Autor: Quintá Sadurní, Alfonso. 
   Los tres miembros más destacados del PSUC presentan su dimisión     
 
 El País.    09/04/1978.  Página: 1,10. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

LOS tres miembros más destacados del ejecutivo del PSUC presentan su dimisión

ALFONS QUINTA, Barcelona Gregorio López Raimundo, presidente del Partido Socialista Unificado de

Cataluña (PSUC); Antonio Gutiérrez Díaz, secretario general del mismo, y Josep Serradell —conocido

por Román—, secretario de organización (lo que equivale al segundo cargo ejecutivo del partido) y la

figura más destacada de la tendencia histórica, pusieron ayer sus respectivos cargos a disposición del

Comité Central del partido en el transcurso de la primera sesión del mismo, según el portavoz oficial del

PSUC. La reunión se prolongará durante todo el día de hoy. Asisten prácticamente la totalidad de sus 116

miembros, así como Víctor Diez Cardiel, en calidad de representante del PCE, a cuyo comité ejecutivo

pertenece.

Estas auténticas dimisiones condicionadas revelan la importancia de la crisis, así como el deseo de todas

las tendencias de jugar fuerte, en busca de una solución beneficiosa para las propias convicciones.

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Ayer pusieron sus cargos a disposición del Comité Central del PCE

López Raimundo, Antonio Gutiérrez y Senadell dimiten del ejecutivo del PSUC

( Viene de la primera página)

En base a muy numerosas consultas a miembros del propio Comité Central, inmediatamente antes de la

reunión, EL PAÍS pudo conocer directamente algunas posiciones. La tendencia bandera blanca o

socialdemócrata —representada por Jordi Borja y Solé Tura— desearía, en principio, la elección de un

nuevo comité ejecutivo, en base a la argumentación de que se rompió, con ocasión de la reciente

conferencia, el consenso obtenido en el cuarto congreso del PSUC. Alternativamente, podría proponer la

convocatoria inmediata de un congreso extraordinario del PSUC. Esta segunda variante sería la que

contemplara con mejores ojos la línea «eurocomunista pura» —Gutiérrez Díaz y López Raimundo— de

la dirección.

Por su parte, los «leninistas», apoyados por el reducido grupo de los «históricos», se inclinarían por

mantener el actual equilibrio, resultado del último congreso, cuyas resoluciones les fueron más bien

favorables. Esta tendencia argumenta que «el actual debate es "importado" y debido a la intervención de

Santiago carrillo en la trayectoria del PSUC».

Sobre este particular, es necesario señalar, con todo rigor, que desde siempre las expresiones de

catalanidad e independencia del PSUC con relación al PCE, han sido una de las características de la

tendencia «leninista», cuyas principales figuras recuerdan sistemáticamente «las posturas contrarías a la

afirmación nacional catalana de Jordi Borja y SoléTurá, claramente plasmadas en los órganos de Bandera

Roja, cuando ellos eran sus principales dirigentes». También es de señalar que el «leninista» Leopoldo

Espuny solicitó formalmente, en el cuarto congreso, la rehabilitación del primer secretario general del

PSUC, Joan Comorera, destituido en 1949 después de chocar frontalmente con la dirección del PCE. La

figura de Comorera y su destitución se considera por los nacionalistas catalanes como una prueba del

control del PCE sobre el PSUC.

Las características de la actual crisis obligan a recordar la destitución de Comorera y los generalizados

recelos de la base del PSUC ante el PCE. A largo plazo esta es una de las cuestiones más delicadas a las

que deberá, algún día, enfrentarse el comunismo catalán.

Dentro del mismo contexto, el viernes estuvo reunido el Comité Ejecutivo del PCE, sin que asistieran

López Raimundo y Gutiérrez. Estaba en cambio presente Leonor Bornau —«Teresa»— esposa del

secretario de Santiago Carrillo, Julio Aristizábal, y miembro de los comités ejecutivos del PCE y del

PSUC, pese a residir en Madrid. Leonor Bornau estaba también presente en la reunión del Comité Central

del PSUC de ayer, en Barcelona. Fuentes del PSUC indicaron que Santiago Carrillo se había mostrado

particularmente duro contra la actual rebelión catalana. La alternativa sería lograr una «autocrítica» de la

dirección del PSUC, lo cual sería una revancha moral ante el revés que representó el hecho de que el

PSUC se inclinara en favor de la permanencia del término «leninismo» en los estatutos del PCE. En caso

contrario, se podría considerar, desde el PCE, que la actual dirección del PSUC no es fiel a los acuerdos

tornados por el Comité Ejecutivo del PCE, en el que figuran cuatro dirigentes del PSUC (Gutiérrez,

López Raimundo, Alfonso Carlos Comín y Leonor Bornau).

Con ello llegamos a la fórmula habitual de control real por parte del PCE del PSUC. Se trata de que las

cuestiones decisivas —como son los cambios o inflexiones de la línea política— son acordadas

previamente en los órganos de dirección del PCE. Dichos acuerdos obligan lógicamente a los dirigentes

del PSUC que se encuentran en franca minoría en los organismos dirigentes del PCE. Como consecuencia

de esta obligación deben defender aquellos acuerdos en los organismos dirigentes del PSUC, partido

teóricamente soberano, pero con una soberanía de la que cabe dudar ante la actual y anteriores evidencias.

Ahora los «leninistas» utilizan habitualmente esa curiosa contradicción entre los estatutos y la práctica.

En efecto, se refieren únicamente a los acuerdos del cuarto congreso que definía al PSUC como partido

leninista. Ir contra estas argumentaciones, afirman, es negar la soberanía del PSUC.

A nivel de base, la mayoría «leninista» parece evidente, a la vista de resoluciones adoptadas por

organizaciones locales ya remitidas al Comité Central. Así, una resolución del comité local de Barcelona

—ciudad donde reside la cuarta parte de los 40.000 militantes del PSUC— declara «reafirmar la plena

validez de la línea política, el programa y los estatutos aprobados en el cuarto congreso, así como nuestro

pleno apoyo al Comité Central y al comité ejecutivo».

La declaración del comité local de Barcelona favorece inequívocamente a los «leninistas». En efecto, no

alude en ningún momento al PCE, solicita la apertura de un debate propio «ligado a la discusión de

nuestras iniciativas políticas», mientras «muestra su preocupación por formas de trabajo de la dirección

del partido, que a nuestro entender no son correctas». Al mismo tiempo convoca para el lunes una reunión

de todas las federaciones y secretariados barceloneses del PSUC.

Como detalle significativo de la actividad «leninista» en la base del PSUC, un responsable de la

organización del partido en la comarca del Valles —que cuenta con los centros industriales de Sabadell y

Tarrasa— nos entregó pegatinas editadas por los militantes de aquella zona. Son de ocho por cinco

centímetros y contienen el anagrama y las siglas del PSUC junto con la siguiente leyenda: «Yo, marxista

y leninista».

 

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