Autor: ;Fuente Lafuente, Ismael. 
 Debate en la Comisión de Exteriores del Congreso. 
 Los diplomáticos declinaron responsabilidades en Presidencia     
 
 El País.    15/03/1978.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 26. 

EL PAÍS, miércoles 15 de marzo de 1978

Debate en la Comisión de Exteriores del Congreso

Los diplomáticos declinaron responsabilidades en Presidencia

Los diplomáticos que intervinieron ayer en la segunda sesión sobre el Sahara en la Comisión de

Relaciones Exteriores del Congreso —Jaime de Piniés, Adolfo Martín Gamero y José María de Areilza—

defendieron cada uno tesis diferentes.

Mientras que el embajador en la ONU se pronunció en todo momento por la autodeterminación, el

entonces embajador en Rabat calificó ésta de utópica. Por su parte, el ex ministro de Asuntos Exteriores

expuso que se había tratado de una política

de hechos consumados. En el tercer y último día de debate que se celebra hoy intervendrán los ex

ministros Álvarez de Miranda, Carro, Solís y Cortina. De la sesión de ayer informan Pablo Sebastián e

Ismael Fuente Lafuente

"Asuntos Exteriores estuvo marginado por Presidencia"

Jaime de Piniés:

"España pudo haber concluido la autodeterminación del pueblo saharaui"

El embajador de España ante las Naciones Unidas, Jaime de Piniés, informó ayer ante la Comisión de

Relaciones Exteriores del Congreso de su participación ante el proceso de descolonización del Sahara. El

embajador Piniés destacó a lo largo de sus intervenciones que España había tenido dos grandes

oportunidades para culminar el proceso de descolonización del Sahara y la autodeterminación del pueblo

saharaui: una desde 1966 hasta 1975, en la que el Gobierno español defendió ante la ONU el proceso de

autodeterminación, y otra en noviembre de 1975, cuando el secretario general de la ONU ofreció al

Gobierno un plan para hacerse cargo del Sahara y organizar la transición y el referéndum. Sobre la opción

adoptada por el Gobierno Arias, la cesión del territorio, Piniés aseguró que había permanecido al margen

y excluido de toda información.

Una vez más, la Comisión de Exteriores del Congreso registró un lleno de prensa y la ausencia

generalizada de diputados en el debate informativo sobre el Sahara. La sesión fue más larga de lo normal;

Piniés se extendió durante cerca de una hora en su exposición, y otro tanto en el turno de preguntas y

respuestas, con una intervención confusa en muchos aspectos y demasiado llena de citas de documentos y

fechas sin interés.

De sus palabras salen a la luz elementos importantes en el proceso descolonizador. El primero de ellos lo

conforma la idea de que desde 1966 el Gobierno español defendió la autodeterminación saharaui en la

ONU, de acuerdo con la doctrina de la Organización y de manera consecuente. Esta iniciativa, truncada

en 1975 con los acuerdos tripartitos, no fue llevada a sus últimas consecuencias, el referéndum, por las

crisis internas en la zona del Sahara y «la presión internacional». A este respecto hay que añadir que el

señor Piniés, en una conversación con informadores nos diría que cuando planteaba a Franco la necesidad

de concluir la autodeterminación del Sahara —Piniés no quiso reconocer que visitaba a Franco con cierta

regularidad— el general Franco rechazó siempre esta última idea «porque aseguraba que nunca nos

iríamos del Sahara».

Dos oportunidades perdidas

Sobre la oportunidad de culminar el proceso sahariano entre 1966 y 1975, Piniés añadió que fue grande y

la más importante, porque contó con tiempo suficiente «y con el apoyo internacional», incluso el de

Marruecos —con cita a la «cumbre» de Nuadibu de l970— y al hecho de que ante la ONU «Marruecos

siempre defendió la autodeterminación, aunque luego en privado, o de manera bilateral, la negase».

