fácil tentación nos haya dado hace veinticinco

años claridad de juicio para orientar a nuestra nación por el camino acertado. Si los principios de nuestro

Movimiento nos fueron insustituibles en aquellas horas, hoy puedo afirmaros que tienen más actualidad

que entonces, pues su trascendencia rebasa el interés de lo nacional para entrar en el campo de lo

internacional. Son muchos los países que buscan anhelantes un camino que les permita llevar a cabo la

acción fuerte y profunda, que su situación político social les demanda. Los viejos mitos liberales carecen

ya de emocionalidad. y lejos de considerarse como un bien, se reputan como dogal que asfixia, y aun

algunos llegan a pensar si las fórmulas democráticosociales son un mal tendido para mantener su atraso y

su dependencia.

Por otra parte, nuestro Movimiento en sí es dinámico, y como tal ha de preocuparse en cada instante de

los perfeccionamientos precisos. Se equivocan quienes creen que somos partidarios del inmovilismo

político o que adolecemos de falta de iniciativas. Suele ocurrir que algunos quisieran que nuestra marcha

y nuestro desarrollo se realizasen a la medida de sus intereses, sin tener en cuenta el bien común y el

interés supremo de la Patria. Pudo en algunos momentos, es verdad, interpretarse así, cuando la malévola

incomprensión que nos acompañó al final de la última contienda nos obligó, en defensa de nuestros

sagrados intereses y con objeto de paliar el mal a disminuir nuestras actividades políticas, reduciéndolas

hacia el exterior a lo meramente indispensable. Esto que tan favorable fue para nuestra política exterior, y

que permitió que con mayor serenidad se pudiera juzgar de nuestro Movimiento, derivó en el interior a

que un pequeño sector de las generaciones nuevas haya podido ser ganado por un indiferentismo político

que conviene corregir, Ello se logrará intensificando la renovación y el rejuvenecimiento de nuestros

cuadros y volviendo a la acción proselitista, haciendo que la política sea crisol en que se fundan los

anhelos de las generaciones.

LA SISTEMATIZACION DE NUESTRAS LEVES FUNDAMENTALES

Creen torpemente nuestros enemigos que atacándonos y dificultándonos desde fuera pueden menoscabar

nuestra fortaleza, cuando, al contrario despiertan nuestra conciencia colectiva y dan nuevos estímulos

a la acción política; lo peor que podría pasarnos sería no tener problemas, que la molicie y el

indiferentismo pudieran apoderarse de nuestro cuerpo. Sepan los españoles que el mejor seguro para

nuestro futuro es el reforzamiento de nuestra unidad y de nuestra política in terna.

La sólida labor que durante veinticinco años hemos podido realizar es la que ahora nos permite considerar

otros aspectos de no menor importancia. Los que hemos dedicado la vida entera al servicio de la Patria

nos damos cuenta de lo que se necesita y requiere, y en qué grado es conveniente ir desarrollando los

ámbitos de la competencia y de funciones, que corresponden a cada una de las instituciones que han de

componer el conjunto del sistema.

Muchos de los poderes que confluyen en mi persona son, por su propia naturaleza, intransferibles, y por

ello precisan para el futuro de una regulación adecuada que determine las funciones que correspondan a la

Jefatura del Estado, a la del Gobierno y a la del Movimiento y los sistemas para su designación. La forma

histórica del orden político sólo puede ser actualizada con los valores de nuestra tradición y por la

asistencia popular, animada por la fuerza de nuestro Movimiento con efectiva capacidad de

transformación revolucionaria. El Movimiento mismo, aunque exista enraizado en la conciencia de los

españoles, precisa de una normativa de rango superior que comprende sus instituciones básicas, determina

sus fines, incluye la composición del Consejo Nacional y establezca el sistema de garantías para la

defensa y desarrollo de los Principios Fundamentales. Todo ello deberá comprenderse en la

sistematización de nuestras actuales Leyes Fundamentales, que, manteniendo íntegramente sus actuales

preceptos, los complete con la regulación de todas esas cuestiones y las coordine armónicamente entre sí.

Con esto, como veis, no tomamos un rumbo distinto del que hasta aquí hemos seguido, sino que

proseguimos el camino de perfeccionamiento realizando los retoques necesarios en toda obra humana,

que afectarán siempre a lo que es accidental y transitorio, manteniendo, como antes decía, la permanencia

de lo fundamental.

