Autor: ;Fuente Lafuente, Ismael. 
 Respuestas de Carro a los diputados. 
 Comprendo la amargura del ejército al abandonar el Sahara     
 
 El País.    15/03/1978.  Página: 11-12. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

"Comprendo la amargura del Ejército al abandonar el Sahara"

El turno de preguntas y respuestas al término de la intervención del diputado Antonio Carro no fue falto

de interés ni de emoción. Hubo tensiones en la discusión, similares a las que los señores Carro y Piniés

protagonizaron en la sesión de la mañana, y todas ellas fueron justificadas por el propio orador, quien

excusó repetidas veces su temperamento.

El señor Carro inició el turno de preguntas con una aclaración en relación a la discusión mantenida en la

mañana con el embajador Piniés. Dijo que por su parte hubo un error de interpretación y reconoció como

ciertas las declaraciones de Piniés de que el 28 de abril Hassan habló de una marcha que luego

confirmaría formalmente el 16 de octubre de 1975. Añadió que, en su juicio, la declaración de abril no

podía interpretarse exactamente como el anuncio de la marcha, y luego se deshizo en elogios de la gestión

diplomática del señor Piniés y de su persona, pidiéndole toda clase de disculpas.

Incidente con Lasuén

Inmediatamente después se inició un turno de preguntas por parte de UCD, que fueron iniciadas por el

diputado José Ramón Lasuén, protagonista de un nuevo incidente. Lasuén presentó una pregunta de más

de cincuenta líneas en la que se criticaba toda la política del Gobierno descolonizador del Sahara,

utilizando argumentos presentados por los anteriores informadores. El diputado Carro contestó a Lasuén

que no comprendía cómo un diputado de UCD lo veía todo tan crítico y tan negativo, y que el Gobierno

tiene archivos y argumentos necesarios para contestar a UCD, por lo cual no estaba dispuesto a responder.

Vino el revuelo; el diputado socialista Luis Yáñez se ofreció para apadrinar las palabras en nombre de su

grupo, Lasuén pidió la palabra por alusiones, y el presidente de la Comisión, Ignacio Camuñas, solicitó

tranquilidad al diputado ucedísta.

Aparte de este incidente y de otros dos que discurrieron en el largo interrogatorio de más de cincuenta

preguntas entre el señor Carro y los diputados Lluchs y Martínez Pujalte (de Socialistas de Cataluña y

UCD, respectivamente), cabe señalar las siguientes respuestas del señor Carro:

La Operación Golondrina estaba preparada ante cualquier eventualidad para retirar a los españoles del

Sahara y no sólo para ceder la administración del Sahara a Marruecos.

—Las operaciones de la negociación con Marruecos fueron llevadas conjuntamente entre Asuntos

Exteriores y Presidencia, y hubo solidaridad en el Gobierno.

— Mi viaje a Marruecos para conversar con el rey Hassan estuvo solamente destinado a conseguirla

retirada de la marcha verde. No hablé bajo presión ni ofrecí nada a cambio. El rey Hassan aceptó retirar la

marcha verde y yo le entregué una carta (que consulté a Madrid) en la que señalaba que las negociaciones

podrían reanudarse una vez retirada la marcha verde. Asimismo me ofrecí a llevar al príncipe de España

una carta de Hassan II, en la que éste reiteraba sus ambiciones territoriales.

—La decisión de abandonar el Sahara incluyó el análisis de la defensa de Canarias por la Junta de

Defensa Nacional, en la que se acordó que el Sahara no era tan importante, aunque toda base enfrentada

siempre es útil.

—Existió la posibilidad de haber transferido el Sahara a una administración de las Naciones Unidas con

soldados españoles portadores de cascos azules, lo que en realidad era el plan Waldheim; pero ello fue

una posibilidad inoperante, ya que cuando nos fue ofrecida (noviembre del 75) la situación en el Sahara

era candente. La ONU reveló una vez más su ineficacia.

—Todas las altas jerarquías del Estado tomaron parte en la decisión del cambio de óptica del proceso de

descolonización del Sahara.

—Todos sabemos que el régimen anterior estaba impregnado por el personalismo del jefe del Estado, que

tenía facultades legislativas especiales. Por ello, al ponerse enfermo no pudo aprobarse el estatuto de

autonomía del Sahara. Además, el Príncipe de España no tenía los mismos poderes estatales.

—El proceso de descolonización del Sahara no está terminado, falta la autodeterminación. El proceso

para España sí está terminado.

Debate en la Comisión de Exteriores del Congreso

El ex ministro negoció con el Polisario la liberación de prisioneros españoles

Cortina: "El Gobierno acordó la salida del Sahara como alternativa política a la organización del

referéndum"

El último informador de la jornada de ayer sobre el proceso descolonizador del Sahara fue el ex ministro

de Asuntos Exteriores, Pedro Cortina Mauri. El diplomático, en una intervención clara y concisa de su

participación en el proceso descolonizador, planteó el tema en los terrenos diplomáticos y geopolíticos sin

entrar en los debates internos del Gobierno o de la situación española.

—Comprendo que el Ejército español estuviera decepcionado y sufriera con amargura el abandono del

territorio del Sahara. Pero estoy seguro de que lo hizo con alegría y que lo aceptó como la mejor de las

soluciones. Es interesante un informe de la jefatura de información del Alto Estado Mayor Central, donde

se reconoce el malestar, pero donde se dan cómo razones de las ventajas de la solución descolonizadora

última la actuación de la ONU, el agotamiento de posibilidades democráticas, las ventajas de fosfatos y

pesca del acuerdo, la autodeterminación pendiente saharaui y las injerencias e intrigas de Argelia y

Marruecos en el proceso, así como el agotamiento de todas las posibilidades diplomáticas.

