Autor: Sole i Tura, Jordi. 
   Una reflexión sobre los partidos políticos     
 
 El Periódico de Cataluña.    06/01/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Tribuna

Una reflexión sobre los partidos políticos

Jordi Solé Tura

ELEGIR el más importante entre los problemas del año no es cosa fácil. Desgraciadamente hay muchos,

y todos son importantes. El paro, en primer lugar. El terrorismo. La construcción de las autonomías. El

vacío de gobierno. La inflación. La creciente tensión internacional. Y así podríamos seguir.

Pero se me permitirá que me refiera a uno que cada día me preocupa más: el del papel y la

representatividad de los partidos políticos en nuestro país.

Construir un sistema de partidos políticos no es fácil después de cuarenta años de dictadura. Y menos en

un país como el nuestro, donde no ha existido casi nunca un sistema de partidos propiamente dicho. Si

exceptuamos el breve y complejo período de la II República, es muy discutible que lo que existió a lo

largo del siglo XIX y primer tercio del XX fuese un auténtico sistema de partidos políticos.

Recuerdo esto para situar el problema. Cuando se inició la transición de la dictadura a la democracia en

nuestro país el único partido que tenía una estructura sólida era el de los comunistas (el PCE y el PSUC).

Pero era una estructura forjada en y para la clandestinidad y en consecuencia tuvo también serios

problemas para adaptarse a la nueva situación. Los socialistas también tenían una estructura bastante

hecha, pero menos sólida. Algo parecido puede decirse del Partido Nacionalista Vasco. Los demás,

salvando las diferencias de unos a otros, se formaron sobre la marcha, en torno a núcleos de personas con

trayectorias muy diversas.

DESDE sus respectivas posiciones, los partidos se enfrentaron con los problemas de la transición, en una

situación de crisis económica profunda que modificaba muchos de los esquemas fabricados con

antelación. Y la población les votó, demostrando claramente que rechazaba el franquismo y que aceptaba

los nuevos partidos como instrumentos de representación. El electorado les dio, por así decir, un margen

de confianza, aunque quizá sin haber captado plenamente las implicaciones del nuevo sistema, como si

los partidos políticos no sólo les fuesen a representar sino también a resolver los problemas a corto plazo.

(...) han pasado más de tres años y se puede intentar ya un balance. Y aquí es donde empieza mi

preocupación. Está claro que no se puede meter a todos los partidos en el mismo saco ni atribuir las

mismas responsabilidades a los que gobiernan y a los que están en la oposición.

Pero no me refiero a esto. Me refiero al hecho de que en este momento los partidos políticos parecen más

preocupados por sus propios problemas, por sus cuestiones internas que por los grandes problemas que

afectan a la población.

Esto es especialmente grave para los partidos de izquierda, que representan a los trabajadores y a las

clases populares. Estamos ante una crisis gravísima, el paro aumenta sin cesar, la situación internacional

se hace cada vez más peligrosa, aumenta la bipolarización del mundo, se ahonda la división sindical y

política de los trabajadores, etcétera. Y como expresión de todo ello, hay una creciente desconfianza en

las posibilidades del sistema democrático, se tiende a buscar soluciones corporativistas y gremiales,

desciende la solidaridad, resurgen las concepciones individualistas y pierden peso las respuestas

colectivas, etcétera.

ANTE esto, lo peor que pueden hacer los partidos y especialmente los de izquierda, claro está, es

encerrarse en sí mismos, meterse en discusiones abstractas o de grupo aislado, buscar la identidad en las

viejas certidumbres, revivir los ritos y las simbologías de cada grupo, dejar para un futuro incierto la

solución de los problemas que hoy aquejan más directamente a los trabajadores y a las clases populares.

El peligro actual es que los partidos -e insisto que me refiero fundamentalmente a los de izquierdas- se

conviertan en núcleos cerrados y aislados en función de problemas que la mayoría de la gente no siente

como propios. Los partidos deben proyectarse hacia fuera, ser canales de participación popular, no de

simple selección de dirigentes públicos, ser elementos de reconstrucción de un tejido social que la crisis

está descomponiendo, ser centros de referencia para las aspiraciones más progresistas, ser instrumentos de

solidaridad entre los trabajadores, ser factores de organización de la sociedad civil en sus múltiples

aspectos y sectores, y en definitiva, aparecer como elementos de esperanza para todos los que necesitan

superar la angustia de la actual situación.

PARA ello deben ser capaces de dar alternativas. Y no hay ni habrá alternativas sin la unidad de la

izquierda, sin la unidad de socialistas y comunistas fundamentalmente. Pero tampoco la habrá si unos y

otros no son capaces de proyectarse fuera de sí mismos y de estar presentes en cada momento y en cada

ocasión en que sea necesario dar una respuesta a un problema colectivo y abrir una vía de solución. De

que esto sea o no sea así somos responsables todos los que militamos en partidos de izquierda. Y lo peor

que nos podría ocurrir es que en esta tarea no estuviésemos a la altura de nuestra responsabilidad.

Jordi Solé Tura. Diputado en el Congreso por, el PSUC y portavoz del grupo comunista

 

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