Censura comunista     
 
 ABC.    02/05/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

PAG. 2

CENSURA COMUNISTA

Durante la celebración del pasado Congreso del P. C. E., viendo en sus mesas de presidencia y entre el

público a un no pequeño número de intelectuales y artistas, hubo una pregunta que giraba Y giraba

tercamente en nuestras cabezas. Era ésta: Si, en hipótesis, llegara un día el P. C. E. a ocupar el Poder,

¿seguirían estando todos estos intelectuales en las mesas de presidencia del partido o... tendríamos que ir

a buscarles en los hospitales psiquiátricos?

Perdónenos el lector la brutalidad con que planteamos el problema, pero hay cuestiones que mejor es

cogerlas por donde más queman. Y una de ellas es ese prodigio desconcertante de que los intelectuales (y

algo muy parecido podríamos decir de los cristianos progresistas) sólo aparecen cerca del Partido

Comunista allí donde no ha alcanzado el Poder. Para pasar a convertirse —cuando esta hipótesis se

realiza— en los más perseguidos, censurados y amordazados ciudadanos. Nos gustaría encontrar a esta

dramática ley una sola excepción, pero no existe. Infaliblemente allí donde un fascismo o un comunismo

se implantan —tanto si es en Europa, como en América o África— se reproduce la multiplicación de los

exilios, de las censuras, de los encarcelamientos. Y se reproduce con un caprichoso sadismo jamás

alcanzado por las peores inquisiciones.

Y no necesitamos acudir a la Historia. No es preciso hilvanar aquí la lista de pintores, escritores, músicos

que tuvieron que elegir entre la cárcel y las directrices «artísticas» (es decir: «propagandísticas») del

partido, a no ser que eligieran la «salida de urgencia» del suicidio físico, o de ese otro suicidio artístico

que es el silencio v la infecundidad.

Y no es preciso acudir a la Historia porque ayer mismo han vuelto a refrescarnos la memoria con la

rocambolesca historia de la exposición pictórica española que se preparaba para Moscú. Hemos tenido

que releer cuidadosamente la fecha de la noticia, no fuera a tratarse de una vieja historieta de los tiempos

del estalinismo. Pero no era de ayer, de ayer mismo.

Nada menos que 50 de los 80 cuadros propuestos por España han quedado atrapados en las redes de la

censura artística de los soviéticos. ¿Su delito? Haber cometido el terrible pecado de ser abstractos o

informales. O tratarse de desnudos artísticos que ofenden la moral censoria. En la nómina de los pintores

rechazados está lo mejor de nuestra pintura y no precisamente de la más burguesa. Son los artistas a los

que el Partido Comunista de España acudiría para presumir de avanzado a la hora de pintar unos carteles.

El P. C. E. de hoy, es claro; cuando necesita vestirse con las hermosas galas de la libertad. Igual que hacía

el comunismo soviético de hace sesenta años, cuando docenas de ingenuos artistas se enrolaron en la tarea

de construir el socialismo que les amordazaría más tarde.

 

< Volver