Autor: Costa Morata, Pedro. 
 Reivindicación de la causa saharaui (4). 
 Las izquierdas paralelas     
 
 El País.    01/09/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Reivindicación de la causa saharaui/4

Las izquierdas paralelas

PEDRO COSTA MORATA

El tema de las contradicciones entre las izquierdas española y marroquí no creo que merezca la pena

analizarlo con el ahínco que emplea Goytisolo. Todo lo contrario, lo que sí puede ser interesante es la

descripción de cómo ambas van confluyendo, sobre todo en su integración en el status político de ambos

regímenes y en su despegue (en el caso español) de la causa saharaui.

La izquierda española ahora institucional —PSOE y PCE— ha jugado la carta saharaui por entender que

merecía la pena y por vincularse a una postura antigubernamental, de hecho sintonizada con Marruecos

desde 1975. Ahora, la socialdemocratización (para entendernos) al uso, el abandono de posturas

tercermundistas (nunca sinceramente asumidas) y la aproximación al poder se han impuesto y se ve venir

un cambio espectacular de posiciones (sobre todo por parte del PSOE).

Convergencia entre izquierdas

Esa postura, alabada por Goytisolo, ya expresada por Fernando Morán y consistente en dejar a Marruecos

con su gran bocado territorial y proponer una confederación saharaui-mauritana me resulta un engendro

incalificable, mezcla de declarado pro marroquismo y de mala conciencia. Esta izquierda miope, aquí

como en tantos temas, se desalternativiza, busca la solución marroquí —o sea, lo que hay— y se

marroquiza (entra por el aro y juega el juego de poder, a cambio de mieles y espejismos).

La convergencia entre las izquierdas española y marroquí es asombrosa, tanto en política interna como en

cuanto al Sahara. Una analogía más ha venido a sumarse, con motivo de la crisis canaria: la actitud de

patriotismo acentuado que USFP y PPS adoptaron frente al Sahara haciendo, entre otras cosas, de

embajadores especiales de la causa anexionista (y que suscitó la condena y la ironía de sus homólogos

españoles) ha sido ahora adoptada por el PSOE y el PCE en el tema Canarias, acelerándose su integración

en el status político de la democracia e incrementándose sus contradicciones internas.

Goytisolo se refiere bastante a Canarias, para demostrar, como siempre, la naturaleza diabólica del

régimen de Bumedian, pero se equivoca cuando dice que el problema es cuestión de «torpeza centralista»

(y nada más). Para mí, el tema canario está inscrito en términos de explotación e imperialismo y rebasa el

fenómeno MPAIAC-Cubillo. La actitud del Poder, incluyendo a los partidos de izquierda, va

garantizando problemas crecientes y el incremento del sentimiento independentista. No parece posible

impedir que la OUA (despreciada por Goytisolo y por la izquierda española) asuma el tema canario y

reconozca al MPAIAC como movimiento de liberación. La intervención del Ejército —que Cubillo

anhela— y, sobre todo, la implantación de la famosa base aeronaval (forzosa, evidente y

premeditadamente incluida en el dispositivo de la OTAN) dejará claro a los ojos del continente que el

imperialismo actúa en las islas, en ayuda de España y Marruecos.

Eje París-Madrid-Rabat

A Goytisolo le choca la unanimidad africana en torno a Canarias y la de la izquierda española en torno al

Sahara. A mí me choca la unanimidad de la izquierda española en torno a Canarias y la de la izquierda

marroquí en torno al Sahara. En cualquier caso, es cuestión de someter la ideología —la política— al

nacionalismo o al territorialismo.

Al pasar de las palabras a los hechos, esa «pancarta izquierdista» que ofrecía la bandera del Polisario a los

partidos de izquierda españoles ha servido para que queden como oportunistas, frívolos, mediocres y

eurocentristas. La izquierda española traga y tragará por el eje París-Madrid-Rabat, en pleno auge, como

demuestra el movimiento de personalidades entre las capitales y las orientaciones homogéneas

de estos regímenes. Este eje va contra la alteración del statu quo en la zona (Mediterráneo, Estrecho,

Magreb) y contra, como consecuencia, el Polisario.

No sé qué tipo de izquierdismo —si intelectual o periodístico— hará falta para ver claramente de qué va

el asunto, pero para mí está diáfano. La izquierda marroquí tragó, traga y tragará por ese eje, por el

padrinazgo francés, por el imperialismo yanqui, por la humillación inteligente y feudalesca de Hassan y

por todas las intervenciones que haya que realizar en Zaire o donde se tercie. Su papel histórico ha

desaparecido: la alternativa a un Marruecos distinto puede que esté en la cárcel o en los cuarteles.

Las contradicciones de ambas izquierdas, dentro de sí, que no entre ellas, están pagadas por los birriosos

resultados de las elecciones marroquíes de junio de 1977, en un caso, y por la pérdida acelerada de bases

activas y arraigo obrero en la España alucinada actual, en el otro. Y, por favor, que no se compare al

PSOE con el FLN; al menos éste se hizo con el poder después de una larga lucha armada y aquél se verá

empujado al poder cuando les interese a los poderes fácticos y los padrinos atlánticos. Las comparaciones,

por tratarse de un partido tercermundista, con origen en la insurrección, y de un partido occidental en

decadencia desde 1936, no pueden arrojar mucha luz. En Marruecos, bien entendido, no ocupa el poder

ninguno de los partidos nacionalistas —Istiqlal, USFP, PPS—, sino el rey y sus designios.

 

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