Autor: Costa Morata, Pedro. 
 Reivindicación de la causa saharaui (y 5). 
 Autodeterminación, ¿sí, pero no?     
 
 El País.    02/09/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Reivindicación de la causa saharaui/y 5

Autodeterminación, ¿sí, pero no?

PEDRO COSTA MORATA

El juego de Goytisolo se reduce a admitir —cosa izquierdista, incluso progresista— la autodeterminación

(«teóricamente inobjetable»), pero hacerla inviable a través de una serie de mixtificaciones y dificultades

que rebusca con minuciosidad —esto es, reaccionario—. Para cualquiera es delicado exponer la teoría y

la interpretación del principio de autodeterminación, máxime cuando se quiere eludir lo político; pero no

por ello merece la pena analizarlo.

En su artículo, ya comentado, de 1974 (y que, por cierto, se llamaba Por una auténtica independencia)

proponía un «referéndum libre, garantizado por la comunidad internacional». Ahora apostilla que dicho

referéndum «no implica de modo automático la independencia», sino que puede llevar a la unión con otro

país (¿por qué no decir el nombre?) o al statu quo actual (que no necesita, evidentemente, referéndum...).

Tuaregs, chaambas y tubúes

Parece que ha llovido mucho desde entonces, en la actitud goytisoliana, aunque se trate del Sahara y de

años de sequía (sequía que ayuda a su argumentación mediante la transformación de chaambas y tuaregs

en erguibats...). En ese artículo se pedía que el referéndum se celebrase «sobre todo sin un ejército de

ocupación español», permitiendo a «todos los nativos decir si desean o no la unión con Marruecos».

¡Cómo ha cambiado el señor Goytisolo! Antes se refería a «todos los saharianos occidentales» como

objeto del referéndum, pero ahora dice que no, que tendría que aplicarse a «la totalidad del pueblo

saharaui» y no a unos «cuantos millares de erguibats». La sana intención —que se agradece— de aplicar

el inobjetable principio de la autodeterminación se malea con esa nueva dificultad de meter en el mismo

saco saharaui (peligrosísimo juego de términos y conceptos, ¡cuidado!) a «tuaregs, tubúes y chaambas,

que son los dueños legítimos del vasto espacio sahariana». Esto no es sólo muestra de mala voluntad, sino

de falta de rigor y de consecuencia. ¡Tubúes. chaambas y tuaregs, además de erguibats! ¿No es esto,

precisamente, lo que hubiera deseado el imperialismo y el colonialismo francés de 1961? ¡ Más seriedad,

por favor!

Goytisolo mezcla a discreción los términos saharaui —concepto político— y sahariano —concepto

geográfico— sin darle su valor en cada momento. En 1974 decía saharianos y se refería, expresamente, a

los nativos del Sahara Occidental, señalando que «un Estado sahariano al sur del Aurés habría sido un

Estado fantoche al servicio de los intereses franceses, como un Estado sahariano occidental sería un

Estado fantoche al servicio de los capitalistas españoles». Ahora, reivindicando unos derechos que nadie

le ha encargado defienda (que me corrija si me equivoco) llega a pedir la autodeterminación para las

tribus saharianas (no saharauis, como él dice malévolamente), porque niega la diferenciación geográfico-

cultural del tal pueblo saharaui.

El elemento étnico no es político

La voluntad política importa poco, por lo visto, porque, además, es Argelia la que impone y manipula (la

Argelia que, por cierto, apenas la menciona en su artículo de 1974 y que ahora es objeto de una auténtica

manía persecutoria, digna de mejor causa, por ser la culpable de todo y desde siempre).

¿Podría celebrarse ahora ese referéndum, bajo ocupación militar marroquí? Evidentemente, no; pero a

Goytisolo lo que le preocupa es la diferenciación geográfico-cultural, que surge como obstáculo

insuperable, además de la suerte de tubúes y tuaregs. ¿Estaba informado en 1974 de la existencia de estas

tribus? Parece que han surgido en pleno desierto, desde que el «Gran Marruecos» cubre sus frustraciones

con añadidos territoriales arrancados a oligarquías en lecho de muerte.

El elemento raza no es político, y es peligroso manejarlo. La lucha por la independencia saharaui elimina

las diferencias tribales, de forma auténticamente revolucionaria y ofrece la emancipación política (que no

puede dar la dictadura marroquí) a erguibats y no erguibats. ¿Quién habla de erguibats en el Sahara

Occidental?

Me interesa el descubrimiento de que la mayoría de los acampados en la zona de Tinduf no son

procedentes del Sahara Occidental, sino del sur argelino; podemos ir acompañados de etnólogos de su

confianza a deshacer este malentendido, que me preocupa. Realmente, me interesa discutir otros dos

temas con Goytisolo: la represión en Marruecos y las influencias nazis en la vida y sueños de El Fassi.

Izquierdismo vago, purista y aburguesado

No voy a decir que me da la impresión de que Goytisolo no está ni política ni éticamente en condiciones

de defender la postura marroquí, como él pretende: cada uno defiende lo que le gusta o le interesa.

Además, él expone de forma interesante una postura que ahora triunfa, tratando de consolidar la invasión

(o recuperación, va por gustos), y es importante tener muchas aportaciones cualificadas en un sentido y en

otro. Pero sí creo haber detectado ciertos lazos —amistosos o vivenciales— entre el escritor y los

componentes «históricos» del nacionalismo expansionista (o irredento, no quiero herir) del Istiqlal, lo que

se trasluce en los silencios y contradicciones de sus escritos.

Más me interesa concretar que no es posible demostrar ningún derecho «histórico» que pueda impedir la

autodeterminación y que ésta necesita para su celebración la salida de los ejércitos marroquí y mauritano.

Una mesa de negociaciones y una intervención, mientras, de tropas de la ONU o de la OUA, son

requisitos indispensables para que se recupere la paz en la región. Las consecuencias de que esto no se

cumpla van a las espaldas de Marruecos y de sus padrinos.

Para mí que Goytisolo ha escogido una bandera delicada desde una postura vulnerable. El grado de

compromiso que haya adquirido con los nacionalistas marroquíes sólo él puede valorarlo. Pero a mí me

interesa exponer la falsedad de su argumentación (unos derechos históricos que no sostienen más que los

interesados, una pugna hegemónica entre Argel y Rabat), la inutilidad de sus ataques a la oposición

española (que pronto va a sintonizar con él) y el tratamiento marginalista que le da a la cuestión saharaui.

Siento que a mí no me suscite la visión de Xemaa El Fna lo mismo que a él; su impresión me parece

paternalista, folklórica, colonialista. No es precisamente literatura revolucionaria lo que le inspira este

mundo cruel, estridente e infame que encierra la plaza en cuestión; mis diferentes puntos de vista se

deberán a que no entiendo de literatura. La actitud de Goytisolo, vista desde la perspectiva de un «turista

revolucionario», me parece de izquierdismo vago, purista y aburguesado, llena de contradicciones. No

creo en su conocimiento del Magreb ni en la solidez de su postura pro marroquí. Pero estimo su decidida

toma de posición. La discusión es necesaria porque la verdad es siempre revolucionaria.

 

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