Autor: Vilar, Sergio. 
 Sergio Vilar. 
 Crítica de la incompetencia  :   
 Apostillas a la crisis del PCE (y II). 
 Diario 16.    03/10/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

OPINION

Octubre80/Diario16

SERGIO VILAR

Crítica de la incompetencia

Apostillas a la crisis del PCE (y II)

El desastre de «Mundo Obrero» no me extraña lo más mínimo; lo preví ya en 19691970: existen

documentos míos, que tal vez se encuentren en los archivos del PCE o del PSUC, en los que hacía esa

prospectiva.

Hoy, el caso de «M. O.» (durante el exilio, en París, lo llamábamos «La hoja parroquial») no tiene nada

de sorprendente. (Tan es así que yo no di ni una peseta para «la campaña de los 200 millones», que iban a

permitir el lanzamiento de ese diario, millones que ahora se han perdido.)

El problema de las redacciones de los periódicos comunistas, entre ellos «M. O.», es que en ellos apenas

se tolera la creatividad, la espontaneidad y la originalidad en la consideración de los acontecimientos. Sus

principales «responsables» son personajes ultrafieles a la secretaría general del partido, personajes que en

algunos casos no tienen la menor solvencia como periodistas, que se han improvisado como tales, o que si

tienen alguna experiencia la subordinan totalmente a los designios del gran jefe: son los reproductores de

la voz de su amo.

Durante 1969, 1970 y hasta abril de 1971 trabajé junto a Federico Melchor en la redacción de París. Muy

pronto empecé a hacer críticas sistemáticas, no sólo al contenido de «M. O.» sino también a «Nuestra

Bandera» y a una revista quincenal que publicábamos en Bruselas, «Información Española.»

A pesar de que observaba que mis críticas eran recibidas con disgusto, yo continué con ellas (mi

ingenuidad es a prueba de bomba) y tuve la osadía de plantear la cuestión al propio Carrillo y al secretario

general del PSUC, López Raimundo, con lo cual corrí el riesgo de pasar por encima de Melchor.

Pero inútilmente: en síntesis, López Raimundo (de quien uno dependía oficialmente) se limitó a decirme

que me callara, que fuera obediente o que dejara mi trabajo en las revistas del PCE. (¿Cómo iba a ser

«obediente» si en 1971 yo ya llevaba doce años de lucha periodística en Barcelona, manteniendo

posiciones democráticas al tiempo que escribía en los principales diarios y semanarios como «La

Vanguardia» y «Destino», del que había sido redactor-jefe?)

Inmediatamente, pues, dejé mi despacho en la rue Quatre Septembre, junto a la Opera, en donde se

encontraba la redacción clandestina. De hecho, en mi intimidad, desde aquellas fechas (1971) tomé la

decisión de salir del PCE..., pero consideré que no debía hacer pública mi disidencia hasta que Franco

desapareciera y empezara a consolidarse la democracia.

El desastre de «M.O.»

El desastre de «M. O.» se explica porque, desde entonces (y quizá desde antes), Federico Melchor ha

eliminado de sus alrededores a todo periodista con personalidad propia y con historial profesional al

margen del partido. Los últimos acontecimientos prueban cuanto digo: Melchor ha contribuido a que se

marcharan o a expulsar de «M.O.» y del PCE a periodistas de reconocido prestigio, algunos con más de

veinte años en el oficio, mientras que, a la vez, ha promocionado como periodistas a simples «amateurs»

e, incluso, a un antiguo torero de séptima u octava categoría, que, al parecer, combina con salero la

incompetencia en el toreo y la habilidad apologética del carrillismo-oportunismo. Así va el PCE.

El texto de José Luis Gutiérrez acerca de «M. O.» es una información excelente, veraz. Pero al final de

este artículo (el III de su serie), José Luis dice algo que los hechos contradicen: «Nadie ha jugado al

"semprunismo", a la crítica ácida o violenta contra el partido.» Vamos a ver los hechos.

Que la inmensa mayoría de militantes que han salido del PCE y del PSUC no hayan hecho una crítica

pública a estas organizaciones se debe a que no tienen acceso a las páginas de los periódicos, los cuales

tampoco se preocupan de difundir los criterios de los disidentes. También sucede que en algunos

periódicos se encuentran militantes o simpatizantes del PCE y del PSUC que dificultan la publicación de

textos críticos, fundamentados en hechos, contra las organizaciones comunistas. Además, existen

directores, adjuntos a la dirección y redactores-jefes de periódicos que, como durante la dictadura no se

caracterizaron por sostener posiciones democráticas, ahora tienen miedo de publicar críticas al PCE.

A pesar de este ambiente antícrítico, los militantes más conocidos que hemos roto con el PCEPSUC (por

ejemplo, Isidor Boix, ex miembro del comité ejecutivo del PSUC; Vicente Alvarez Areces, ex secretario

general del PC asturiano, etcétera) hemos conseguido transmitir en la prensa las razones de nuestra baja y

todos lo hemos hecho con grandes críticas a la falta de democracia interna.

En mi caso concreto, he hecho numerosas críticas al PCE-PSUC, directa e indirectamente, antes de entrar

en este partido, durante mi militancia y después de dejarla.

Antes: véase la introducción a mi libro «La oposición a la dictadura» (París, 1968).— Durante: consúltese

mi obra «Cuba, socialismo y democracia» (París, 1973), donde generalizo la crítica a la burocracia en los

países «socialistas» y en los PCs (por cierto, el hoy «eurocomunista» Azcárate, en 1971 me ordenó con

estilo asiático —stalinista— que no publicara ese libro, y como, naturalmente —por vía genital-mental—

no le hice caso, el PCE dificultó su difusión). Después: la crítica la he desarrollado en numerosos

artículos en DIARIO 16, en «Avui», «Mundo Diario», «La Vanguardia», «El Viejo Topo», etcétera, de

Barcelona, y principalmente en mi último libro, «Crisis y nueva política de la izquierda española»

(Barcelona, 1979), libro que, según Amando de Miguel, es el alegato «más duro que podemos encontrar

en forma no novelada» (A. de Miguel: «Los intelectuales bonitos», p. 153).

Pero yo no juego al «semprunismo», entre otras razones porque la mayoría de mis críticas las he hecho

antes de que Semprún publicara su autobiografía.

 

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