Autor: Lago, Julián. 
 Santiago Carrillo. 
 No creo en la huelga general     
 
 Interviú.     Página: 6-9. Páginas: 4. Párrafos: 106. 

SANTIAGO CARRILLO:

«No creo en la HULGA GENERAL »

«El terrorismo de izquierda está haciendo el papel que a la derecha le interesa»

«ETA es el peor enemigo de Euskadi»

«Yo prefiero a Suárez antes que a Fraga»

«A los comunistas nos interesa que en España haya un partido socialista fuerte»

«No creo en la posibilidad de un golpe»

Por JULIÁN LAGO. Fotos: GERMÁN GALLEGO

— Dime, Santiago: ¿Quién es ahora tu delfín en el partido?

— No, yo no tengo delfín, nunca le he tenido, no quiero delfines.

— Para que no acaben devorándote, claro.

— No, no, porque tener delfines es igual que tener validos, y yo nunca he seguido ese comportamiento en

la dirección del Partido; por eso, creo, no es bueno tener delfines, no por temor a que me devoren.

Además, soy un bocado difícil de masticar, ¿o no?

Sí, seguro que sí, que SantiagohuesoduroderoerCarrillo no es fácil de engullir, y esa impresión que da

siempre de ser un viejo lobo de la política, con los colmillos prestos y afilados, salta ahora mucho más a

la vista en su propio terreno, en este despacho suyo de Castelló, donde una amplísima estantería, repleta

de libros y recuerdos, le cubre la espalda y de la que, no sé por qué, lo que me llama la atención es un

pequeño tren de madera, que se me antoja regalo de Ceaucescu, o de alguien así. («¿Que de dónde es ese

tren?, me parece que... oye, Belén, ¿de dónde es ese tren?»,). Y Belén, Belén Piniés, sobrina del

embajador de España ante la ONU, secretaria fiel de Carrillo, contesta al requerimiento desde el otro lado

de ¡a puerta, que por cierto permaneció abierta a lo largo de todo nuestro diálogo: «Es de aquí, sí, es de

aquí, Santiago». Y uno se encuentra con un Santiago Carrillo en su propia salsa, un Carrillo en mangas de

camisa pero bien encorbatado, que se sienta tras una enorme mesa de ministro, por lo menos, esta tarde de

octubre, a las pocas horas de haber tenido lugar la fiesta pecera en la Casa de Campo, a las pocas horas

también de que los socialistas hayan celebrado su congreso extraordinario.

— Santiago, para democracia interna el pesoe.

—Bueno, nosotros también celebramos un congreso hace un año y pico, y en ese congreso hablaron la

mayoría y la minoría, y votaron la mayoría y la minoría; es decir, que allí no ocurrió lo que en el congreso

del pesoe en que las delegaciones tenían un jefe que decidía él solo, que votaba él solo.

— Perdona, pero desde fuera da la impresión de que el techo de libertad en el pecé es más bajo que en el

pesoe.

—Si nosotros, mira, hubiéramos hecho un congreso, y no quiero criticar a nadie, como éste del pesoe, lo

que hubierais dicho en la prensa habría sido horrible, horrible. Los periodistas deberías ser un poco más

objetivos en esa valoración.

— ¿Más objetivos? Que en el pecé funciona el centralismo democrático...

—Sí, eso es verdad, nosotros tenemos centralismo democrático, ¿y qué?; pero hay una cosa clara, que sin

centralismo democrático, en el congreso socialista las delegaciones, provinciales o regionales, han venido

personificadas en quienes tienen la mayoría en las ciudades. Sí, yo considero que la mecánica de nuestro

noveno congreso fue mucho más democrática que la empleada por el pesoe.

— Veamos: ¿tú podrías haber sido cuestionado como Felipe?

—Por supuesto, pero en el congreso del pecé lo que se cuestionó no eran fundamentalmente las personas

sino la definición, y las proposiciones que yo defendí fueron contestadas por una parte de las

organizaciones del partido.

— Pero tú en el fondo eres intocable, y eso, lo sabes.

