Razones y experiencias de veinticinco años     
 
 ABC.    06/06/1961.  Página: 41. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

RAZONES Y EXPERIENCIA DE VEINTICINCO AÑOS

Con autoridad que dan veinticinco años de vigencia del régimen, y de cara a un pueblo unido y en orden,

el Jefe del Estado abrió la VII legislatura de las Cortes Españolas con un discurso que se caracteriza por

su claridad y ponderación al enjuiciar las perspectivas históricas desde tan elevada atalaya.

Las razones que legitiman al Estado español son harto sabidas y de nadie ignoradas, pero es obligado

repetirlas porque los enemigos se obstinan en negar a España el derecho a reglamentar su vida política y a

organizar su estructura institucional con pretextos insidiosos, y la cantinela de que no se ajusta a patrones

convencionales ni a postulados liberales que la practica demuestra son, la mayoría de las veces, una

superchería.

Institucionalmente, en España no quedaba nada servible ni válido desde el asalto al Poder por el Frente

Popular, como lo reconocen no sólo los adversarios de aquel conglomerado anárquico, sino quienes

participaron en el complot y fueron sus entusiastas colaboradores. Nació el nuevo Estado de un

movimiento nacional verdadero, de una nación en pie de guerra, referéndum inapelable, con la adhesión

rubricada con la sangre de los mártires y de los héroes. Y la más grave acusación que se nos hace es que

una victoria tan limpiamente ganada no fuese cedida a los vencidos y a sus amigos, para que ellos la

administraran a su gusto y dispusieran cuál había de ser el futuro del país con arreglo a la conveniencia y

al arbitraje de los poderes derrotados.

Si el nuevo Estado partía de la nada, lógica es la preocupación de los vencedores por reconstruirlo bajo el

signo del Alzamiento que le dio vida y al espíritu de la Victoria. Es también natural que cualquiera

configuración adoptada por el nuevo Estado no podía satisfacer a quienes se forjaron la ilusión de

reproducir con vagos cambios y mutaciones escenográficas el mismo régimen republicano que

desapareció en la abyección y en el oprobio. Además, nuestra guerra "no podía encuadrarse en los límites

clásicos y angostos de las simples guerras civiles". "Desde primera hora rebasó el área nacional" y fue

"autorizadamente definida como Cruzada, la guerra justa por excelencia".

Con la terrible experiencia de tantos infortunios sufridos por España en el último siglo y medio, y

presentes en la memoria aleccionadores ejemplos de fuera, se estructuró el nuevo: Estado, con un órgano

superior de participación del pueblo en las tareas de aquél, las Cortes, en expresión y forma de tradicional

democracia. En ellas están´ representadas la familia, el mundo de la producción y del trabajo a través de

los Sindicatos, los Municipios, los Colegios profesionales, las corporaciones culturales y científicas, "en

suma, todo el pueblo español articulado en entidades naturales y profesionales".

Si no tuviéramos razones propias suficientes para rechazar un sistema político al que nuestra patria debe

los mayores males y catástrofes, nos bastarían los ejemplos del exterior, la inseguridad y el desconcierto

en que se debaten las naciones donde prevalece el viejo liberalismo, y la debilidad y desequilibrio de los

poderes asentados en la base movediza del sufragio inorgánico. Nos bastaría oír las lamentaciones de los

santones y oráculos de la democracia, en continua alarma ante graves peligros en que pone al país el

funcionamiento tan complicado de aquélla, su ineficacia y los grandes errores a que les conduce. No

obstante lo cual las naciones más poderosas del llamado mundo libre se obstinan en imponernos sistemas

caducos y desacreditados y recusan como a contaminados a los Gobiernos que no participan de sus

supersticiones, aun cuando, como en el caso de España, tengamos como meta suprema en nuestra

aspiración política la misma que aquéllos ,y un historial de sacrificios y generosidades a la causa de la

civilización cristiana que nos da el título de acreedores, con una deuda de gratitud impagada y unas

promesas que no han sido cumplidas suficientemente.

Todo puede ser debido a que nosotros, como venía a indicar Franco, nos hallamos de vuelta cuando otros

van. "Ellos se encuentran prisioneros de los intereses de los partidos. Intentan apuntalar la casa que se les

viene encima, mientras nosotros levantamos la nuestra sobre la amplitud de nuestro solar."

Nos consideramos con razones, experiencia y cicatrices que nos dan superioridad sobre cuantos pretenden

imponernos su magisterio en cuestiones privativas de nuestra comunidad o tratan de invadir, un área que

no es de su competencia. Tenemos también probado que sabemos luchar y vencer al enemigo universal de

la única manera que puede ser derrotado: "Oponiendo idea a idea, disciplina a disciplina, eficacia a

eficacia, soluciones concretas a promesas utópicas y fronteras libres a telones de acero."

 

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