— Es cierto que existió en el Ejército un sector integrista («que pensaba al parecer lo mismo que el PSOE

lo hace hoy», dijo, refiriéndose a una pregunta del señor Yáñez sobre la indignación del Ejército), que

atacó duramente mi gestión y mi participación en el proceso descolonizador. En esta línea se inscribe el

artículo publicado en El Alcázar por Jerges. A raíz de ese artículo, el teniente general Gutiérrez Mellado

me escribió una carta personal en la que declaraba su indignación por este artículo.

—La retirada no fue una derrota, y una victoria sólo podía haberse conseguido con agresividad. No habría

sido prudente que nuestras fuerzas ocuparan Rabal o Casablanca o Argel, para luego retirarse a sus

fronteras. La rentabilidad de esta operación habría sido inútil.

—Existía la posibilidad de que un Ejército desgastado o derrotado, con la moral baja, y sin las banderas

desplegadas, podría, a la vuelta del Sahara, ser un elemento desestabilizador del régimen anterior. Pero al

régimen anterior no había más alternativa que la democrática.

— La decisión de poner las minas en el Sahara a siete kilómetros de la frontera, ante la marcha verde,

correspondió al Ejército y no fue estrategia del Gobierno para dejar entrar la marcha dentro de la frontera.

Por último, el diputado socialista Lluchs le preguntó al señor Carro si el Gobierno no se había limitado a

distribuir una cascada de elogios al Ejército en el momento de la retirada, a la vez que colgaba en sus

espaldas la responsabilidad del abandono del Sahara. Antonio Carro, nervioso, y exaltado, dijo: «No le

conviene hacer esta pregunta. ¿A quién se le pueden exigir responsabilidades? ¿Quieren manchar una

página limpia de la Historia de España?»

E1 señor Cortina Mauri reconoció dos hechos importantes que habían permanecido en la sombra: que

mantuvo una entrevista con representantes del Frente Polisario en Argel para conseguir la liberación de

soldados prisioneros españoles el 9 de septiembre de 1975 y que el 8 de noviembre de ese mismo año el

Gobierno acordó la transmisión de su administración y la salida unilateral del territorio como alternativa

política a la organización por España del referéndum en el Sahara.

Estos son los dos puntos clave de la información del señor Cortina Mauri, quien comenzó insistiendo en

la incidencia geopolítica en el proceso descolonizador, con cita a la Liga Árabe, conflicto del Próximo

Oriente, intrigas y contradicciones de los países limítrofes al Sahara y alusiones indirectas a las grandes

potencias. El señor Cortina destacó también la inestabilidad y la violencia que se instaló en el territorio

con atentados y ataques tanto de saharauis manipulados como de saharauis independentistas, y las

dificultades surgidas en el seno de las Naciones Unidas, donde, a su juicio, no se actuó con rapidez y

eficacia para colaborar con España en el proceso descolonizador.

El ex ministro se refirió paso a paso a los acontecimientos esenciales del proceso: declaraciones de

España, discursos de Hassan, Tribunal de La Haya, retraso de la autodeterminación a petición de la ONU,

declaración del dictamen del Tribunal de La Haya y simultáneo anuncio de la marcha verde, debates del

Consejo de Seguridad y últimas propuestas del secretario general de las Naciones Unidas, Waldheim. A

partir de aquí, el ministro, que califica este proceso como accidentado y forzado a la vez, reconoce que el

8 de noviembre el Consejo de Ministros español acuerda cambiar su postura política y promover una

retirada unilateral del Sahara negociando con las potencias vecinas el abandono de la administración del

territorio.

Añade que las negociaciones comienzan desde el 24 de octubre al 13 de noviembre hasta el comienzo

de la marcha verde, así como que las misiones de los señores Solís y Carro estaban encaminadas a

reconducir la negociación: Solís antes de la marcha y Carro después, para pararla.

Por otro lado, reconoce la existencia del plan del secretario general de las Naciones Unidas para hacerse

cargo del territorio, pero lo califica de tardío e inoperante.

Cortina Mauri declaró que no hubo fricciones ni doble actuación política entre los Ministerios de Asuntos

Exteriores y el de la Presidencia. Y además explicó por primera vez su negociación con el Polisario en

Argel el 9 de noviembre, recordando que el Polisario exigió su reconocimiento al Gobierno español para

soltar a los prisioneros que tenía en su poder y que él consiguió la liberación de los prisioneros al

convencer al Polisario de que ese reconocimiento supondría prejuzgar la autodeterminación del Sahara y

provocar tensiones irreparables en la zona.

Por último, el señor Cortina intentó justificar los acuerdos de Madrid como la continuidad de la posición

española en la defensa de la autodeterminación saharaui, a través de la declaración que se refiere al

pronunciamiento de la Yemaa, de las posteriores declaraciones ante las Naciones Unidas y marcando

diferencias en lo que en los acuerdos de Madrid se refiere a la administración del territorio. Cortina

concluyó diciendo que el problema era ahora de las potencias administradoras. Ello no convenció a la sala

y algún diputado dijo: «El problema, o como se le llame, lo regaló España a Marruecos y Mauritania.»

 

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