Autor: S. D.. 
 Aunque en repetidas ocasiones declaró que no volvería nunca. 
 El Campesino regresó a España     
 
 Pueblo.    26/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Aunque en repetidas ocasiones declaró que no volvería nunca

EL CAMPESINO REGRESÓ A ESPAÑA

Uno de los personajes más controvertidos de nuestra guerra civil regresó el viernes a España: Valentín

González, el general campesino. A pesar de haber declarado repetidas veces su intención de no volver

nunca para evitar ser blanco de tensiones tanto de izquierdas como de derechas, finalmente decidió

abandonar su casa de Metz —Francia— y regresar a su país

Nacido en 1909, sufre su primera detención a los quince años, siendo minero en Peñarroya. Un año más

tarde vuelve a ser detenido acusado de volar una garita de la Guardia Civil, acción en la que perdieron la

vida cuatro miembros de dicho cuerpo. Esto le supuso su primera condena de muerte, que ha visto

repetida a lo largo de su vida diez veces más. En 1928 se afilia al Partido Comunista y al estallar la guerra

se enrola como voluntario en el Quinto Regimiento. Su valor y su audacia hacen que los ascensos se

sucedan rápidamente y, así, muy pronto, se encuentra al mando de una Brigada Mixta, que ya se empieza

a llamar "del Campesino" y poco más tarde de la División 46, que toma parte en los combates de Brunete

y de Belchite.

Al finalizar la guerra marcha a la Unión Soviética e ingresa en la Academia Militar del Ejército Rojo,

donde después de obtener de Stalin el ascenso a general de división, cae en desgracia y, acusado de

trotskista es expulsado y deportado al Uzbekistán. Consigue escapar hasta Irán, pero allí es detenido y

devuelto a las autoridades soviéticas que le internan en el campo de concentración de Verkuta. En enero

de 1949 consigue escapar, de nuevo y llega a pie hasta Teherán. Viaja por diversos países y por último

llega a Francia, donde permanece prácticamente escondido en Metz, un pueblecito al norte del país.

Aunque su experiencia del estalinismo hace que rompa todas sus relaciones con el Partido Comunista, el

Campesino no abandona la acción directa, y, tras finalizar la guerra mundial, vuelve clandestinamente al

norte de España para organizar un «maquis». En 1963 cuando ya ha desaparecido prácticamente la

guerrilla en España, es rechazado también por el mismo grupo que él creó. Desde entonces, ha vivido en

Metz, ganándose la vida como oficial de carpintería y siendo vigilado por la Policía francesa a la que

tenía que presentarse cada quince días. El ansia de libertad y el espíritu rebelde que le han acompañado

desde su infancia, unidos al primitivismo y la situación histórica que le tocó vivir, han hecho de él

Campesino un personaje contradictorio que a veces raya en lo grotesco, pero que otras hace pensar en esa

sabiduría de lo concreto que suele tener la gente del campo.

S. D.

 

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