Es la vitalidad del Movimiento la que permite que la utilización de sus órganos se acompase al ritmo que

demanda el tiempo, y la que hace posible que el Consejo Nacional se apreste a desempeñar nuevas

funciones en la ininterrumpida línea de perfeccionamiento de nuestras instituciones ahora que nuestra

riqueza material, las realizaciones conseguidas y la garantía de nuestra legislación fundamental, hacen

posible que sigamos avanzando en el asentamiento de la mejor convivencia nacional. Vuestros trabajos y

los que desde ahora vaya realizando el Consejo constituirán una fuente de propuestas y asesoramiento de

extraordinaria utilidad. Con ello prestaremos a España el servicio de depararla otros nuevos veinticinco

años de paz en la confianza fraterna de todos los españoles.

No ha sido bajo el precio pagado para llegar a esta hora. Durante veinticinco años el esfuerzo y sacrificio

de muchos hombres han ido quedando anónimamente en el camino. Yo quiero rendir aquí homenaje de

gratitud a todos los que se han esforzado por lograr estos frutos, a todos los españoles que con unidad y

con su trabajo han hecho posible esta España recobrada; pero de manera especial a todos aquellos que

dieron su vida por esta España mejor, a cuyo sacrificio debemos los españoles el bienestar v la paz que

disfrutamos. Con nuestro recuerdo emocionado pedimos a Dios que tenga en su gloria a todos los que

cayeron por El y por España. (Ovación prolongada ) ¡ Arriba España!

RECOMENDACIONES DEL CONSEJO

Como fruto de sus trabajos, el Consejo Nacional ha creído cumplir con un deber de lealtad a España al

elevar a Franco, con el mayor respeto y adhesión, las siguientes recomendaciones:

I. La obra de fundación política y de ordenación institucional llevada a cabo bajo la magistratura

del Caudillo Franco, logrará su actualización y perfeccionamiento con la unidad sistemática de la

legislación fundamental de la Nación, que ha de basarse en la irreversible legitimidad histórica del 18 de

Julio, en la comunión doctrinal de los principios fundamentales del Movimiento y en la

permanencia de la empresa revolucionaria del Régimen.

II. A tal efecto se considera necesario la vigente legislación fundamental.

III. Se estima de la mayor conveniencia delimitar y concretar las atribuciones y

responsabilidades de la Jefatura del Estado, del Gobierno y del Movimiento como institución distinta por

su propia naturaleza. Y asimismo, establecer sus relaciones con el cometido del Consejo Nacional,

de las Cortes, de las demás instituciones representativas y de éstas entre sí.

IV. El Movimiento Nacional, comunión de todos los españoles en los Principios Fundamentales, en

cuanto servicio y actividad política comprende: la doctrina contenida en aquellos principios en

que se integran los ideales del nacionalsindicalismo y del pensamiento tradicionalista. Una organización

abierta a la totalidad de los españoles, bajo disciplina voluntariamente aceptada, que sirva de cauce a la

realización de aquella doctrina y a la participación política del pueblo y de impulso a la actividad del

Estado.

V. Así entendido, el Movimiento Nacional es base y forma parte integrante del orden constitucional

de la nación y, por consiguiente, debería estar representado en el Consejo del Reino y en las demás

instituciones básicas de la vida política del país. Debe fortalecerse su sentido popular y representativo,

regulando conforme al anterior concepto sus fines y funciones y perfeccionamiento en cuanto sea

preciso sus estructuras.

La unidad doctrinal y la disciplina del Movimiento no exigen necesariamente uniformidad de criterios

sobre lo contingente. El ordenado contraste de pareceres, que nace de los diferentes matices sobre la

programación administrativa y la acción de Gobierno, ha de servir para e! fortalecimiento de aquella

unidad de principios y fines.

VI. Conviene actualizar el sistema de garantías de los Principios Fundamentales, la salvaguarda de las

instituciones y la protección de los derechos públicos de los españoles.

VII. En orden a la activa participación del pueblo en el proceso político, se estima conveniente que los

instrumentos jurídicos en que se afronta el perfeccionamiento institucional a que se refiere esta moción

sean, en el momento en que el Jefe del Estado lo estime oportuno, sometidos a referéndum de la

nación, que constituye una genuina característica del sistema español.

