Autor: Azcárate, Manuel. 
   La crisis europea ante la crisis del capitalismo     
 
 Pueblo.    16/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

LA CRISIS EUROPEA ANTE LA CRISIS DEL CAPITALISMO

Manuel AZCARATE, del Comité Ejecutivo del PCE

UNO de los fenómenos más nuevos en la política europea de estos últimos meses es la apertura de

relaciones entre ciertos partidos comunistas y socialistas, relaciones inconcebibles en épocas no muy

lejanas.

Por ejemplo, hace unas semanas, Santiago Carrillo y yo asistimos en nombre del Partido Comunista de

España al Congreso del Partido Laborista de Gran Bretaña, junto con Napo1itano, del PCI, y un miembro

del Comité Central del PCE. Ello dio lugar a conversaciones con dirigentes laboristas, en las que se

reflejaba una evidente voluntad de diálogo, de buscar puntos de cooperación.

Al mismo tiempo, en el plano de las relaciones entre comunistas y cristianos, actitudes que en España han

cristalizado ya hace bastante tiempo, están adquiriendo una dimensión europea. Destacamos, por ejemplo,

la carta de Enrico Berlinger a monseñor Bettazzi, por no hablar del eco encontrado en el reciente Sínodo

por los discursos aperturistas del padre Arrupe, del obispo de Ciudad Ho-Chi-Min (antiguo Saigón).

¿Se trata acaso de hechos ocasionales, que yo intento entrelazar para los beneficios de una argumentación

más o menos voluntarista?

Creo que no. Considero que existe, por así decir, un fundamento objetivo, infraestructural; un punto de

arranque común, que dimana de la realidad de las cosas. Y para definir ese punto de arranque de manera

resumida y escueta diré que se trata de la crisis general del sistema capitalista, y, más concretamente, de

la manifestación de esa crisis en Europa occidental.

No se trata de un simple descenso cíclico de la producción. Se trata de una crisis que afecta a todas las

estructuras del sistema. Tampoco es una crisis meramente económica; es, además, política, social,

ideológica, moral. Todos los valores de la sociedad capitalista están en discusión.

Vivimos en un período histórico en el que empieza a prevalecer, en la compleja política europea, la

tendencia a buscar la salida de esa crisis «por la izquierda», por caminos progresistas. Esa tendencia

implica, para poder materializarse, encontrar terrenos de entendimiento entre socialistas,

socialdemócratas, comunistas y corrientes democráticas de inspiración cristiana, fuerzas que en su

conjunto representen la gran mayoría de la población de Europa occidental.

Decir que prevalece la tendencia a una solución «por la izquierda» no significa que todos los procesos

vayan en ese sentido. Hay aspectos contradictorios; reforzamientos, en ciertos casos, de las corrientes

conservadoras, reaccionarias; amenaza seria de la derecha. Alemania sigue siendo (como en otras épocas

históricas) un punto particularmente preocupante. Pero los lados negativos no anulan una tendencia que se

manifiesta sobre todo entre las grandes masas obreras y populares en lo político, lo social, lo ideológico,

en la búsqueda de una salida progresista a la crisis.

¿Dentro de qué coordenadas puede perfilarse una solución «de izquierdas» en la actual coyuntura de

Europa?

El problema más acuciante (y que se presenta en formas diferentes, según los países, pero con ciertos

rasgos comunes) es encontrar soluciones que frenen a la vez el paro y la inflación, y en torno a las cuales

se pueda crear una voluntad, un consenso político, de las más amplias capas de la población, medidas que

no carguen las consecuencias de la crisis, según los clásicos esquemas keynesianos, sobre las espaldas de

los trabajadores. Medidas enfiladas a elevar considerablemente los consumos sociales, de acuerdo con las

nuevas necesidades de educación, cultura, sanidad, «calidad de vida», que dimanan del nivel de las

fuerzas productivas contemporáneas. De recortar y limitar el poder omnímodo de los grandes

monopolios; de ampliar el espacio político ocupado por los trabajadores, por las fuerzas de izquierda, en

la dirección de los asuntos de unos u otros países.

Este tipo de problemas tienen hoy una actualidad extraordinaria. En torno a ellos hay un debate intenso,

en diversos terrenos, entre las fuerzas políticas y sociales. Y será esencial, para que la izquierda pueda

jugar su papel en nuestro continente, encontrar formas para que esa discusión pueda realizarse a nivel

europeo; promover en torno a esos temas el diálogo de socialistas, comunistas y cristianos; definir cosas

de coincidencia y de acción común.

El eurocomunismo refleja la voluntad de encontrar una respuesta democrática unitaria a la crisis del

capitalismo; de abrir así una vía de avance democrático al socialismo. Por eso atribuye una importancia

primordial a fomentar las relaciones con las otras corrientes socialistas y democráticas de la opinión

pública europea.

 

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