Autor: Costa Morata, Pedro. 
   Los inalienables derechos del pueblo saharaui     
 
 El País.    11/10/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

INTERNACIONAL

EL PAIS, miércoles 11 de octubre de 1978

TRIBUNA LIBRE

Los inalienables derechos del pueblo saharaui

PEDRO COSTA MORATA

Definitivamente defraudado por la confusión y el escapismo de las explicaciones de Juan Goytisolo sobre

el conflicto del Sahara, liquido esta discusión aún antes de conocer el alcance de este su segundo serial

marroquinero. Gracias a mis limitaciones no poseo el ego sobredimensionado del escritor; por eso

renuncio, sin traumas, a contestar a alusiones personales algo molestas.

Goytisolo pretende confundir Estado y pueblo marroquíes para dar a entender que la identificación es

total en el tema del Sahara y se cree facultado para señalar que la postura pro saharaui, predominante en

España, va contra ese pueblo marroquí. Su descripción de los derechos de algunos pueblos me emociona.

Pero íbamos a hablar del pueblo saharaui y sus derechos y él sigue olvidándose de esto. La deuda del

pueblo español con el marroquí se llama Ceuta y Melilla. La deuda del pueblo español con el saharaui

(extremo que no le interesa) no se podrá saldar manteniendo el Acuerdo de Madrid, sencillamente

criminal, sino buscando la salida de los invasores expansionistas de un territorio robado.

"Marroquización de lo posible"

Parece claro que la base de su postura es la que ya señalé: que Marruecos posee derechos

clarísimos sobre el Sahara occidental y que el Frente Polisario es un falso movimiento de liberación que

sólo sobrevive por el interés argelino en aislar a Marruecos. Si cree que la fotocopia remitida a este

periódico o la lectura de autores no marroquíes fundamentan históricamente la invasión, pues que le

siente bien. Lo que yo pedía —que me explicase su mapa del «Gran Marruecos», con especial dedicación

a Mauritania— no ha tenido satisfacción porque es como para ponerle un cero en fassismo» (de el Fassi,

bien entendido) que diga, sin más, que «una cosa es defender la evidente marroquinidad de Saguiet el

Hamra, Ceuta y Melilla y otra muy distinta la de Mauritania, Malí o el Califato de Córdoba». Esta es la

única muestra de humor en el larguísimo parlamento del amigo de Buccetta. Yo le llamaría la

«marroquización de lo posible» (Tinduf excluido).

El análisis político de la situación e intereses de los pueblos de la región le viene tan grande a Goytisolo

como a sus ínclitos líderes de la oposición marroquí. El nacionalismo se traga a las ideologías y traiciona

a las masas cuando oculta otros intereses. Insisto en que, para mí, el expansionismo marroquí actual es

fascistoide.

Por sus contradicciones y revueltas parece que quisiera confundirme. Dice que no ha escrito jamás algo

que está en la línea 34 de la columna quinta de su artículo de 25-5. sale defensor de una izquierda que

vapulea con obsesión en otras ocasiones y, algo más importante, parece olvidarse de su pasado —

digamos— escepticismo histórico. Y todo ello, supongo, para demostrar la marroquinidad de una tierra

que no puede ser más que de sus amos tradicionales. Reconozco que me deja pasmado leer de su puño y

letra que: «...Las tribus del territorio comprendido entre Cabo Blanco y Tarfaya no dependieron jamás

efectivamente del sultán de Marruecos» (Le Monde Diplomatique, diciembre de 1974). Por razones que

él sólo debe conocer, está claro que el sprint de su marroquización data de entonces a acá.

Referéndum para los saharianos occidentales

No debiera resultar excesivo pedir que Goytisolo fuera de alguna forma consecuente con su anterior

postura: que nunca el Sahara fue marroquí, que debe celebrarse un referéndum para los «saharianos

occidentales» y que esto debe darse sin la presencia de un «ejército invasor» (del artículo citado). La

clave de su cambio está en que antes el referéndum podría haber dado el territorio a Marruecos y ahora

no. Esta actitud no me parece seria ni honesta. Goytisolo se equivoca si cree que con sus seriales va a

hacer que el pueblo español olvide la mala jugada que se hizo al pueblo saharaui, como si esto fuera

incompatible con unas relaciones amistosas con el pueblo marroquí (no con su régimen político). El

distanciamiento físico —y psicológico, a mi entender— del escritor con respecto al pueblo español, junto

a su aproximación al Poder en Marruecos, son la explicación a sus pretensiones. Goytisolo necesita algo

más que habilidad sintáctica para defender una argumentación viciada en la base.

Finalmente diré que me preocupa la inmerecida e inoportuna fama que en Marruecos pueda darme

Goytisolo, con sus citas repetidas, en el caso de que el Ministerio marroquí de Información reproduzca,

otra vez, en cuatro lenguas, sus artículos antisaharauis. Pero que esto no impida que siga apostando por su

causa. A fin de cuentas, todos hemos querido, alguna vez, ser Lawrence de Arabia o Robín de los

Bosques.

 

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