Autor: P. R.. 
   Tamames     
 
 Arriba.    07/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

NOMBRES PROPIOS

TAMAMES

Cuando los bárbaros demócratas entraron en las ruinas humeantes del sacroimperio franquista,

encontraron unas tablas de marfil input output, rotas por una mano impía:

—Mirad: por aquí pasó Tamames.

Tamames es que era rojo. Los economistas, en general, te son muy rojos. Sobre todo, Rojo, que es Rojo

perdido. A Ramón Tamames le ha quedado de la rojez un tic de llevarse la mano al bolsillo para ver si

Fraga le ha quitado el pasaporte, y un hematoma cum laude de la Orden de "El 20 a las 20», de cuando

salió a luchar armado de una tabla de logaritmos contra las porras eléctricas, y fue citado en el orden del

día. Todavía hoy Tamames siembra el terror en el telediario cuando las locutoras de segunda tienen que

leer que "el conocido economista comunista está a favor del consumista". Ramón, además, podía ser el

Berlinguer español si se comprara las chaquetas cruzadas, y si se le quitara pues el aire de seminarista de

prácticas en Benidorm. Los periodistas —sus, y a ellos— le hemos querido hacer delfín; o sea,

vicecarrillo, porque los periodistas —sus, y a ellos— gozamos con los futuribles, aunque hablar de las

previsiones sucesorias de Carrillo sea tan feo como hablar de las de Franco. En el fondo, Tamames sólo

quiere ser Alcalde de Madrid, llamarse Elio e irse, la del alba sería mi señor, a derribar molinos

capitalistas por la Mancha del eurotamamismo.

Anteayer, Ramón Tamames ha tirado con bazooka un libro sobre la cresta de la Oligarquía. Aquí, la

Oligarquía, la tía, ha tenido siempre mala Prensa y buenos gobiernos. La Oligarquía española, mejorando

lo presente, es inmune a las Cortes e infusible al soplete fiscal. Tamames ha hecho la lista de "las 300

familias —el «Economogotha» le ha llamado Velarde— y, recubierto de amianto, ha metido la navaja por

debajo de la puerta del paraíso oligárquico. La Oligarquía española, animalito, lleva un par de años

cuerpo a tierra intentando soltarle pasta a la Izquierda a ver si le domestica al obrerito como en los

tiempos del Imperio que se le echaba un partido por televisión o una docena de grises, y quietos todos.

Tamames ha tenido siempre dos beau geste: no disfrazarse de obrerito, con su corbata, y no hablar mal

del Estado español cuando ha salido fuera A cambio, en el ancien regime, cuando teníamos visitas, las

llevábamos a ver el despacho de Tamames de lejos, como se enseña un ñandú verde:

—Y allí trabaja un rojo. Para que usted vea...

Ayer, en Madrid, oficiaron solemnemente dos heterodoxos: Laing, el inventor de la antisiquiatría, y

Tamames, el creador de la Antieconomia. En el altar mayor de Tamames estaba —presentándole el

libro— su antiguo jefe de cátedra, Velarde Fuertes, que es hijo de metalúrgico y ha pescado truchas por el

Narcea, y pájaros por Miares, y oligarcas por la Falange. Fue un espectáculo. La Oligarquía echó a correr

hacia el bunker, mientras la voz de Ramón Tamames preguntaba: "¿Dónde vas, España?", y el eco

respondía: "¿Dónde vas, triste de ti?"

P. R.

 

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