VIII. Todo ello deberá completarse con el desarrollo positivo de los principios ya contenidos en la

legislación fundamental, en orden a los más importantes aspectos de la convivencia nacional.

La reunión plenaria del IX Consejo centraba su interés en tres acontecimientos sensiblemente

emparejados: el discurso del ministro secretario general, el dictamen de la Comisión Primera, encargada

de estudiar las bases de ordenación y funcionamiento del Consejo Nacional del Movimiento. y la

ponencia especial sobre desarrollo político, que ha ocupado el centro de gravedad de los debates

preparatorios. En un período de indiscutible preocupa

ción institucional, los problema relacionados con la regulación jurídica del futuro nacional reúnen

forzosamente el máximo interés.

Quizá nadie haya formulado mejor que "Ecclesia" en su último número un diagnóstico exacto de la

situación política española: "Fruto de los poderes extraordinarios que trajo consigo la situación de 1939,

ha sido ésta una época en la que los elementos creadores y personales primaron sobre los institucionales y

estables. Es cierto que existe en España una preocupación por consolidar los elementos constitucionales

del Estado, nacido, como oportunamente recordó el ponente de la Comisión Primera, señor Abellá, de un

"vacío institucional" que borraba la, siniestra II República. Que el Estado español, alumbrado de la

guerra, haya colmado una gran parte del "vacío" donde tuvo que asentar por fuerza su nacimiento, no

quiere decir que nuestra abierta Constitución esté terminada, sino que la Monar qía católica, social y

representativa que compone el marco establecido por referéndum de nuestro futuro político necesita

instrumentar todos los recursos jurídicos qua hagan posible su realización, porque es en ella "donde mejor

se acomoda nuestra doctrina y se aseguran nuestros principios". El secretario general del Movimiento

planteó desde su propio punto de vista esta preocupación central: "Durante estos años pasados, nuestra

doctrina dio nacimiento a instituciones nuevas, a fórmulas originales de representación, que han logrado

la convivencia; todo ello regulado por una variada legislación, alguna de ella influida por el acontecer del

momento; legislación que ahora nos reclama su perfeccionamiento y actualización." La, última palabra

nos parece la clave de todo este razonamiento. Es preciso "actualizar" a la altura de este cuarto de siglo

del Régimen, las instituciones establecidas por una Constitución que voluntariamente ha permanecido

abierta.

Actualizar en política es siempre aconsejable, pero según el hilo de.l discurso del ministro secretario

general, esta actualización debe hacerse "ahora, cuando Fran, co está con nosotros, con su clarividenrív y

serenidad". Hay que actualizar, por lo tanto, una legislación, y esa sincronización según los criterios del

secretario general del Movimiento, debe hacerse ahora y no más tarde.

Prácticamente esta aspiración de institucionalizar—"la institucionalización es la gran empresa" decía

"Ecclesia" luminosamente—los diversos instrumentos que hoy establecen tanto en el Movimiento, como

en el Estado, su articulación jurídica, se repite un todos los sectores de la vida nacional, y en todos se

presenta con idéntico carácter.

La recomendación número III de la Ponencia especial sobre desarrollo político sitúa con claridad esta

perspectiva futuraria cuando solicita la delimitación de "las atribuciones, y responsabilidades de la

Jefatura de.l Estado, del Gobierno y del Movimiento, como institución distinta por su propia naturaleza".

El anuncio hecho por el propio Jefe del Estado en sus declaraciones al director de A B C de que se

prepara la actualización, y el perfeccionamiento de nuestras instituciones, elaborando otras leyes que

determinen las competencias del Jefe del Estado y del Jefe del Gobierno y del sistema para su

designación, parecen encontrar en los términos de la recomendación del Consejo Nacional una

prolongación hasta la Jefatura del Movimiento, que según el texto aprobado por aclamación en el Consejo

Nacional constituye una "institución distinta por su. propia naturaleza". He aquí un interesante punto de

vista, que los españoles tendremos gran cuidado en estudiar.

El deseo de transformar revolucionariamente las atribuciones actuales del Consejo Nacional y su

"globalización jurídica dentro del marco constituyente de nuestra leyes", la propuesta de que este proceso

institucional quede refrendado por vía de referendum y que se modifique la constitución y el ritmo de

sesiones del actual Consejo Nacional, cierran este capítulo de aspiraciones que el Consejo Nacional del

Movimiento eleva a su Jefe Nacional.

 

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