Autor: Laroussi, Ahmed. 
   El Sahara y el error de la izquierda española     
 
 El País.    07/10/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL PAÍS, viernes 7 de octubre de 1977

TRIBUNA LIBRE

El Sahara y el error de la izquierda española

AHMED LAROUSSI

Redactor de «L´Opinion»

Demostrando una grave ignorancia de las realidades políticas e históricas marroquíes, la izquierda

española continúa considerando obstinadamente las provincias saharianas de Marruecos con las

anteojeras del régimen de Argel. Está lamentable tenacidad en el error se ha manifestado repetidas veces a

través de declaraciones y tomas de postura de las organizaciones de izquierda en España, tal como

muestra el último comunicado común firmado por los principales partidos de la oposición, es decir, el

PSOE del señor Felipe González, el Partido Comunista del señor Santiago Carrillo, el Partido Socialista

Popular del profesor Tierno Galván, etcétera. En este comunicado, las formaciones citadas volvían a

poner en cuestión de manera categórica el acuerdo tripartito hispano-marroquí-mauritano de Madrid del

14 de noviembre de 1975 sobre el Sahara, acuerdo que, conviene recordar, ha sido ratificado por la ONU.

Revelando en este caso una concepción muy extraña de la dinámica histórica, los partidos de la izquierda

española niegan toda legitimidad a Marruecos y a Mauritania sobre sus provincias saharianas. Creyendo

haber descubierto una nueva causa tercermundista «noble», esta izquierda, en realidad, no cesa de hacer

suyas imperturbablemente las tesis prefabricadas del régimen de Argelia, sin cuidarse de verificar la

autenticidad o la veracidad de los dossiers que sé les presentan, ¿qué importan la verdad o el derecho si de

un lado hay una monarquía, por tanto, necesariamente reaccionaria, y del otro los «socialistas» argelinos

progresistas y revolucionarios? Basándose así en un esquematismo ciego que engloba a la vez la cuestión

de la unidad territorial de Marruecos y los juicios de valor sobre su régimen político, la izquierda

española escamotea completamente la problemática maghrebina. En efecto, seguros en su visión

maniquea, los demócratas españoles no dudan en sostener la tesis de un «pueblo-nación» saharaui creado

en el tiempo récord de dos años. «Entidad nacional autónoma» que no es de hecho más que una

confederación tribal. A este respecto conviene recordar lo que ha dicho el eminente historiador marroquí

Abdallah Laroui, hombre de izquierdas: «expresar una ambición tribal, suma totalmente normal en un

medio desértico, en términos de nacionalismo saharaui es una impostura con la que no estamos dispuestos

a colaborar. El territorio del Sahara no podría pertenecer en exclusividad a una confederación tribal, ni

siquiera a la totalidad de las que lo nomadizan; los derechos de sus habitantes ciertamente deben ser

defendidos, pero no hasta el punto de caer en la utopía de los «Estados tribales». Consecuencia que sería

bastante paradójica si, al mismo tiempo, ello se le niega al «estado-nación», añadiendo «en la hipótesis

extrema de que, como el caso de los Frytheens, los saharauis hubieran probado una auténtica voluntad de

autonomía, seguiría siendo sólo un movimiento separatista que, para ser creíble, debería afirmar su

independencia de cara a todos. Sus jefes deberían demostrar que no sirven esencialmente a los enemigos

de la nación de la cual se quieren separar. O si no, ¿dónde está la prueba de que los pretendidos

nacionalistas son libres en sus movimientos? Si se dice que son demasiado débiles para defenderse por sí

mismos, se vuelve al punto de partida y se reconoce su incapacidad para organizarse en Estado

autónomo».

