Suma y compedio     
 
 ABC.    04/11/1959.  Página: 38. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

SUMA Y COMPENDIO

En el acto que ayer se celebró bajo la presidencia del Jefe del Estado, en la sede del Consejo Nacional,

concurren circunstancias que le hacen particularmente interesante para todos los españoles. En modo

alguno puede considerarse como un acto más, intrascendente como otros muchos. Era—creemos—la

primera vez que las provincias españolas acudían en bloque para dar cuenta de la transformación

experimentada en su geografía y en su espíritu en los últimos cuatro lustros. Lo realizado en ellos queda

plasmado en esos tomos, libros de balances, de cuentas ajustadas, que ayer le fueron entregados a Franco.

Cada uno de ellos, individualmente, significa algo; pero no lo suficiente para calibrar la exacta y

verdadera magnitud de una obra. Son todos, en conjunto, los que permiten calificarla con levísimo

margen de error. Cada provincia es sólo un pedazo de tierra que tiene que apoyarse, que unirse

estrechamente a las parcelas—las otras provincias—que están a su alrededor hasta completar el panorama

de una España, una, aunque diversiforme. El gobernante no puede desdeñar a uño de estos terruños

porque sea pobre y volcar su atención y sus desvelos sobre aquel otro, próximo o alejado, que sea rico.

Vaya hacia todos el mismo interés para que el resultado sea armónico, justo y equilibrado.

En su intervención, el ministro secretario general del Movimiento, don José Solís, ha explicado cómo los

españoles de la presente generación, y aun los de generaciones anteriores, son y han sido protagonistas de

una tarea de fundación, crecimiento, desarrollo y prosperidad"; en definitiva, de la España de hoy, que no

es, por razones obvias, la de ayer, aunque en muchas cosas a ella se parezca, y que no es tampoco la de

mañana, aunque sus perfiles sean iguales, si no idénticos. Esta obra de crecimiento y prosperidad

innegables es la que se ha mostrado hoy al Jefe del Estado, rector de los destinos de España en los veinte

años que se iniciaron un día luminoso de primavera, conquistada la paz con la sangre de un millón de

muertos.

Franco ha recibido el balance, el parte de guerra, podríamos decir, como un capitán acostumbrado a tener

noticias de victorias y de derrotas. Y como ,un capitán también se ha dirigido a quienes le acompañaron a

lo largo de todo el camino, para, a su vez, explicar cómo se ha ganado la batalla, cómo hubo enemigos

dentro y fuera de las filas, cómo el desaliento fue ahuyentado cuando prendía en los ánimos y cómo pudo

alcanzarse la meta gracias al espíritu férreo e inquebrantable de unidad de que siempre lucieron gala los

soldados. Sonrió la victoria, que por ser generosa no lo fue sólo para el bando triunfador.

"La victoria—dijo ayer Franco—y su paz han sido para España entera, y esto se ha reflejado en todos los

órdenes de la actividad al correr de éstas dos décadas." Su enumeración completa sería laboriosa. Por eso

el Jefe del Estado se limitó a señalar, con leves pinceladas, lo que era España y lo que hoy es, para que de

este cuadro comparativo pueda deducir cada cual las consecuencias oportunas. Para aquellos que sientan

curiosidad, malsana o bien intencionada, de examinarlo más a fondo, quedan ese medio centenar de

volúmenes, suma y comprendido de lo que ayer se ha hecho y apunte de lo que en lo :porvenir puede

hacerse.

 

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