La segunda gran oportunidad de España de conceder la autodeterminación del Sahara fue, a juicio de

Piniés, la propuesta formal del secretario general, Kurt Waldheim, que contaba con el apoyo de las

Naciones Unidas de ocuparse de la administración del territorio a la salida de los españoles para hacerse

cargo del proceso. Esta oferta de 2 de noviembre de 1975 incluía la presencia de unos setecientos

soldados y oficiales españoles como tropas de la ONU, la de un alto comisario de la Organización y de

unos treinta funcionarios. Según Piniés, la iniciativa de Waldheim partió de un proyecto que había

redactado el propio Gobierno español y que incomprensiblemente después rechazó y sustituyó por los

acuerdos tripartitos de Madrid.

Aquí hay que señalar que Piniés declaró un antagonismo y aislamiento de la posición de Exteriores, como

autodeterminista, contra el «inmovilismo» de Presidencia y la eliminación de Exteriores de las decisiones

y gestiones que fueron definitivas en la cesión del Sahara: viajes de Carro y Solís al territorio,

negociación y firma de los acuerdos de Madrid —«yo me enteré de ellos el 14 de noviembre de 1975, me

los comentó ante mi asombro el embajador marroquí»— y el «viraje» total de la política exterior española

en este tema. Sobre esto último señaló que para rehacer el equilibrio de la posición española hubo de

pasar malos ratos en la ONU y sufrir el bochorno del acoso exterior. Señaló aquí el embajador que,

estando enfermo en Madrid, escribió una carta al presidente Arias —que leyó en la Comisionen la que

declaraba su sorpresa y los riesgos de la operación iniciada en Presidencia de ceder el Sahara a Marruecos

contra la autodeterminación. A su juicio, la no publicación del estatuto del Sahara, que reconocía la

representatividad saharaui en la Yemaa y la reinclusión de la palabra autodeterminación en las últimas

resoluciones de la ONU, constituyen una rectificación importante de la posición española, que cree que

aún es defendible en la ONU —que la Asamblea General debe ser su marco apropiado—, siempre y

cuando cuente con el apoyo de la Organización para la Unidad Africana (OUA).

Conocíamos la "marcha verde" desde abril de 1975

Piniés, sobre supuestas dimisiones en la embajada de España en la ONU ante el cambio de política

exterior, declaró que «no fue cierto» a los periodistas. Más adelante señaló que el no hubiera dimitido

«porque no es costumbre de embajadores diplomáticos y porque ello, al final del régimen de Franco,

hubiera sido calificado de oportunismo». Por último, hay que señalar una precisión importante del

embajador: la radio France Inter., difundió el 28 de abril de 1975 unas declaraciones del rey Hassan II

donde anunciaba ya su idea de organizar la marcha verde. Estas declaraciones le fueron comunicadas a

Nueva York por el Gobierno español para que informara al secretario general de la ONU lo que el

embajador hizo inmediatamente en un documento. Ello contrasta seriamente con las afirmaciones de los

militares Gómez de Salazar y Eduardo Blanco, quienes en la sesión del lunes dijeron que «los servicios de

información no habían detectado la marcha y que sólo se enteraron de ella cuando Hassan II la anunció

formalmente unos días antes de su comienzo».

Respuestas de Piniés: «La soberanía es de los saharauis»

En respuestas a las preguntas de los diputados, el embajador Piniés declaró:

— «La soberanía del Sahara es del pueblo saharaui. Nunca fue de España, en 1960 la ONU pidió a

España información sobre sus colonias o territorios no autónomos entre los que se incluía Melilla,

Fernando Po, Río Muni, Ifni, Canarias y Sahara. Luego España sólo informó sobre Guinea, Ifni y Sahara.

Ello no permitía confirmar el concepto de soberanía de España sobre el Sahara.

— Hubo mofa y escarnio en la ONU al cambiar España su postura.

— Asuntos Exteriores tuvo un margen de actuación limitada ante Presidencia.

— Creo que hay margen en la ONU, en este momento, para conseguir la autodeterminación.

— Presidencia del Gobierno siguió una política retardataria de la autodeterminación.

— La presencia de saharauis en la ONU, con firmas diciendo que el Sahara era español, nos hundió la

estrategia en la ONU.

— Creo que la cesión del Sahara no se hizo por presiones de lobbies extranjeros, creo que la única pre-

sión posible fue la militar.

— La dispersión de la población saharaui pone en suspenso la soberanía del Sahara.»

 

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