Autor: Vilar, Sergio. 
   La hoz y el tanque en le PSUC     
 
 Diario 16.    07/01/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

7-enero-81/Diario 16

SERGIO VILAR

La hoz y el tanque en el PSUC

«En Barcelona, los "tanques" han ocupado las principales instancias del PSUC. Aman a Moscú: con

intransigencia. No aceptan el divorcio. Su verdadera religión sigue viniendo del Este. Adoran el

capitalismo de Estado soviético y odian el capitalismo privado occidental.»

En el fondo, la mayoría de jefes comunistas sueñan con llegar a ser ellos mismos los jerarcas máximos de

un nuevo modo de producción capitalista que, para disimular, llaman «comunismo», adornándolo con

frases hipotéticamente justicieras y músicas igualitarias, que jamás llegan a buen término.

Son, en potencia —y en los países del Este ya constituyen—, lo que Orwell conceptuó lúcidamente como

el «colectivismo oligárquico»: definición tan paradójica como certera: los comunistas forman la nueva

oligarquía.

El viraje táctico emprendido a última hora por Antonio Gutiérrez Díaz, ex secretario general del PSUC,

mostrándose pro soviético (en contradicción relativa con sus anteriores posiciones «eurocomunistas»),

con el fin de recuperar la creciente corriente de militantes favorables a la eliminación de las críticas a la

U.R.S.S., es una maniobra que le ha resultado improductiva.

Gutiérrez se despeñó

A pesar del viraje, y probablemente debido a su excesiva velocidad en curva cerrada, Gutiérrez Díaz ha

terminado despeñándose: porque los pro soviéticos resulta que son mucho más pro soviéticos que lo que

el antiguo secretario general del PSUC imaginaba: los exagerados piropos que Gutiérrez Díaz lanzó a la

U.R.S.S., presentándola de modo inaudito como una abanderada de la paz, cuando todo el mundo conoce

su expansión militarista, no han bastado para colmar las exigencias idolátricas de los nuevos «creyentes»

en la implantación de aquel «paraíso terrenal».

Como he venido sosteniendo en los últimos cuatro años, el supuesto eurocomunismo no ha conducido a

nada: el parto publicitario de Carrillo no ha salido de sus pañales y, al menos en Cataluña, muere

sietemesino, mientras vuelve a expandirse por todas partes el neoestalinismo.

La tendencia eurocomunista no sólo no se ha autorealizado teórica y programáticamente, sino que su

práctica política ofrece un saldo negativo, sobre todo en las zonas españolas controladas por el PCE, en

donde su influencia electoral se ha mantenido a un nivel muy bajo o nulo. En teoría, el eurocomunismo ha

nadado en la indigencia más depauperada; en programa, el eurocomunismo no ha hecho mas que vagas

tentativas de reconvertirse en un partido socialista.

Desde el punto de vista de los comunistas rigurosos y a la antigua usanza, es lógico que se rechace el

eurocomunismo: no aporta nada de nuevo a las posiciones de las izquierdas: de hecho es una

derechización de los partidos comunistas: se limita a promover una tentativa vergonzante, no explícita, de

reconstruir cada PC para reconvertirlo en otro PS (pero con el inconveniente de que mantienen los

métodos de organización stalinistas).

Pero, como de hecho, después de tanto hablar (muchos adjetivos y pocos sustantivos), no han realizado la

menor innovación estructurada, estaba resultando propio de su lógica que el peso de su pasado volviera a

imponerse y, siguiendo con su tradición política de bandazos, retornarán a las viejas posiciones pro

soviéticas.

Bajo la apariencia de los «Nous Horitzons» («Nuevos Horizones», título de una revista política del PSUC,

escrita en catalán) hay mucho viejo horizonte, mentalmente arcaico, anclado en vivencias y creencias del

siglo XIX. Los comunistas catalanes se inclinan, pues, en su mayoría, por restablecer el filial cordón

umbilical que les unía —hasta la confusión de los «cuerpos»— con el paternalismo ultraautoritario

imperante en las estepas rusas.

Ahora bien, si el eurocomunismo difícilmente podría llevarles a alguna parte, salvo a reconvertirse en un

partido PS (con el inconveniente de que en España ese puesto ya lo ocupa un PSOE bastante fuerte), el

impulsar de nuevo, por otra parte, un neostalinismo tampoco puede asegurarles nuevos triunfos. Con toda

probabilidad, esta oscilación pro soviética les llevará, les está llevando ya, a la reedición del maniqueísmo

sectario típico de los años 1950.

Tal como andan los tiempos, sin embargo, esa actitud no favorecerá los planes de los comunistas. La

política de la hoz y del tanque no aumentará su influencia electoral, porque algunos sectores de sus

votantes están formados por representantes de la pequeña y mediana burguesía que en principio

simpatizaban con la política progresista del PSUC, relativamente moderada y catalanista, pero que de

ningún modo se dejarán conducir por un sospechoso ultraizquierdismo subordinado al capitalismo

monopolista soviético.

Por otro lado, los socialistas del PSC-PSOE, muchos de cuyos dirigentes ya no mostraban entusiasmo a

establecer alianzas con el PSUC-PCE, rechazarán —como ya ha rechazado el primer secretario de los

socialistas en Cataluña, Joan Reventós— los acuerdos sistemáticos con quienes no avanzan hacia el año

2000, sino que vuelven a constituirse en poco menos que prisioneros de la mitología dimanante de la

revolución de 1917, en un país subdesarrollado y principalmente agrario como era Rusia en aquel tiempo.

Esfuerzos para aislarse

Así, los comunistas catalanes están haciendo insólitos esfuerzos para aislarse, y una vez estén encerrados

en su ghetto, como ya lo están los franceses, como ya lo estuvieron en décadas anteriores, entonces

acusarán a los demás de establecer un cerco en torno a ellos. Curiosa mentalidad en la que no faltan

algunos mecanismos sádicomasoquistas: de vez en cuando se lanzan a la guerra caliente, más o menos

literal o simbólica, con palabras ardiendo o con balas zumbando, y después acusan a los demás de

replicarles con la guerra fría.

En Cataluña se han acabado las ambigüedades: los pesuquistas ponen de relieve su máxima

contradicción: pretenden construir «un socialismo en libertad» y, sin embargo, apoyan con entusiasmo el

régimen de la U.R.S.S., que pisotea, tortura y fusila la mayoría de libertades concretas de los pueblos del

antiguo imperio de los zares, y de diversas naciones próximas. Son pro soviéticos: con la contradicción

suplementaria y simultánea de que Carrillo acaba de declararse pro chino.

 

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