El PCE les dice a los empresarios. 
 La sociedad española no pone en duda la economía de mercado     
 
 Cinco Días.    10/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

El PCE les dice a los empresarios

«La sociedad española no pone en duda la economía de mercado»

«Los pactos de la Moncloa no son la panacea de los problemas económicos españoles, y su vida técnica,

necesariamente limitada, se agotará con la Constitución», señaló anoche el diputado comunista Ramón

Tamames ante unos 150 empresarios convocados por el PCE para exponer su punto de vista sobre los

problemas empresariales.

Tamames, después de señalar que la inflación ha bajado mucho más de prisa de lo previsto, mientras los

precios se han contenido más despacio de lo esperado, dijo que los problemas actuales de la economía

española son la inflación —«de la que sólo cinco o seis puntos se deben a factores externos»— y el paro

con 800.000 trabajadores sin empleo y 200.000 más en paro marginal. A estos dos grandes obstáculos

viene a sumarse —dijo— la paralización general y progresiva de la Administración Pública, «que no se

debe a que los funcionarios no quieren trabajar, sino a la falta de empuje de la clase política».

Sólo hay pequeños y medianos empresarios

Pasando al tema concreto de lo que el PCE piensa de las empresas, Ramón Tamames dijo que habría que

distinguir entre las diferentes clases de empresas, porque falta la necesaria homogeneidad para adoptar

una postura general. En el sector financiero —dijo— no hay empresarios, sino administradores que

responden en la mayor parte de los casos a los intereses bancarios que dominan su capital; en el caso de

las filiales de empresas extranjeras, los empresarios tampoco existen y su lugar está ocupado por

ejecutivos que se limitan a aplicar las directrices que se dictan desde las casas matrices. Finalmente, en las

empresas del Estado tampoco hay empresarios, sino simplemente «políticos prebendarios sin capacidad ni

trayectoria empresarial y funcionarios más o menos gerenciales».

Para el PCE, según Ramón Tamames, el único auténtico empresario sólo se da en las pequeñas y

medianas empresas, que son los que asumen un riesgo auténtico. «A medio y largo plazo, estos auténticos

empresarios de la pequeña y mediana empresa no tienen nada que temer, sino, al contrario, de un triunfo

electoral de la izquierda.» Este tipo de empresas, que generan el 70 por cien del empleo y alcanzan al 99

por cien de las empresas españolas, «tienen una prosperidad indefinida más allá de la construcción del

socialismo».

Refiriéndose al caso concreto del sector energético, Tamames le definió como «ejemplo de irracionalidad

y derroche, y que, por lo tanto, debe ser nacionalizado». Llamó la atención sobre la contradicción

existente, en su opinión, entre la escasa utilización de un buen emplazamiento, como el de Trillo

(Guadalajara), y «el desatino de Lemóniz, a 15 kilómetros de Bilbao, y que no podría construirse si se

aplicaran los criterios de seguridad de la legislación norteamericana».

La productividad le duele al PCE

Sobre el tema de la productividad, Tamames dijo que su escaso nivel, aproximadamente la mitad que el

normal de la CEE, también preocupa al PCE. «El único camino para mejorar la productividad señaló el

diputado comunista pasa por una potenciación de la responsabilidad mutua de los trabajadores y

empresarios.»

Por su parte, el economista del partido Laureano Lázaro, que acompañaba a Tamames, señaló que en los

últimos años la mayor participación de los salarios en la renta nacional se ha debido exclusivamente al

aumento del número de asalariados —1,35 millones entre 1970 y 1976, sin que se haya registrado una

mejoría en los niveles salariales reales de cada trabajador. Lázaro, que señaló que «sería inútil no aceptar

que la sociedad española está plenamente a favor de la economía de mercado y que el PCE acepta el

sentir de la mayoría», terminó señalando que la preocupación de los empresarios no debía ser si el PCE

acepta la economía de mercado, sino si los propios empresarios están dispuestos y pueden aceptarla.

Según la Contabilidad Nacional, recuerda, en 1976 las subvenciones totalizaron 200.000 millones de

pesetas, cifra a la que habría que sumar las exenciones fiscales y las subvenciones a través de los tipos de

interés.

En el coloquio que siguió a continuación la preocupación de los empresarios se centró en el desánimo

general que existe y los riesgos de una reforma fiscal carente de unos plazos prudenciales para ser

aplicada en la empresa sin traumas.

 

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