—En absoluto; yo, la verdad, no soy intocable.

— Pues dicen que en el pecé existe la dictadura del secretariado.

—De ninguna manera, en el pecé no existe la dictadura del secretariado, y yo he sido criticado, y lo soy,

muy abiertamente, muy claramente, ¿eh? Yo terminé mi discurso de introducción en el congreso diciendo

que si las posiciones por mí defendidas no eran aprobadas, pues me iría a la base.

—Te sustituiría Sartorius, obviamente.

—Puede.

—O Ramón Tamames, tal vez.

—Puede que también, o a lo mejor algún tapado, pero en fin, yo creo que sí, que Nicolás Sartorius sería

un buen secretario general, y Ramón Tamames igualmente, y quince o veinte personas, entre los

dirigentes, podrían ser unos excelentes secretarios generales. ¿Quién va a serlo después de que deje de

serlo yo, bien porque me quiten, bien porque me vaya; pues no lo sé, la verdad. En este sentido, se hacen

siempre especulaciones, que son normales, que a mí no me parecen extrañas. El papel de los líderes es un

papel de cierta importancia. Lo hemos visto ahora: ¿Qué ha pasado en el pesoe? Se ha aprobado una

resolución fundamentalmente de izquierdas, en la que el marxismo, sin embargo, ha elegido secretario

general a Felipe González, seguramente porque Felipe González sí tiene en el pesoe un carisma particular,

mientras con los radicales eso no ocurre.

— ¿Tú no has intentado capitalizar el malestar de los radicales..., de los Castellano, de los Llorente, de los

Bustelo?

—No, no.

— Se hablaba incluso de que estabais interesados en hacer, como ocurrió en Catalunya con el psuc, un

partido socialista unificado de España con los sectores descontentos.

—No, eso no es cierto. Nosotros hemos dicho siempre, y eso corresponde a una visión de este proceso y

del futuro; que lo que nos interesa a los comunistas es que en España haya un partido socialista fuerte.

¿Eso?

—Porque un partido socialista fuerte es un elemento de consideración de la democracia, objetivamente, y

el partido socialista es un elemento de acción para la transformación de esta sociedad.

—Y porque el pecé necesita del pesoe para presentarse ante la sociedad, ¿no?

—El pecé no necesita del pesoe para presentarse ante la sociedad; pero el pecé sí necesita del pesoe, y

el pesoe sí necesita del pecé, para llevar a cabo los cambios sociales que perseguimos.

— ¿A través de un frente común de izquierdas?

—No; nosotros no proponemos un frente común de las fuerzas de izquierdas para gobernar. Lo que

proponemos es que haya un entendimiento de la izquierda para ejercer una influencia sobre la política de

este país. No nos hemos planteado la idea ni de un programa común, ni de un frente de izquierdas que se

proponga gobernar en un periodo inmediato. No, lo que hemos dicho y ahora repetimos, es que el

entendimiento ese de te izquierda puede ser determinante para lograr una política común con los sectores

más progresistas.

— Ahí subyace la eterna idea del gobierno de concentración.

—Te equivocas en eso.

—¿Me equivoco?

—Sí; nosotros hemos renunciado a la idea del gobierno de concentración. La hemos defendido al

principio del proceso democrático, porque pensábamos que eso hubiera resuelto mucho mejor los

problemas con que hoy nos enfrentamos.

— O sea, que ya no consideráis conveniente el gobierno de concentración.

— La cuestión no es tanto si es conveniente o no, la cuestión es que cuando nosotros propugnamos esa

tesis nadie nos acompañó. No insistimos más en ello, tratamos ahora de buscar otras fórmulas que

permitan que el país no se vaya demasiado a la derecha, que el país se mantenga en una línea política no

digo de izquierdas pero sí al menos de progreso.

— Estás atravesando un momento de soledad política, Santiago.

