La política exterior se hizo desde Presidencia del Gobierno. 
 Areilza: "El primer gobierno de la monarquía se encontró ante unos hechos consumados"     
 
 El País.    15/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

"La política exterior se hizo desde Presidencia del Gobierno"

Areilza: "E1 primer Gobierno de la Monarquía se encontró ante unos hechos consumados"

El ex ministro de Asuntos Exteriores José María de Areilza cerró ayer la sesión informativa del Congreso

sobre el proceso de descolonización del Sahara afirmando que España optó por el «desenganche» del

territorio, «no por un acto de irresponsabilidad, sino que la fuerza y el fatalismo puso al primer Gobierno

de la Monarquía ante unos hechos consumados que habían de aceptar o contrarrestar».

Estas frases resumen bien el contenido de la declaración del señor Areilza ante la Comisión de Relaciones

Exteriores del Congreso, que contaba a últimas horas de la tarde de ayer con una muy escasa asistencia de

diputados.

El señor Areilza en sus palabras resaltó las siguientes ideas: «La herencia del problema, la existencia de

hechos consumados, la historia de la participación española en el Sahara, la ubicación geopolítica del

territorio y su deseo de conseguir para la población saharaui la autodeterminación, aún pendiente.»

El señor Areilza recordó que los acuerdos de Madrid (firmados exactamente un mes antes de su llegada al

Gobierno) incluían la idea de que «la opinión de la población saharaui tendría que ser respetada y

expresada a través de la Yemaa. Señaló que en su opinión ello respetaba el principio de

autodeterminación.

Por otra parte, recordó cómo el 19 de enero pidió al secretario general de las Naciones Unidas que enviara

al territorio del Sahara un representante de la ONU para redactar un informe sobre la viabilidad o no del

referéndum en el Sahara en el momento en el que se había iniciado el traspaso de administración de

España a Marruecos y Mauritania.

Recordó que el embajador Rydbeck llegó a Madrid el 5 de febrero con esta misión y se trasladó al Sahara

para recoger información y redactar su informe sin contar con el apoyo de Rabat y Nouakchott. El señor

Areilza habla del resultado de esta visita refiriéndose a una entrevista que mantuvo en Zurich el 23 de

febrero con Kurt Waldeim, secretario general de la ONU, para analizar la situación del Sahara.

Según palabras del señor Areilza, Waldheim se oponía a la presencia de un representante de la ONU en el

territorio para ocupar una administración temporal, porque decía que ello podría comprometer a la

Organización en una sesión más o menos manipulada de la Yemaa que intentara servir como referéndum

sobre la soberanía.

Entrevista con Laraki

El ex ministro habló también de una entrevista «casi sorpresiva» que mantuvo en Madrid con el entonces

jefe de la diplomacia marroquí, señor Laraki. Dijo que Laraki no estaba de acuerdo con la interpretación

que España había hecho en la ONU de la declaración de Madrid con vistas a que las Naciones Unidas

ocuparan la soberanía y que ésta ya había sido transferida por España a Marruecos y Mauritania en virtud

de aquel acuerdo.

Areilza afirmó que él replicó a Laraki diciendo que España sólo había cedido «la administración

temporal» de manera compartida y no la soberanía.

En esta entrevista, realizada el 14 de febrero, se aclararon las posiciones de nuestro Gobierno y se dijo a

Laraki que no dábamos por terminado el proceso de descolonización hasta no consultar la opinión del

pueblo saharaui.

José María de Areilza pasó después a resumir lo que calificó los planos del escenario del proceso de

descolonización. Habló de la situación geopolítica, geográfica, histórica y étnica del Sahara, mencionando

además sus riquezas y el paso de la colonización española.

Declaró aquí que nunca comprendió la declaración de la ley de descolonización del Sahara aprobada por

las Cortes, en la que se decía que el Sahara no fue nunca español.

Sobre la situación geopolítica hizo una declaración interesante relativa a la entrevista que mantuvo en

París el 20 de diciembre de 1975 con el ministro de Asuntos Exteriores de Argelia, Boutefflika. Añadió

que en la entrevista el mi-nistro argelino hizo un largo y apasionado alegato contra la declaración de

Madrid, que Argelia consideró como una traición a la buena amistad hispano-argelina.

Recordó Areilza que Boutefflika habló con pasión y dijo que su dialéctica no defendía sólo la causa del

pueblo saharaui, sino que incluía la protesta por el encierro de su país, que geográficamente hacía la

declaración de Madrid al verse envuelto en una frontera común de miles de kilómetros por un territorio

hostil.

El señor Areilza sacó como conclusión esencial de su intervención sobre el tema del Sahara que la

política exterior española debe buscar la armonía y entendimiento entre los pueblos del gran Magreb.

Respuestas de Areilza

«En el tema concreto del Sahara y especialmente en las últimas semanas anteriores a los acuerdos de

Madrid, la política exterior se hizo desde Presidencia del Gobierno y no desde el palacio de Santa Cruz»,

dijo Areilza en el turno de preguntas El conde de Motrico dijo esta frase apoyando otra suya según la cual

cuando tomó posesión como jefe de la diplomacia española no encontró en las dependencias de su

Ministerio el texto original de los Acuerdos de Madrid.

UCD y Socialistas del Congreso preguntaron a Areilza por qué no se habían publicado los citados

acuerdos, a lo que el ex ministro respondió que no eran un tratado formal entre países sino una

declaración de principios entre tres jefes de Gobierno, por lo que la iniciativa de la publicación de

aquéllas sólo correspondió al ex primer ministro Carlos Arias. Areilza informó que en repetidas ocasiones

había instado a Arias para que éste presentase los acuerdos ante las antiguas Cortes y los publicase, a lo

que «éste se negó sistemáticamente y en redondo».

«Kissinger se mostró poco interesado por el tema del Sahara. Le pareció incluso bien que España se

desinteresase paulatinamente del tema, habida cuenta que el secretario de Estado norteamericano

consideraba más importante la consolidación de la incipiente monarquía.

 

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