Autor: Fernández Palacio, Martín. 
   Ofensa a un país     
 
 El Imparcial.    29/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Ofensa a un país

SEÑOR embajador: Ha llegado a mis manos la fotocopia de un escrito atribuido al señor Yaker que usted

ha distribuido a los senadores con una tarjeta suya. No me cabe duda de que ello representa un endoso de

cuantas afirmaciones contiene el alegato del primer vicepresidente de la Asamblea Popular Nacional

argelina. Su régimen político, nada democrático, de partido único no permite ningún tipo de sutileza y,

por consiguiente, las tesis que en ese documento se contienen aparecen como tesis del Gobierno argelino.

Permítame que le diga que, una vez más, el comportamiento de Argelia me parece intolerable, y, más

concretamente de su embajador en Madrid.

Si los artículos publicados en un periódico argelino, órgano del FLN, han sido calificados por el Gobierno

y la oposición españoles como una intolerable injerencia en los asuntos internos de España y una

violación de las normas más elementales del Derecho internacional, el que nos envíe ahora este escrito

explicando cuál debe ser el comportamiento de España respecto del Sahara occidental y del Magreb y que

nos venga a definir las acciones que aconsejan los intereses nacionales de mi país, me parece que no

solamente excede las funciones más elementales de cualquier diplomático, sino que incluso va más allá

de lo que corresponde a cualquier ciudadano extranjero que disfrute de la hospitalidad española.

Ya comprenderá usted que en una nación democrática como España son constantes los motivos de queja

que tenemos contra Argelia, y ello no sólo por las injurias que nos han prodigado últimamente, sino por la

ofensa permanente que para un país como el nuestro, donde se respeta la Ley, los derechos y las garantías

de la persona humana, supone el que en Argelia, como acaba de dejar bien patente una asociación de

tanto prestigio universal como Amnesty International, se violen constantemente los derechos humanos.

Hasta ahora, porque los españoles queríamos mantener unas relaciones cordiales con Argelia, porque no

queríamos mezclarnos en sus asuntos internos, porque buscábamos el equilibrio y la seguridad en la

región, no nos habíamos preguntado públicamente, aunque sí muchas veces en el fuero interno, cómo es

posible que allí se dé la más absoluta falta de libertad y se desconozca el respeto más elemental de las

garantías exigibles en cualquier nación civilizada.

Se equivoca usted, señor embajador, si cree que por medio de estos escritos va a conseguir atraerse a

aquella parte de la población española que hasta hoy pudiera haberse sentido solidaria del proceso

revolucionario argelino. España es una nación con dignidad, deseosa de mantener unas relaciones

cordiales con los demás países, en especial con los vecinos, pero que no tolera ni tolerará jamás

injerencias como las que usted viene practicando.

Atentamente,

MARTIN FERNANDEZ PALACIOS

(Senador por Vizcaya.)

 

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