Hay que arrimar el hombro y apretar los dientes. 
 Carrillo: Cinco años para consolidar la democracia     
 
 Diario 16.    02/10/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 21. 

Diario 16/ 2octubre78

"Hay que arrimar el hombro y apretar los dientes"

Carrillo: «Cinco años para consolidar la democracia»

MADRID, 2 (D16).—Con un lapsus de La Pasionaria —«servir a la causa de la República»— y la

sugerencia de Santiago Carrillo —«arrimar el hombro y apretar los dientes durante cuatro o cinco años,

para consolidar la democracia»— se clausuró ayer en Madrid la fiesta del Partido Comunista de España.

Calificado como el acto más político de la segunda edición de la fiesta del PCE, el secretario general del

PCE pronunció un discurso —leído y de hora y cuarto de duración—, sin concesiones a las decenas de

miles de militantes y simpatizantes que ocupaban el anfiteatro al aire libre de la Casa de Campo de

Madrid.

Contra el pacto social

El líder comunista, desde un escenario flanqueado con la bandera de España y del partido y en el que se

encontraba Dolores Ibarruri «Pasionaria» y el comité central, se opuso a un acuerdo que representase «un

pacto social, porque iría en contra de los intereses de la democracia y de los trabajadores».

Carrillo señaló que para firmar nuevos pactos se deberían haber cumplido los de la Moncloa y dudó de la

capacidad de UCD para firmar otros futuros, ya que «un Gobierno que puede estar dimitido dentro de dos

meses, ¿con qué autoridad va a pactar?».

El dirigente del PCE justificó la política de consenso, precisando que «haría falta más consenso para

solucionar los problemas reales de las clases trabajadoras. Cuando hablamos con Suárez le exponemos

que en este país hay que lograr un entendimiento con el que se consolide la democracia y supere la

crisis».

Amenaza la derecha «montaraz»

El secretario general del PCE precisó que «la única amenaza seria es la de la derecha "montaraz", que

comete atentados terroristas, amenaza con asesinar a Gutiérrez Mellado y a mí y azuza al terrorismo de

izquierdas contra los servidores del orden para que reaccionen oponiéndose al proceso de cambio

democrático».

Recalcó que la democracia aún peligra mientras exista «un terrorismo desestabilizador y una extrema

derecha envalentonada que achaca todos los problemas a la democracia».

Carrillo explicó que no creía conveniente una política unitaria de la izquierda, porque «si los partidos de

izquierdas no logramos que UCD sea cada día más democrática se iría acercando cada vez más a AP y a

esa Gran Mayoría, que querría resucitar al Caudillo o inventar otro nuevo».

No obstante, «el PCE no renuncia —dijo— a la unidad con nuestros compañeros socialistas, pues la

unidad entre comunistas y socialistas debe ser el cimiento primordial de la unidad de todas las fuerzas

democráticas, y, en el porvenir, la clave de una nueva sociedad sin explotadores ni explotados».

Contraataque a Nicolás Redondo

El dirigente del PCE criticó al secretario general de UGT, Nicolás Redondo, precisando que cuando «se

refiere a que la UCD y el PCE mantenemos un pacto en secreto, no hace más que disimular el acuerdo

suscrito para gobernar el PSOE y la UCD tras unas elecciones».

Añadió que en las conversaciones llevadas a cabo estos días «no se nos ha propuesto una alianza de

izquierda entre socialistas y comunistas, alternativa al protagonismo de UCD». Argumentó que la

situación económica es tan seria que «ningún partido, por muchos diputados que tenga, podrá resolverla

por sí solo. Hace falta un gran esfuerzo de solidaridad para que la situación no se degrade y empeore aún

más».

El «sí» a la Constitución significa, en opinión de Carrillo, «votar sí a la libertad, la democracia y la paz

civil entre los españoles». «La Constitución —agregó— no es marxista, ni atea, ni comunista. Reconoce

la propiedad burguesa, pero abre el camino para que cuando la mayoría lo quiera se acometan profundas

reformas en la sociedad.»

El lapsus de Pasionaria

Pasionaria, ante la insistencia del auditorio, y aunque fuera del programa, pronunció unas palabras, tras

las cuales cometió un lapsus refiriéndose a la República.

Ibarruri pidió a los congregados que difundieran por los talleres y fábricas lo dicho por Carrillo, porque

de ese modo servirían a la «causa del socialismo, el comunismo y la República».

Inicio de la campaña

Con la fiesta del PCE, los comunistas abrieron la campaña electoral cara a las elecciones municipales.

Durante tres días, varios cientos de miles de militantes y simpatizantes

participaron en lo que Simón Sánchez Montero calificó «la fiesta del civismo, la cultura y libertad».

Al mismo tiempo se realizó una promoción especial del órgano oficial del comité central, «Mundo

Obrero», que a partir de noviembre tendrá periodicidad diaria y se subtitulará «un diario para el pueblo».

En el recinto de la Feria de Muestras de la Casa de Campo, que ocupa 79 hectáreas y 13 kilómetros de

calle, se instalaron más de 70 pabellones, así como numerosos stands y varias exposiciones.

Familias enteras, tocadas con un «casco de currante», comieron miles de kilos de sardinas y chuletas,

bebieron vinos de todas las nacionalidades y regiones y se entretuvieron con el circo, café-concierto, cine

y demás atracciones que funcionaron.

El director de cine Juan Antonio Bardem vendió entradas antes de participar en un debate sobre un tema

monográfico. Los viejos militantes del partido discutían con cierto regusto de política, y muchos

comieron como lo hacían en los pueblos antes de emigrar a Madrid, en las casetas de sus provincias, que

estaban repartidas por nacionalidades y regiones.

En el escenario central José Sacristán pudo presentar al grupo Quilapayún, pertenecientes al PC chileno.

Ana Belén cantó a dúo con Nicolás Guillen. Al final, a la corrida de toros, Santiago Carrillo salió a

hombros de los matadores.

La constante de la fiesta resultó ser la alegría y risas de todos al ver que el PCE, su partido, había

realizado algo que para ellos representaba algo más. Todo discurrió en calma, y aunque las apreturas

fueron frecuentes y de gran intensidad, la Casa de Campo se convirtió durante tres días, como anotó

Carrillo, «el lugar más seguro y alegre de Madrid».

 

< Volver