Autor: Maraña Marcos, Felipe (FELIPE SAHAGÚN). 
   Carrillo, en Estados Unidos     
 
 Informaciones.    15/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

CARRILLO, EN ESTADOS UNIDOS

NO ESTA PREVISTO NINGÚN ENCUENTRO CON POLÍTICOS NORTEAMERICANOS

Por Felipe SAHAGUN

NUEVA YORK, 15.

DON Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista español, ha llegado a Estados Unidos

dispuesto a explicar a los norteamericanos qué es el «eurocomunismo», a hablar con todos los que quieran

hablar con él y a mejorar, en la medida de sus posibilidades, las relaciones hispano-norteamericanas. Es la

primera visita a Estados Unidos del secretario general de un partido comunista de Europa occidental.

«Vengo a explicar la situación actual española y las ideas que defiende mi partido, particularmente la

corriente "eurocomunista"», declaró ayer por la tarde el dirigente del P.C.E. a su llegada al aeropuerto

Kennedy, de Nueva York. El señor Carrillo no había estado en Estados Unidos desde 1940, y en aquella

ocasión estuvo seis meses.

El señor Carrillo, que llegó en el mismo vuelo en que llega hoy el dirigente del Partido Socialista Obrero

Español, don Felipe González —el 903 de la T.W.A., línea aérea norteamericana—, dijo que ve «muy

bien» el viaje del señor González.

Ante las risas de los periodistas (unos veinte) y diplomáticos (tres) que le escuchaban, el señor Carrillo

explicó que «la coincidencia de fechas no es más que un signo de las grandes coincidencias que hay entre

el Partido Socialista y el Partido Comunista». Como las risas continuaban, don Santiago preguntó: «¿O es

que ustedes atribuyen esa coincidencia a otras causas?.»

«Las principales coincidencias entre los amigos del P.S.O.E. y nosotros son que ellos, como nosotros,

como la Unión de Centro y otros partidos españoles, estamos interesados muy directamente en la

consolidación de la democracia en España.

Además, los compañeros del P.S.O.E. y nosotros somos partidarios en el futuro de una sociedad socialista

en nuestro país. Creo que estas coincidencias son muy importantes. Al lado de ellas, las diferencias son

desdeñables.»

DIEZ DÍAS

El señor Carrillo estará en este país diez días; hablará en las Universidades de Yale, Harvard y John

Hopkins, en el Instituto Español de Nueva York y el Consejo de Relaciones Internacionales de esta

ciudad, y se reunirá con periodistas norteamericanos y españoles. No está prevista ninguna reunión con

políticos o dirigentes norteamericanos, ni siquiera con el jefe del Partido Comunista estadounidense, pero

el señor Carrillo está dispuesto a hablar con todas las personas que lo deseen.

Sin embargo, asegura que no se sentiría decepcionado si tuviera que regresar a España sin haber

conversado con ningún político. «Si fuera un representante oficial y el Gobierno norteamericano no

quisiera recibirme, tendría derecho a sentirme decepcionado. Pero yo no soy más que el dirigente de un

partido de la oposición y me parece suficientemente interesante la ocasión que se me depara para viajar

libremente por Estados Unidos.»

La ley norteamericana prohibe la entrada en Estados Unidos de miembros del Partido Comunista. Con la

Administración Cárter esta ley, vigente desde los años cincuenta, se ha relajado bastante. El señor Carrillo

viene con un visado especial Bl, número 28, características de los visados «extraordinarios» que concede

el Departamento de Estado a dirigentes comunistas extranjeros u otras personas más o menos indeseables

en Estados Unidos, válido para tres semanas.

Norteamérica es la última parada del dirigente comunista español —el «San Pablo del eurocomunismo»

le llama la revista «Time» de esta semana— en un viaje de tres se manas por Rusia, Yugoslavia, Italia y

los Estados Unidos. En Rusia su posición favorable a la independencia de Moscú le costó la anulación de

su mensaje a los dirigentes comunistas del mundo, pero le ha servido para reforzar su imagen de

«eurocomunista sincero».

En Belgrado no pudo reunirse con Tito porque éste se encontraba enfermo, pero se entrevistó con el

número dos del Comité Central del Partido Comunista yugoslavo y posible sucesor de Tito. Edward

Kardelj, quien visitó Washington hace muy pocas semanas. En Boma conversó con el secretario general

del P.C.I., Enrico Berlinguer.

Antes de salir ayer hacia Nueva York, fue recibido por el ministro de Asuntos Exteriores español, don

Marcelino Oreja. El señor Carrillo explica que se entrevistó con él porque «soy un hombre público en

España y no quiero dar ningún paso en este país que pueda perjudicar la política del Estado español» «En

la medida de lo posible, mi pretensión es facilitar esa política. Por consiguiente, ayer por la mañana

mantuve una larga entrevista (tan larga que tuvo que interrumpirla para poder coger el avión) con el señor

Oreja, quien me informó de los problemas más actuales de las relaciones con Estados Unidos. Soy

responsable y no daré un sólo paso que pueda ser perjudicial para nuestro país.»

«NO HARÉ POLÍTICA DE «GUERRA FRÍA,,

El señor Carrillo es un hombre convencido de que la doctrina del «eurocomunismo» (término que según

Henry Kissinger, político metido a periodista que está rodando actualmente por Europa una serie para

televisión sobre el comunismo oeste europeo, no sirve más que para encubrir la realidad de partidos

comunistas tan peligrosos como antes para Occidente), no perjudica a Estados Unidos ni a Rusia. «Quizá

perjudique a una cierta concepción ideológica o dogmática, pero creo que, como Estados y como pueblos,

no perjudica ni a Estados Unidos ni a la Unión Soviética.»

Don Santiago no cree que su visita a Estados Unidos sirva para consolidar el «eurocomunismo» con la

venia de Washintgon. «Lo único que pretendemos es que en Estados Unidos se comprenda nuestra

contribución a la democracia. El papel que nosotros desempeñemos en nuestro país no es Estados

Unidos quien tiene que dárnoslo, sino el pueblo español.»

El señor Carrillo piensa que «hasta ahora el Presidente Cárter está marcando un cambio en la política

americana hacia posiciones más democráticas», pero considera «excesivo» decir que haya habido un

cambio importante en la actitud del Departamento de Estado hacia el comunismo de Europa occidental.

«Pero un cierto cambio es indudable. Prueba de ello es que yo, siendo secretario de un partido comunista,

por primera vez en mi vida tengo un visado norteamericano en mi pasaporte español.»

No tiene miedo de que Estados Unidos utilice su viaje. «Yo no vengo a hacer política de guerra fría y no

tengo ningún miedo.»

Acompañado de doña Belén Piniés, su secretaria, y don Joaquín Francés, su secretarlo de Prensa, el

dirigente del P.C.E. se trasladó a las siete de la tarde (una de la mañana hora de Madrid), a la Universidad

de Yale en un coche de la Universidad que le esperaba. Hoy por la mañana se reunirá con los

representantes de la Prensa norteamericana.

15 de noviembre de 1977

 

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