Autor: Silva Muñoz, Federico (JUAN DE ESPAÑA). 
   Sobre el proceso histórico de nuestras relaciones con el Mogreb     
 
 Ya.    28/03/1978.  Página: 5. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

SOBRE EL PROCESO HISTORICO DE NUESTRA RELACIONES CON EL MOGREB

UNO de los síntomas más positivos de que España no quiere reincidir en sus viejas querellas internas es

el tácito y general convenio de la mayoría responsable del país, que se niega a mirar atrás tanto para

añorar cómo para reprochar. Por primera vez en dos siglos, España parece más interesada en el futuro que

en el pasado. El que lo dude no tiene más que meditar un poco sobre los resultados de las últimas

elecciones. Pero el futuro tiene su origen en el pasado. De aquí que la mirada atrás sea a veces inevitable

y otras recomendable. Creo que uno de los casos en que no hay más remedio que recurrir al pasado es el

de nuestra política norteafricana, en la que se encadenan los errores de tal forma que cada uno va

predisponiendo los siguientes:

EL primero de nuestros errores fue la forma de conceder la independencia al antiguo protectorado en

Marruecos. La independencia había llegado el momento de darla, sin duda, pero no en decisión

"repentina", de la noche a la mañana, sin análisis y preparación previa. Cuando en aquellos tiempos

alguien expuso la necesidad de que la independencia fuera acompañada de un tratado, en el que se

definieran intereses y se intentaran evitar futuras fricciones, quien lo expuso recibió la respuesta de que

no interesaban tratados, porque los tratados atan, y el Estado español aspiraba a "tener las manos libres"

para extender su influencia al antiguo Marruecos francés. No hace falta recurrir a los acontecimientos

posteriores para mostrar el error de tan asombrosa visión política, visión que sólo pudo prevalecer en un

país en el que no se admitía la critica ni la réplica.

NO me detengo en la serie de incidentes y dificultades que matizaron la puesta en práctica de una

cesión de poderes hecha con tal "desinterés" que asombra al diplomático más simple. Voy a pasar a Ifni,

señalando que, ante el "desprendimiento" español que se acaba de citar, la cuestión de la retrocesión del

territorio debía haber sido planteada por el Rey Hassan en otros términos. Porque lo que ocurrió en Ifni

fue que, en lugar de negociar la cesión, desde Marruecos se realizó un ataque militar contra España.

Como es sabido, nos hicieron muchas bajas. La decisión de la política española fue abandonar todo el

territorio al atacante, con la excepción de la capital y su puerto. Ante esto, que en cierto modo puede

tomarse como una derrota, no parecía digno negociar la cesión del territorio sin antes exigir que las

guerrillas y fuerzas regulares marroquíes le abandonaran, para restablecer la ocupación española. Nuestro

país no debió permitir nunca que pareciera que nos echaban de Ifni (así lo interpretó gran parte de la

prensa extranjera, que publicaba significativas fotografías del Ejército español). Y no piense el lector que

el que esto escribe habla a través del orgullo herido. Profundo pacifista y convencido de que la mayoría

de las guerras resultan inútiles (no se suele alcanzar lo que se pretendía), soy amante del diálogo y buenos

modos. Pero la historia dice que ciertas cesiones (Munich) en cuanto signo de debilidad invitan a la

agresión posterior. Presionado para que obrara civilizadamente, el hábil monarca marroquí habría cedido,

porque no podía embarcarse en ninguna guerra formal. La situación de su pais era muy difícil.

LA cesión española en Ifni (me refiero a la forma, no a la cesión en sí) sirvió de incitación para que se nos

hostigara en el Sahara. Es ésta una historia reciente con diversos protagonistas, que no encuentro

necesario repetir, que terminó con una vergonzosa "marcha verde", en la que hay motivos suficientes para

creer que las fronteras españolas fueron violadas, con la aquiescencia previa de nuestra política, incapaz

de comprender que ningún país europeo habría consentido tal violación, y que incluso la promesa previa

de entregar el Sáhara

Juan DE ESPAÑA

(Continúa en pág. sigte.)

(Viene de la pág. anterior)

si la "marcha verde" no se efectuara hubiera sido más digna que semejante cesión del principio de

soberanía. También hubo incapacidad para comprender que el Rey Hassan. aunque "faroleaba" muy

fuerte impulsado por la "necesidad", seguía no estando en condiciones de arriesgarse en una guerra en la

que lo único seguro era que perdería su trono. Ese habilísimo político que es Has-san está acostumbrado a

apostar fuerte, pero sin dejar la apuesta sobre la mesa y siempre en condiciones de retirarse si el contrario

está dispuesto a aceptar el reto. Asombra que determinados políticos, con experiencia africana, fueran

manejados por él con tanta facilidad.

EL, Rey de Marruecos no podía arriesgarse en una guerra, ni contra España ni contra Argelia. Algo

similar le ocurría y ocurre a Bumedian, que en el Sahara trató de provocar el choque de nuestras fuerzas

con las marroquíes para obtener beneficios sin exponer nada. La jugada le salió mal, y en cierto sentido se

puede decir que los argelinos se buscaron la entrega del Sahara a Marruecos. Les salió mal la jugada,

quizá no sólo porque Hassan les supera en astucia política, sino porque eran "socialistas".

ERA conveniente exponer lo anterior para aclarar la afirmación de mi artículo precedente de que a

Argelia le conviene crearnos problemas a Canarias, y a Marruecos (cuya agenda de reivindicaciones a

costa de España no está cerrada) que los tengamos creados por otros. De aquí que en la OUA no

dispongamos de ningún verdadero defensor. En cuanto a la solución del problema, creo que no es tan

importante enviar comisiones de protesta a distintas partes de África como plantear adecuadamente

nuestras relaciones con los dos países del Mogreb. Los dos son sensibles a los planteamientos claros y

respetan la inteligencia po1ítica. Aparentar que se carece de ella y jugar a la indecisión, como hemos

hecho durante más de veinte años, constituye una fuerte tentación incluso para los amigos. Esto es así en

el mundo de la política como en el de los negocios. A pesar de la amistad (de la del Rey Hassan, por

ejemplo, no dudo), las cuerdas se rompen siempre por el punto, menos resistente. La misma actitud de

Francia, cuyos intereses en el norte de África parecen no coincidir con los nuestros (algunos piensan que

las diferencias afectan a Canarias), requiere una sana clarificación de posturas. Porque quizá aquí, como

en otras "fricciones" con nuestros vecinos del norte, las diferencias objetivas son mínimas y de los malos

entendidos no es culpable sólo una parte. En cualquier caso, las situaciones de incomprensión mutua

siempre. han sido dañinas para Francia y para España.

EMPECE presentando como signo esperanzador de carácter general el hecho de que la España de hoy no

mira atrás. Creo que nuestra política en el Mogreb debe plantearse con visión de futuro, clara e

inteligentemente, sin miedo a romper tabúes, para que se rompa la cadena de fatalidades, de la que sólo

hemos dado algunas muestras recientes, y pueda florecer plenamente el futuro natural de esa afinidad que

nos une a los pueblos árabes vecinos.

Juan DE ESPAÑA

 

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