— Lo de la soledad política del pecé podrías haberlo visto en la Casa de Campo en estos días. Si eso es

soledad política, pues es una soledad bastante acompañada. ¿Cómo se puede hablar de soledad

política, si estamos en los ayuntamientos junto a los socialistas, si estamos en seis o siete gobiernos

regionales colaborando con los socialistas y con ucedé? No, no hay ninguna soledad política en el pecé, y

además pensar que se puede condenar en este país al pecé a la soledad política resulta de lo más absurdo.

— Pues parece que ésa es la estrategia de aislamiento que está aplicando el Poder.

— Bien, habrá gente que pretenda eso, que intente aislar al pecé desde el poder. ¿Que lo están intentando?

Bueno, pero la práctica demuestra que eso no es viable, porque en nuestro proceso democrático

hay cuatro patas, yo diría cuatro patas fundamentales, con todas las diferencias que se quiera. Una pata

es ucedé, otra pata es el pesoe, otra pata somos nosotros, y otra pata son los partidos nacionalistas o

regionalistas. Esas cuatro patas sostienen la mesa y, si falla una de esas cuatro patas, la mesa se caerá sin

remedio, máxime en un momento como éste, tan delicado y en el que el terrorismo está poniendo en

peligro la democracia.

— ¡Ay, el terrorismo!

—Para mí el terrorismo, hablo del terrorismo de la izquierda, porque el terrorismo de la derecha es ahora

menos pronunciado, está haciendo el papel que a la derecha le interesa, y al referirme a la derecha me

refiero a una cierta derecha, naturalmente.

— ¿A la derecha violenta?

—No, a la derecha parlamentaria.

—Blas Pinar también está en el Parlamento.

—Bueno, yo no diría que, a pesar de que en el Parlamento esté Pinar, esté Fuerza Nueva, que éste sea un

partido característicamente parlamentario, puesto que ellos han manifestado muchas veces que no quieren

parlamentarismo, que no quieren liberalismo, que están en el Parlamento simplemente para utilizarle

como tribuna, como plataforma. Sin embargo, los demás pensamos que el Parlamento es un instrumento

de trabajo político, en el que se debe definir la política del país. Yo creo que entre esas fuerzas

parlamentarias la coincidencia ante el terrorismo es total y absoluta. Algunas veces se dice, bueno, los

líderes políticos no condenan el terrorismo más que con palabras, y es que lo que no podemos hacer los

líderes es coger una pistola e irnos a buscar a los terroristas, porque para eso está la policía. La policía es

la que tiene que resolver el problema del terrorismo; los líderes, los partidos políticos, tienen que buscar

soluciones políticas, y las buscan pues, por ejemplo, con el Estatuto vasco.

—Aunque a veces las soluciones políticas sirvan de poco frente a las razones de ETA.

—Mira, creo que ETA es el peor enemigo de Euskadi, es el peor enemigo del pueblo vasco, y está

produciendo graves trastornos al sistema democrático español, a España entera. ¿Que quién está detrás de

ETA? Pues a mí me parece que ETA se ha apoyado en un sector vasco importante, que los errores del

Gobierno han hecho todavía más importante, porque nadie duda a estas alturas que hechos como la

detención de Monzón constituyen un grave error.

— Por cierto, ¿vosotros vais a apoyar el suplicatorio que se sigue contra Monzón y Letamendía?

—Nosotros lo que pensamos es que sería una tremenda equivocación mezclar el suplicatorio con el actual

momento. Nosotros ya veremos qué actitud al respecto tomamos, pero lo que si decimos es que los

suplicatorios han de plantearse después del referéndum, después del estatuto, en un clima distinto.

— ¿Servirá el estatuto para distender el problema vasco? ¿Crees tú eso?

—Yo sé que hay encuestas que indican ya que ha habido un descenso de los que apoyaban a Herri

Batasuna, y que, si se aprueba el Estatuto, el apoyo será todavía menor; es decir, la autonomía vasca es

una pieza política esencial para aislar al terrorismo.

— Podría volverse como un boomerang contra vosotros.

— No, ¿por qué?; si se vuelve contra alguien como un boomerang, será contra todo el proceso

democrático.

— Si, pero el caso es que cuando el terrorismo hace su aparición hay sectores de la sociedad que, como

revancha, os ponen a los comunistas en la lista negra, y a ti el primero, Santiago.

