Autor: Marco Linares, Victoria. 
 Lo que no se dijo del Sahara (VIII). 
 Algunos absurdos     
 
 El Alcázar.    28/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 21. 

Lo que no se dijo del Sahara (VIII)

ALGUNOS ABSURDOS

Más aún, cuantas veces he cambiado impresiones con jefes, oficiales, suboficiales y hasta simples

soldados de las distintas fuerzas del Sahara, he comprobado que, al menos un 95 por ciento de ellos,

hubieran preferido acabar de una vez con las pretensiones anexionistas del adversario, entendiendo que un

acuerdo con Rabat sólo aplazaría un enfrentamiento, pero sin evitarlo antes o después.

Y en cuanto a ese cinco por ciento propicios a un tratado, supe después que por alguna razón de afinidad,

vínculos familiares o cualquier otro motivo, era lógica su tendencia promarroquí, aunque procedieran de

buena fe cumpliendo órdenes sin otro interés que el de servir tal como creían deber hacerlo, pero en

aquellos momentos que la gravedad del Caudillo hacía más críticos, eran trascendentales los contactos y

las opiniones de cuantos tenían que convencernos de no haber más salidas que la de un acuerdo con

Marruecos.

¿INJUSTICIAS DELIBERADAS?

Además, por si algo faltaba, se prodigó el desatino o la injusticia haciendo resentidos y descontentos.

Tal fue lo ocurrido a un nativo que habiendo luchado muchos años junto a Espzúla hasta lograr una

importante graduación en el Ejército, no conseguía una vivienda para él y sus 10 hijos, aunque se habían

distribuido muchas en Aaiún. Supe después que al cabo de dos años, su petición no había sido cursada

siquiera, pero siempre se le respondía que si había injusticia sería culpa del Gobierno español que no

atendía sus necesidades.

O como en el caso de las telefonistas de Aaiún, a las que se anunció la concesión de la Gran Cruz de

África ante el sentido de responsabilidad demostrado con ocasión de unas llamadas anunciando la

colocación de ciertas cargas explosivas en el edificio, en que al igual que los funcionarios de Radio

Sahara, que estaban un piso más arriba, o los de Correos, también instalados en estrecha vecindad, se

negaron a abandonar sus respectivos puestos para que no sé interrumpieran los servicios, aguantando a

pie firme el riesgo de una explosión.

Pero si bien es cierto que en dos ocasiones posteriores hubo imposiciones de la mencionada Cruz, jamás

recibieron las que les habían anunciado, y que hubieran sido muy justamente otorgadas.

Sin embargo, aún fue peor lo de las felicitaciones procedentes de Madrid con destino a nuestras Fuerzas,

tras cumplir cualquier acción meritoria de tantas como se prodigaron, porque aquellas felicitaciones iban

condicionadas al silencio para que no trascendiesen y no pudieran "herir" la susceptibilidad de aquellos

adversarios que a veces, tras alguna de tantas violaciones fronterizas como hubimos de soportar, costaban

la vida de uno o varios de nuestros soldados.

Hasta hubo ciertos inconvenientes en la concesión de unas cruces que ni podían tener distintivo blanco,

porque se ganaron en un enfrentamiento que nosotros no iniciamos, ni se consideraban oportunas con el

distintivo rojo que les correspondía, porque hubiera evidenciado cómo se merecieron, ya que al parecer,

no se estimaba muy conveniente al no existir "oficialmente" ningún conflicto armado con nuestros

vecinos fronterizos, reconocido no obstante en las notas oficiales, como la emitida con motivo del ataque

marroquí a Haussa, que duró 25 minutos y fue realizado con numerosas armas automáticas, lanzagranadas

y cohetes, costando la vida al cabo paracaidista Joaquín Ibarz.

A veces en Aaiún me pregunté si es que se estaba tocando el violón al respecto o tanta incongruencia y

desatino no eran más deliberados que casuales.

AL MARGEN DEL CAUDILLO Y DEL PRINCIPE

Ello explicaría que al día siguiente de la visita del Príncipe, a la puerta de la Delegación Gubernativa dos

individuos comentasen:

Ya veremos qué hay luego de la dignidad prometida.

¿Acaso se sabía de antemano que se procuraría ofenderla?

Una de tantas teorías pretende que el futuro del Sahara estaba ya trazado de antemano, pero que la

operación estuviese prevista no quiere decir, corno se ha pretendido, que estuviera sancionada con

anterioridad por el Caudillo, aunque aquel verano refiriéndose al Sahara afirmase: "Hay que evitar una

guerra". Que éste hubiera sido el deseo de una gran mayoría parece muy posible, pero desde luego

procurando evitarla eficaz y definitivamente, porque con tal adversario la prudencia sólo podría ser

interpretada como debilidad ante su coacción.

Por tanto, los vidrios rotos del Sahara no deben ser imputados ni al Caudillo ni al Príncipe.

Igualmente, por diferentes medios de indudable veracidad, he sabido recientemente que la casi totalidad

del Gobierno, y especialmente el presidente Arias, junto con Cortina Mauri, querían la autodeterminación

saharaui.

Fue sin embargo la actitud del Polisario en mayo de 1975, cuando la visita de la ONU en que la ingratitud

hacia España se reflejó en aquellas manifestaciones, lo que abrió para Marruecos el camino de un

acuerdo, porque ello dio lugar a un argumento irrebatible que yo también compartí entonces. El Sahara no

justificaba ya la pérdida de una sola vida española.

TODO FAVORECERÍA LA AMBICIÓN MARROQUÍ

Ahora bien, esto no se refería más que a la conveniencia de un abandonismo, por así decir, pero no de un

entreguismo transfiriendo un territorio del que tampoco teníamos derecho a disponer.

Sin embargo, igual que las actitudes del Polisario se debieron en gran parte a filtraciones de elementos

marroquíes que pretendiendo ser saharauís trabajaban para Rabat, se aprovechó también la misma

conyuntura por aquellos grupos económicos que presionaban en las altas esferas para lograr un

entendimiento entre España y Marruecos, según habían publicado algunos diarios de Madrid el 17 de

octubre anterior, creando una mentalización "pro-marroquí" secundada por una serie de personalidades

para propiciar un clima favorable al acuerdo, pero no descuidando dar la impresión de obedecer así la

pauta marcada por el propio Gobierno.

En cuanto a la intervención de Solís cuando al regreso de Marrakech hiciera comentarios sobre: "Aquel

gran pueblo, aquel gran rey", al ser interrogado en el propio aeropuerto, afirmó que su viaje no había

obedecido a ninguna iniciativa personal, sino a un mandato que le había correspondido cumplir a él

dentro del equipo que integraba y así se admitió entonces como verosímil, pero actualmente, en el número

25 de la revista "Interviú", aparecida entre el 4 y el 10 de noviembre último, declara con la misma

espontaneidad: "Consideré que eran preferibles el diálogo y el intento de comprensión que llegar a un

enfrentamiento. Así se llegó a un acuerdo amistoso. Yo me ofrecí, se me concedió, y, en fin..."

En una palabra, entre tantos factores, se favoreció un clima inexistente semejante a otro que en 1931,

partiendo también de un error, afirmó que "España se acostó monárquica y se levantó republicana". Es

decir, creó una situación totalmente falsa e irreversible, igual que la consigna de salir del Sahara, puesto

que no merecía sacrificar vidas españolas, y como si junto con el Sahara, no contasen tampoco Ceuta,

Melilla y las mismísimas islas Canarias.

Texto y Fotos: Victoria MARCO UÑARES

 

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