Autor: Urbano, Pilar. 
   Tamames abrió el puño     
 
 ABC.    19/05/1981.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

16/ABC

_____Hilo directo_____

Tamames abrió el puño

Le debo un «croissant» a Ramón Tamames. Y trato de saldar la deuda con esta columna. Me explico: de

las dos horas largas de «desayuno en el Ritz» que mantuvimos con él, la otra mañana, por implacables

exigencias de espacio en el periódico, apenas ofrecí... «una taza de té» del desayuno aquel.

ReconocíaRamón su decepción por la anquilosis de un partido cuyo «apparat» sigue en manos de los

mismos hombres que hicieron el comunismo republicano, el de la guerra civil, el del exilio y el de las

catacumbas clandestinas «sin renovación ni democratización interna» y como surgiese la vieja broma de

«¿qué hacía un chico como tú, en un partido como ese?», respondió con cierto deje de nostalgia «jyo era

muy joven cuando me apunté al PCE!... 1956... Consideraba que el partido comunista tenía que ser una

palanca de transformación social, en todos los campos, desde la liberalización de la cultura hasta la

reforma agraria, siempre en una dirección progresista». Tamames no quiso meterse en dibujos profundos:

en cómo la «oposición a la dictadura», aliento que hermanaba a aquellas oleadas de neocomunistas del

franquismo, anestesió durante muchos años los diferentes palpitos sociales e ideológicos que convivían

bajo una misma hoz y un mismo puño: obreros e intelectuales, pro soviéticos y «euros», antiguas JSU

(Juventudes Socialistas Unificadas) de cuando la República y «peceras» de nuevo cuño... En el 77, tras la

euforia de la legalización y las primeras elecciones, comenzó la desbandada de los profesionales liberales,

los intelectuales y los artistas «unos se fueron por su pie... otros, como expulsión y excomunión».

Después sobrevendría la más grave «estampía»: los obreros que a miles no renovaban sus carnés de

militantes. Hoy, apenas si se superan los cien mil afiliados en toda España.

Hubo un momento, en diciembre del año pasado, en que Tamames pensó seriamente en deshancar a

Carrillo y el carrillismo (Sánchez Montero, Jaime Ballesteros, Paco Romero Marín...) dando batalla

alternativa en el X Congreso. Pero a don Santiago la suerte le vino a visitar dos veces de modo

inesperado: el sovietismo de los comunistas catalanes fue la mejor cosmética para su deshilachada

imagen: de aquel tornado del PSUC, Carrillo resurgió fortalecido como «el único eurocomunismo

posible». E inmediatamente, por obra y gracia del señor Tejero, el ritmo aconsejable «andante ma non

troppo», espaldarazo para su discutidísima política de moderación y arrimo al poder.

Y Tamames se fue sin librar la batalla. Yo creo que hizo mal. Que cuando el partido de uno preocupa y

decepciona, hay que arremangarse en la faena de arreglarlo y cambiarlo. Pero «yo no he querido ser

cómplice del destrozo... y del declive imparable», nos dijo desayunando. Tamames ahora no sólo no cree

en el PCE de sus veinticinco años de militancia, ni en la necesidad de «hacer otro partido comunista»:

Tamames ahora no cree ¡ni en los partidos!... «la respuesta ciudadana ya no pasa por los partidos... hay

que pensar en otras fórmulas de participación... se ha llegado a tal cristalización de posiciones y egoísmos

que, o vamos entre todos a algún tipo de «contrato político» o no salimos de la crisis social»... Pero lo

más crugiente del «croisant» fue cuando Ramón desenvolvió su «lema» de acción: «liberté, fraternité,

egalité», mientras murmuraba «hay que recuperar el regeneracionismo de la Enciclopedia y la

Ilustración». |Nueva cosa!—Pilar URBANO.

 

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