Autor: Jiménez Losantos, Federico. 
   La crisis final del eurocomunismo     
 
 Diario 16.    07/01/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

La crisis final del eurocomunismo

Federico Jiménez Losantos

El cambio en la dirección del PSUC impone una seria reflexión sobre los tres campos políticos que

conmueve definitivamente: Uno, el aislamiento nacionalista del PSUC con respecto al PCE hace

prácticamente irrecuperable la crisis del eurocomunismo. En cambio, el prosovietismo del PSUC será el

elemento clave del próximo congreso del PCE. El eurocomunismo ha perdido toda la credibilidad que

algunos, dentro y fuera del partido, le concedieron.

Dos: Toda la política catalana y particularmente la socialista, sumergida en una crisis de identidad acaso

mayor que la comunista, deberá reorganizarse en los próximos meses.

Tres: La opinión pública habrá de pedir a los políticos e intelectuales en el futuro definiciones claras en

política internacional y, posiciones inequívocas con respecto a la U.R.S.S. y Occidente, al sistema que

propicia la democracia y al que impone la dictadura.

La definitiva conversión al nacionalismo catalán, impulsada

por la fracción hasta hoy dirigente, ha convertido al PSUC en una organización inaccesible para la

dirección del PCE, pero, curiosamente, no al revés. La cuestión es reveladora de las relaciones actuales

entre la política catalana y la espanola. Se ha hecho cierta la demagógica declaración de Carrillo hace tres

años: «El PSUC tiene derecho a intervenir en el PCE, pero el PCE respeta la independencia del PSUC.»

El desprestigio

Los leninistas de la dirección de CC 00 y del PSUC han cabado a conciencia la fosa que hoy les deja a

merced del aparato de su partido soberano. No pueden quejarse. Por otra parte que sea un hombre de

Comisiones, Frutos, el sustituto de Gutiérrez permite preguntarse hasta qué punto la conversación

nacionalista de Comisiones no ha usado como pantalla el catalanismo de sus dirigentes «euros» para

conseguir quedar a salvo de la influencia carrillista y poder imponer sin problemas el actual giro obreris

ta y prosoviético, dado que toda la fuerza del PSUC radicaba en su sindicato. Se ha invertido la «correa de

transmisión» leninista.

Los prosoviéticos tienen ahora una oportunidad de oro en el congreso del PCE, un notable —por su

prosa— articulo del fiscal Chamorro resumia perfectamente todas las tasis de los afganos catalanes, y

anunciaba tal vez la vuelta de muchos «históricos» anticarrillistas. Menos Líster, todos.

Por una vez hablan los comunistas de presiones de la Embajada soviética y, efectivamente, un párrafo de

la ponencia aprobada habla de evitar diferencias con «partidos hermanos como el francés o el portugués».

No se han recatado los ahora vencidos en denunciar el intento soviético de traer al redil, por este orden, al

PSUC, al PCE y al PCI. Ahora falta por ver a la prensa progre presentar al «Guti» como víctima

democrática. Convendrá recordar como en vísperas del congreso dejó en la estacada a su ala derecha

(Solé Tura, Jordi Borja, etcétera) marcándose unas declaraciones de pleitesia hacia la U.R.S.S.

absolútamente ajenas a cualquier convicción democrática.

A ver quién nos convencé ahora de la sinceridad democrática del eurocomunismo. Me muero de ganas de

ver a Vázquez Montalbán diciendo de nuevo por televisión eso tan bonito de «pertenezco al comité

central del PSUC hace dieciocho años porque soy un liberal».

Ensenanzas democráticas

Por ultimo, recordemos lo que nunca debe olvidarse. La identidad comunista se define esencialmente por

su vinculación con la U.R.S.S. en contra de Occidente. Los «afganos» catalanes han critícado

consecuentemente la pretensión de considerar a Europa «el ombligo del mundo». Es evidente que para

ellos el cordón umbilical nace en Moscú, agradeciendo la consecuencia doctrinal de los comunistas cabe

esperar que los socialistas españoles saquen consecuencias de esta crisis depurando de marxismo

frentepopulista lo que debe ser una política claramente democrática y sin oportunismo «neutralista»

internacional.

Nuestros intelectuales demócratas deberían meditar estás dos frases de Raymond Aron, hoy puestas al día

en Barcelona: «Toda acción, a mediados del s. XX, supone y trae consigo una toma de posición respecto a

la empresa soviètica. Eludir esta toma de posición es eludir la sevidumbre de la existència histórica.

Incluso cuando se invoca a la historia.»

«La adhesión a un régimen real y por consiguiente imperfecto nos hace solidarios con las injusticias y

crueldades de que ningún tiempo ni país han estado exentos. El verdadero comunista es el que acepta toda

la realidad soviètica en el lenguaje que se le dicta. El autentico occidental es el que sólo acepta totalmente

de nuestra civilización la libertad que le permite criticarla y la oportunidad que le ofrece de mejorarla.»

 

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