Hoy, después de haber ignorado el problema del Sahara durante decenios, época en que las fuerzas

nacionalistas marroquíes no cesaban de reivindicar legítimamente las provincias saharianas, la izquierda

española descubre de pronto (a remolque de la derecha, no hace falta recordarlo) el asunto del Sahara y se

lanza febrilmente al respaldo incondicional de un supuesto movimiento de liberación creado gracias a los

cuidados del régimen de Argel. Descubrimiento bien tardío, pues en 1974 este problema del Sahara no

figuraba ni siquiera en el programa de la Junta Democrática española. Sin embargo, de inmediato, la

verdad sólo sale de la boca del coronel Bou-median, y todos los medios valen para contestar la irrefutable

realidad histórica, jurídica, política y económica de la presencia de Marruecos en sus provincias del

Sahara. Pero quizá sea necesario, de cara a todos aquellos que parecen estar tan mal informados de los

hechos magrebís, recordar lo que decía el jefe de! Estado argelino sobre el Sahara con motivo de la

reunión de la liga de los Estados árabes en octubre de 1974 en Rabat. El coronel Boumedian decía

textualmente esto: «El problema interesa en lo sucesivo a Mauritania y a Marruecos. Digo

que estoy de acuerdo y que no existe ningún problema al respecto..., si los hermanos presidente y rey

consagran esta fórmula para la entente entre los dos países... para iniciar la liberación y la delimitación de

lo que vaya a ser la zona marroquí y la zona mauritana, yo estaré entre los que consagren esta fórmula...

Nosotros estamos con Marruecos y Mauritania por la liberación de cada parcela de tierra, no sólo del

Sahara occidental o del Sahara todavía bajo dominación española, sino también en lo que se refiere a

Ceuta, Melilla y todas las islas todavía bajo dominación española...» ¡No se puede ser más explícito! A

señalar, para aclarar ¡a linterna de aquellos a los que se ha dado gato por libre tan hábilmente, el hecho de

que el jefe del Estado argelino no evocara ni una sola vez la existencia de un «pueblo saharaui» ni de un

«Polisario», todo lo cual no impide que, a pesar de este tipo de acrobacias indignas de un régimen que

pretende ser un ejemplo dentro del tercer mundo, la prensa española cercana a los medios de izquierda,

aún reconociendo ciertas disensiones internas dentro del Polisario y sus repetidos fracasos diplomáticos,

siga ha: blando de imaginarias deserciones y de incorporaciones de soldados marroquíes al «Polisario»,

dé la cifra irrisoria de 8.000 soldados marroquíes muertos en el Sahara, y no dude en referir las amenazas

proferidas por el «Polisario» contra los camioneros españoles que trabajan en los fosfatos de Bu-Craa.

En lugar de movilizarse en favor de una causa fatalmente abocada al fracaso, dado que está viciada en su

mismo origen, harían mejor esos sectores de la izquierda española hablando, aunque fuera en sordina, de

Ceuta y Melilla. ¿Dónde están entonces los nobles principios anticolonialistas? ¿Por qué este extraño

silencie sobre las dos ciudades marroquíes? ¿Lo que es válido por Gibraltar puede no serlo en el caso de

Ceuta y Melilla? ¿Estará el PSOE, por ejemplo, más a la derecha que Fraga Iribarne? Pero si quizá se

prefiere plegarse a determinadas presiones, la coyuntura ¡obligaría a tantas cosas! Como, por ejemplo, la

intensa campaña antimarroquí en las Canarias; campaña que une implícitamente la soberanía marroquí

sobre sus provincias saharianas a las dificultades inherentes a la estructura capitalista de la industria de

pesca canaria.

En lugar de comprometerse con una causa cada día, socavada por sus contradicciones, los partidarios del

Polisario harían mejor dando la palabra a los auténticos revolucionarios, los palestinos, a los que se ha

condenado al más indelicado de los ostracismos a raíz del famoso congreso del partido del señor

González.

Para acabar, diré que es desolador para todos los que entre nosotros celebran con viva simpatía la llegada

de la democracia a España y para el combate cotidiano de la izquierda española por abatir las abyectas

secuelas de la dictadura franquista, el ver cómo estos demócratas españoles vuelven a caer en los mismos

errores cometidos por sus antecesores de la época de la guerra del Rif, cuando los excesos del

colonialismo español fueron lamentablemente avalados por los partidos republicanos. ¿Cuarenta años más

tarde se va todavía a dejar que subsista la misma desgraciada equivocación?

 

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