Autor: Chamorro Martínez, Manuel. 
   ¿Interesa a Espña su ingreso en la OTAN?  :   
 Preocupa en este organismo la "democratización" de algunos ejércitos. 
 El Alcázar.    28/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Interesa a España su ingreso en la OTAN?

Preocupa en este organismo la "democratización" de algunos ejércitos

Mas la realidad es, por otra parte, que si los comunistas italianos compartiendo el poder puede asustar a

Washingthon, también es cierto que puede asustar a Moscú, ante la posibilidad de que se comporten en

demócrata. Otra cosa serían los comunistas franceses. A este respecto, el candidato por entonces a la

Presidencia de los Estados Unidos, Jimmy Cárter, formulaba el siguiente comentario no exento de razón:

"¿por qué Washingthon se empeña en rechazar a los comunistas elegidos democráticamente y, sin

embargo, negocia con Breznef sin reparo alguno?". Como puede observarse, la cosa no está clara, ni

mucho menos, sobre esta cuestión en Estados Unidos y más aún después de la elección del Presidente

Cárter, como después veremos.

Por lo que se refiere a los sindicalismos militares —tan enlazado este asunto con el anterior—, la preocu-

pación que reina en los dirigentes militares de la NATO respecto a la "democratización" que se observa

en el seno de algunos Ejércitos Occidentales, no deja de ofrecer también sus correspondientes reservas. El

general norteamericano Alexander Haig jefe de las Fuerzas Militares de la OTAN en Europa, en una

entrevista concedida recientemente a un corresponsal de ABC decía que "el caso era particularmente

grave en el Ejército holandés, donde domina la poderosa VVDM., Sindicato Izquierdista Militar, con

intervenciones frecuentes que obligan a desdecirse muchas veces a los oficiales en determinadas

órdenes". Y agregaba: "si bien esos movimientos sindicales no han prosperado todavía en los Ejércitos

americano, británico y alemán, sin embargo, han tenido cierto éxito en Bélgica, Holanda e incluso en

Francia e Italia". El secretario de Estado para la Defensa en Francia, general Bigeard, comentaba no hace

mucho: "Algunas de las reformas que estos Sindicatos piden son convenientes, pero muchos oficiales

temen que, de proliferar estos movimientos, convertirían nuestros Ejércitos en auténticos tigres de papel

en caso de guerra".

Por lo que respecta a la expansión soviética, la NATO la sigue con especial interés y no deja de

considerar el peligro que representa el que, frente a los, cuatro millones y medio de soldados que

encuadran las Fuerzas Armadas de la URSS, los Estados Unidos y aliados, solo cuentan con dos millones.

Análogamente, en tanto en cuanto los Presupuestos de Defensa de Moscú se incrementan año tras año y

ya consumen casi el 15% de su PNB, los de Defensa Occidentales, con unas economías castigadas por la

inflación, disminuyen de forma ininterrumpida. Como es natural, este esfuerzo soviético se ha traducido

en una notable superioridad del Pacto de Varsovia sobre la OTAN, hasta el punto de afirmar el general

belga Robert Cióse, "que el Pacto de Varsovia podría llegar al Rin en cuarenta y ocho horas".

Sin embargo, a estas elucubraciones pesimistas tenemos que objetar nosotros que si bien es verdad que la

URSS, y satélites, arrollan con la ola humana y masa de carros de combate de que disponen, no es menos

cierto que los carros son ya muy vulnerables como demostró la "guerra del Kipur" y que las nuevas

tendencias apuntan desde algún tiempo hacia los "mísiles tácticos" como arma muy manejable y

terriblemente eficaz contra carros y aviones. A este propósito, consideramos que la NATO cuenta entre

1.000 y 1.500 armas tácticas nucleares sólo en el Mediterráneo, lo que nos obliga a reconocer que

Norteamérica y sus aliados están por delante en estas armas del Pacto de Varsovia. Por eso, el cuadro tan

oscuro que nos pretenden presentar ciertos agoreros de la estrategia militar, en una buena parte tiene el

noble fin de contribuir a inyectar aliento a la Alianza Atlántica.

Esto no es óbice para que la OTAN tenga el deber de mirar con cierto recelo cuanto sucede en el área de

su competencia en Europa y que evolucione conforme a los acontecimientos, adaptándose a las

circunstancias de cada momento. Y buena prueba de que así procede nos la ofrece el gran interés con el

que sigue el futuro inmediato de Yugoslavia y España.

Yugoslavia, centrada en el mismo corazón de los Balkanes, tiene una privilegiada situación estratégica.

Rodeada por Albania, Rumania, Hungría, Austria, Grecia e Italia, una influencia de Moscú a la muerte de

Tito, ampliaría la frontera directa de la URSS con Europa, le proporcionaría una salida cómoda al

Mediterráneo y un extraordinario tugar de observación sobre los movimientos de la NATO. Por eso, para

la Organización del Atlántico Norte, la sacudida sería brutal: Yugoslavia, reincorporada al Pacto de

Varsovia, junto con una Italia potencialmente "neutral", sería una sombra que pesaría terriblemente sobre

la defensa atlántica.