—Yo no sé si este país hay gente que hace listas negras. Si la hay, lo que espero es que sean defraudados.

En todo caso, que alguien haya puesto mi nombre en una lista negra no sería más que un aspecto sin

definir, ya que no sería suprimirme a mí sólo, sino también suprimir el sistema democrático, el

Parlamento, las instituciones de este país, incluso la monarquía constitucional y parlamentaria.

— ¿Tú eres un monárquico converso?

—No, yo no soy un monárquico converso, pero de lo que sí estoy convencido es de una cosa, de que la

monarquía ha jugado un papel decisivo en el cambio político, y de que puede seguir jugándolo, y de que

no es obstáculo para la consolidación de la democracia, naturalmente a condición de que siga respetando

la Constitución.

— ¿El obstáculo es Suárez, Santiago?

—Hombre, yo no creo que la presencia de Suárez al frente del Gobierno sea el obstáculo principal. Su

política actual, eso sí, es negativa y está dando alas a ciertos sectores de la extrema derecha.

—Fraga dice que Suárez tiene que dimitir.

—Fraga dice que Suárez tiene que dimitir porque en el fondo lo que él quiere es estar en su sillón. Ahora

bien, yo prefiero a Suárez antes que a Fraga, con todos los inconvenientes que Suárez tenga, que los tiene

sin duda.

— ¿Tus relaciones con él ya no son las mismas de hace unos meses?

—Sí, en efecto, mis relaciones con Suárez no son tan buenas como hace unos meses, ni tan frecuentes

tampoco.

— Porque llegó un momento en que tú entrabas en la Moncloa como Pedro por su casa.

—Yo creo que no hay que exagerar. Lo cierto es que antes yo, de tiempo en tiempo, tenía conversaciones

con Suárez sobre la situación política, y que después de las últimas elecciones, particularmente tras la

sesión de investidura pues apenas le he visto, muy raramente. Sin embargo, yo he leído que Suárez se ha

entrevistado con Felipe, por espacio casi de una hora, al día siguiente de los últimos sucesos militares.

— Pues es muy raro que no haya tenido un cambio de impresiones contigo.

— A mí eso no me ha extrañado, ¿por qué lo consideras tú muy raro?

— Porque, al ser el pecé uno de los primeros afectados por un posible golpismo, lo lógico sería que te

pusiera en sobreaviso.

—No, el golpismo nos afectaría a todos, aunque yo creo que no hay peligro de un golpe, que no hay

motivos para preocuparnos hasta este punto.

— Oye, una pequeña curiosidad.

— Sí.

— ¿Has dormido todas estas noches en tu casa?

— Yo he dormido en mi casa todas las noches, sí.

— ¿Incluso tras las declaraciones que tan directas a tu persona hizo el capitán general de Sevilla, Merry

Cordón?

— No, porque esas declaraciones no iban dirigidas contra mi persona.

— Pues dijo que estaba harto de ratas y de pelucas.

— No; yo no me siento aludido por esa declaración, no. Ese es un clima que algunos alientan.

— Empezando por el propio Gobierno, que lo utiliza como instrumento de presión.

— En realidad, algunas veces uno puede tener esa impresión. Por ejemplo, en el debate sobre el programa

económico gubernamental; pero creo, a pesar de todo, que quedó de manifiesto que por lo menos nosotros

no nos amedrentamos.

— Sin duda ha sido la posición más dura que tú has adoptado con el Gobierno.

— Probablemente, por lo menos una de las más duras.

— ¿Intentasteis antes transar? ¿Ofrecisteis a Abril alguna clase de negociación?

— Nosotros hemos intentado, claro que sí, un pacto político-económico a cuatro bandas: Gobierno,

partidos, sindicatos y empresarios. Sobre todo para poder hacer frente a los problemas de la profundísima

crisis, sobre todo lo que al paro se refiere. Esa propuesta nuestra fue rechazada por el Gobierno, y aquí yo

creo que los compañeros socialistas cometieron un error, creyendo que sólo negociarían empresarios y

sindicatos. Los empresarios y los sindicatos deben negociar los convenios colectivos, deben negociar los

salarios; la política del país es el programa económico, es un elemento capital de la política del país.

