Se le ha perdido España     
 
 El Alcázar.    23/12/1977.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

SE LE HA PERDIDO ESPAÑA

EL PROBLEMA DEL SAHARA MOVILIZO AL CONGRESO

El embajador de España en Argel, llamado a Madrid

Aquello de las ardientes arenas del desierto ha dejado de ser una conspicua figura retórica para adquirir en

el Sahara un estremecedor y agorero realismo. Mauritania y Marruecos se encrespan, con el natural

respaldo de Francia. Lo propio le sucede a Argelia, bajo el paraguas soviético. El punteo terrorista se

intensifica. El conflicto generalizado adquiere perfiles asfixiantes de inminencia. ¿Y España? Después de

haber cumplido con in-consueta honestidad una larga misión de paz, España arrió un día su Bandera.

Ahora, tardíamente, cuando el grado de humillación es tan extremoso que ni la mayor ruindad podría

soportarlo sin verse barrida, el Gobierno Suárez se ve obligado a llamar a nuestro embajador en Argelia.

Pero no es sólo Argelia la que ofende y crea riesgo. Tanto o más recusable es el comportamiento de las

Naciones Unidas. El Sahara, a punto de arder, a punto de quemarnos, ha sido el gran protagonista de la

triste jornada parlamentaria . Los partidos políticos han hecho llegar telegráficamente su particular

demanda al secretario general de la ONU.

La tensión pareció vencer al presidente del Gobierno, caído sobre el pupitre. ¿O sólo buscaba a España,

caída de la faltriquera gubernamental y perdida en el barro parlamentario? Muy oscuro debió estar el

horizonte para que los neocedistas elevaran miradas y manos hacia el cielo con tan implorante y

reverdecida unción, mientras Suárez se abatía. Pero nadie se líame a engaño: los abatimientos de Suárez,

como todo lo suyo, son fugaces. Y su potencia mimetizadora, irrepetible. Con la misma facilidad nada en

las aguas del Movimiento, ejerce de domador ucedista en la Monarquía o ensayaría la investidura

presidencialista en una hipótesis republicana. Es seguro, en fin, que Suárez no habrá tardado mucho en

recuperarse de su postración. Pero con toda seguridad lo habrá hecho sin encontrar a España. España,

nadie lo dude, se ha perdido. Y no serán los de la fotografía quiénes la reencuentren.

 

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