Sin embargo, la intervención norteamericana sobre este asunto no ha sido hasta ahora muy afortunada que

digamos. Los dos contendientes a la Presidencia de los Estados Unidos —Ford y Cárter— daban a

entender —al menos propagandísticamente— en sus respectivas campañas electorales para las elecciones

de noviembre pasado, que no estaban de acuerdo en el modo de ver y afrontar el problema de Yugoslavia.

Cárter declaraba entonces: "no invadiré Yugoslavia, caso de ser elegido presidente, si los rusos la invaden

a la muerte de Tito". Ford, por el contrario, afirmaba que esta declaración era prematura y falta de

experiencia, al par que con ella. Cárter no sólo invitaba a Moscú a la invasión y adelantaba

inconscientemente lo que pensaba hacer en las cuestiones criticas. Esto aparte de que con dichas

declaraciones no dejaba de inyectar una fuerte dosis de "aislacionismo", al que tan propensos son los

Estados Unidos. Es cierto que días después. Cárter quiso excusarse de su ligereza diciendo que "dicha

declaración la hizo en línea de "presidente abierto" y que ya elegido presidente se mostró más cauteloso

sobre esta cuestión y no tuvo inconveniente en dar medio paso atrás rectificando su postura anterior al

afirmar que "la invasión soviética de Yugoslavia amenazaría la paz mundial y que se reservaría la última

posibilidad de enviar a dicho país tropas norteamericanas".

De todas formas, tenemos que convenir que con tales declaraciones y rectificaciones, Jimmy Cárter no

dejó de sembrar la confusión entre los países de la OTAN, aunque naturalmente, todos creyeron que,

llegado el caso, la actitud que adoptaría Norteamérica sería bien distinta a la aireada por el futuro

presidente de los Estados Unidos. Como decía José Mª Carrascal en su crónica de ABC, de 27 de octubre

p.p.: "no es que nadie vaya a pensar que Norteamérica esté dispuesta a luchar por ningún país del Este,

del Oeste o del Centro, pero tampoco está en la idea de dar a los rusos carta blanca para hacer lo que

quieran en ciertas zonas limítrofes".

Por su parte, el presidente francés, Valery Giscard d´Éstaing, y el mariscal Tito de Yugoslavia, tenían pro-

gramada para el mes de septiembre último una visita del primero al segundo que tuvo que ser aplazada a

causa de una grave dolencia del presidente yugoslavo. Es lógico que ésta se anuncie en breve. (1).

También se dice que la presidente del partido conservador británico, Margaret Thatcher, se propone

trasladarse a Belgrado con el fin de cambiar impresiones con Tito.

¿Cuál puede ser el objetivo verdadero de estas visitas? No hay que ser muy lince para adivinarlo: Aparte

del tema Norte-Sur, la atracción de Yugoslavia a Occidente ofreciéndole una mayor colaboración y apoyo

por parte de Europa y sus organizaciones comunitarias, especialmente en el terreno económico y, como es

natural, respaldado todo por Estados Unidos.

Y si bien es cierto que al tiempo de escribir este artículo, las entrevistas de Valery Giscard d´Éstaing y

Margaret Thatcher con Tito no han tenido lugar, sí se efectuó, en cambio, en los días 15-17 de noviembre

pasado el encuentro en Belgrado del secretario general del PCUS, Leónidas Breznev y el mariscal

yugoslavo.

La Unión Soviética puso en esta visita un especial énfasis hasta el punto de que el periódico soviético

Cuatro millones y medio de soldados soviéticos frente a dos millones occidentales "Pravda" la calificó de

"gran acontecimiento histórico y de alta dimensión política internacional". Esto mismo se deduce del

comunicado conjunto que se difundió al término de aquélla al hacerse constar en dicho documento que la

URSS promete respetar la independencia y libertad de Yugoslavia para que este país siga su "línea

comunista" divergente de la que dicta el Kremlin y apoyan las otras seis naciones del bloque soviético, lo

que —como se comprenderá— reviste gran importancia, ya que desde ahora queda plenamente

reconocida esa independencia "sui géneris" que Moscú venía tolerando a regañadientes y que Tito trata de

conseguir desde que en 1964 subió Breznev al poder. De esta forma, Yugoslavia podrá desarrollar con

toda garantía las bases de su futuro, consistentes en: un socialismo autodirigido, un sistema único de

control descentralizado de los trabajadores en la economía y en la política, y una política exterior no

alineada.

Manuel CHAMORRO MARTÍNEZ

(1) La visita del presidente Giscard a Belgrado se efectuó con carácter oficial los días 6 al 8 de diciembre.

El presente trabajo fue escrito a primeros de diciembre.

 

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