Interesa en primer lugar a los partidos; o sea, que nosotros queríamos esa negociación que no fue posible.

— ¿Habría que resucitar los viejos pactos de la Moncloa?

—No, los viejos pactos de la Moncloa es muy difícil resucitarlos, porque dejaron un mal sabor de boca al

ser incumplidos por el Gobierno. Esos pactos fueron el principio de una política de entendimiento y de

cooperación de las fuerzas democráticas, y su incumplimiento nos decepcionó y es evidente que hablar

ahora de ellos no suena de una "manera grata. Sin embargo, lo que me parece evidente es que en esta

democracia frágil que tenemos...

— Eso también lo ha dicho Felipe.

— Pero yo lo había dicho también antes que él.

—¿Felipe te copia?

— No, yo no digo que Felipe me copie.

— Le copiarás entonces tú a él.

— Tampoco, y además eso es algo que yo lo he estado repitiendo como un eslogan en los discursos

parlamentarios, porque es verdad, porque tenemos una democracia muy frágil. Te decía: que en esta

democracia frágil es evidente que, si no hay un mínimo de entendimiento entre las fuerzas interesadas en

la consolidación del actual sistema, en general, todo proceso de cambio en España es muy difícil. Algunas

gentes hablaron en su momento del milagro español, y la verdad es que el milagro se produjo porque la

dictadura ya no tenía soluciones para los problemas de la crisis, y para los problemas políticos y

estructurales del país, y que por eso desapareció tan fácilmente el franquismo, en el momento en que

desapareció el general Franco. Y no está siendo fácil porque en el proceso las izquierdas esta

mos participando más bien poco, en parte sobre todo por la falta de entendimiento en la izquierda.

— ¿La culpa la tiene el pesoe?

— No.

— ¿La tenéis vosotros?

— Yo creo que la culpa viene de...

— ¿De las reticencias históricas de los socialistas hacia los comunistas?

—Reticencias históricas, claro que las hay. Somos dos partidos entre los cuales ha habido periodos de

problemas y periodos de unidad. Ahora, lo importante sería efectivamente que nos aproximáramos.

Evidentemente, nosotros hemos tenido menos votos que ellos, pero también es cierto que nuestra

influencia en el terreno sindical es mucho mayor.

— ¿Es verdad que el Gobierno está primando a ugeté?

— Tú lo has dicho.

— No; yo te lo pregunto a ti.

—Yo creo que el Gobierno está

demostrando hoy en el terreno sindical una gran incongruencia. Empezó apoyando a los independientes...

— Luego apoyó a Comisiones.

—...después no creo que apoyara a Comisiones; en ningún momento. Lo que ocurre es que Comisiones

era la fuerza real y los empresarios pactan con aquellos que les garantizan el cumplimiento de lo pactado.

Ahora bien, el Gobierno ha pensado que para aplicar su programa económico tiene que dividir a los

trabajadores, y ha hecho una especie de viraje de aproximación a ugeté, tratando de hacerles concebir

ideas de que van a ser favorecidos cara a los trabajadores. No obstante, yo estoy convencido de que eso

también ha fracasado, de que es muy difícil dividir a los trabajadores y de que los compañeros de ugeté se

darán cuenta de que tendrán que ir juntos con los compañeros de Comisiones en cuanto a la defensa de los

intereses de clase.

— ¿Los intereses de clase pasan por la huelga general?

— No, no lo creo.

— ¿Tú no estás a favor de la huelga general?

—Yo no creo que haya razones todavía, para una huelga general. En este país sería un acontecimiento

muy serio. Efectivamente, si el Gobierno y los empresarios no negocian no vienen al campo de la razón

movilizaciones tendrá que haber, y movilizaciones muy importantes; pero en las actualidad no creo que se

plantee esa cuestión; no, no creo en la huelga general; aqui y ahora, no

 

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