Autor: Gutiérrez, José Luis. 
 La crisis del PCE (IV). 
 Unas Comisiones demasiado obreras     
 
 Diario 16.    25/09/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

GRITOS Y SUSURROS

La crisis del PCE (IV)

José Luis _______ Gutiérrez

Al contrario de lo ocurrido en Francia con los intelectuales cismáticos que abandonaron el PC francés, el

PCE se ha portado con respeto y corrección con aus hijos prófugos. Según Pierre Daix, intelectual francés

que abandonó el partido en 1974 y que acaba de terminar un libro sobre el tema, el PCF los ha sometido a

«la calumnia, la destrucción moral y material». «Renegados», «traidores a la clase obre

ra» o «vendidos a la CIA», han sido algunas de las lindezas que Marcháis ha dedicado a los heréticos.

Nada de eso ha ocurrido aquí, donde las salidas han ido acompañadas del silencio y el respeto mutuo.

En la mayor parte de los casos, la decepción, el desencanto y la tristeza han acompañado al dimisionario

que entregaba su carnet, y con él, varios años de lucha intensa e ilusionada.

Unas Comisiones demasiado Obreras

Como señalaba uno de los «fugados» más conocidos a este columnista, «cuando vinieron los de la

dirección del exilio, hubo que darles un sillón. A partir de entonces ya no se pudo nacer nada».

Porque el partido, hasta el año del retorno de los exiliados en 1976, era dirigido, en buena parte, por el

interior, y en tal responsabilidad tenían mucho que decir los jóvenes dirigentes de los sectores

intelectuales y profesionales que constituyeron, desde 1968 a 1972, el gran núcleo de dirigentes jóvenes

que constituyó el entusiasta PCE de 1977. Esta situación terminó con la llegada de Carrillo y los demás

exiliados.

Todos, sin embargo, coinciden en que su salida no está relacionada con una frustrada pretensión de

acceder a cargos del partido, sino a la imposibilidad de participar democráticamente en el diseño de su

linea política, bloqueada por numerosos «funcionarios» y aparatistas que ven en los cargos un fin en sí

mismos y no un medio para alcanzar una sociedad distinta y más justa.

Se han sentido, asimismo, manipulados e instrumentalizados dentro de la maquinaria comunista, como

adornos lujosos que colgar de la etiqueta eurocomunista.

El juego limpio, por parte del partido, a veces se ha roto con alguna excepción. Por ejemplo, el citado

informe de Elordi sobre el PCE, publicado en «La Calle» estaba, quizá, demasiado bien hecho. Hablaba

del descenso de militancia con prosa aséptica y equidistante. No hablaba de dimisiones, pero indicaba que

«Carrillo concentra demasiado poder en sus manos». El informe no gustó —incluso irritó a algunos

dirigentes— en las altas esferas de la jerarquía comunista, que vio tras él la mano del líder de CC 00

Nicolás Sartorius, que pasa por tener marcada influencia en el semanario.

En un diario madrileño aparecería una información, firmada con seudónimo, que hablaba en tono crítico y

hasta insultante de una finca de faisanes que se anunciaba en la revista —cuya propiedad se atribuyó

falsamente a Carrillo— perteneciente al militante Teodulfo Lagunero, principal accionista del semanario.

La información, según fuentes solventes, provino de un miembro del comité ejecutivo del PCE...

El enfrentamiento entre «euros» y pro soviéticos en el seno del partido —aunque este planteamiento

peque, inevitablemente, de esquemático— se entrevera con los residuos del debate sobre el leninismo,

algunos de cuyos rescoldos se patentizan con la crisis de Afganistán, y los enfrentamientos entre los

partidarios de justificar la invasión con los que la condenan. Como se recordará, en el IX Congreso el

PCE renunció a su concepción leninista.

El «test de Comisiones»

Pero también se da, por qué no decirlo, una dialéctica de viejos y jóvenes, aunque, según Alonso

Zaldívar, haya «viejos jóvenes» y «jóvenes viejos». Son pocos casos. Porque el PCE de hoy es un partido

geriátrico, con muchos ancianos, que pretende aumentar su militancia y su voto en un país en el que el 85

por 100 de sus habitantes tienen menos de treinta y cinco años. De los 53 miembros del comité ejecutivo,

17 tienen más de sesenta años y otros cin co están por encima de los cincuenta. No hay ninguno menor de

veinticinco años, sólo tres son mujeres, y entre veinticinco y treinta y cinco años hay solamente cinco. En

las agrupaciones de barrio, la media es también muy alta, rondando en muchos casos los cincuenta años.

Es, sin embargo, en Comisiones Obreras donde el contraste de posturas se hace más vivo y con mayores

resaltes. Mayoritariamente pro soviético en sus bases y dirección, el enfrentamiento en el sindicato

comunista con la línea oficial del partido se hace cada vez más patente. Según un miembro del

secretariado, en el partido reina una gran preocupación porque en los despachos de Comisiones abundan

de forma alarmante los informes de la agencia de prensa Novosti y los ejemplares de la revista «Tiempos

Nuevos», medios ambos pertenecientes a la Unión Soviética.

Las próximas elecciones de CC 00 de Madrid, donde se enfrentan el conocido dirigente pro soviético

Fidel Alonso y Juan Moreno, serán un buen ensayo para detectar dicho enfrentamiento.

En medios del partido se piensa que la U.R.S.S. ha renunciado, tras sus duros enfrentamientos con

Carrillo y la línea eurocomunista del PCE, a dar la batalla al secretario general del PCE, fomentando

corrientes anticarrillistas; incluso, según estas fuentes, los soviéticos han abandonado la ¡dea de crear

«otro PCE», tras el fracaso de los Líster y compañía. Las sospechas de algunos dirigentes del PCE se

orientan a pensar que los soviéticos intenten utilizar CC 00 como «caballo de Troya» de penetración en el

partido. Y para ello, cuentan con un terreno muy bien abonado.

El desastre electoral de CC 00 en la Seat tuvo mucho que ver con las larguísimas y tormentosas

asambleas del sindicato comunista en la fábrica de Barcelona, para debatir la invasión

soviética de Afganistán, en un momento en el que los trabajadores de la firma automovilística tenían

problemas mucho más acuciantes y próximos, como era el de los salarios y la reducción de plantilla. Así,

por primera vez y para sorpresa de todos, UGT obtuvo un sonado triunfo en Seat.

Otra muestra de esta situación se observa en los admirativos comentarios de muchos dirigentes de CC OO

hacia el moderado aumento de votos conseguido por el pro soviético Cunhal en Portugal, mientras los

socialistas de Soares bajaron notablemente.

En cierta reunión de la dirección del partido con la de CC 00 en la que participaba Carrillo, García Salve,

«el cura Paco», dirigente de Comisiones y miembro del comité central, con su habitual facundia y falta de

pelos en la lengua, llegó a proponer algo que nadie hubiera osado mencionar: la conveniencia de que CC

OO aceptara rublos de la U.R.S.S. y que se afiliara a la Federación Sindical Mundial (FSM), que engloba

a todos los sindicatos de los países del Este. CC 00 rechaza desde siempre la afiliación a la FSM porque

ello le cerraría las puertas de la Confederación Europea de Sindicatos, de influencia socialista, pero que

es la única con gran penetración en Europa occidental. La propuesta, lógicamente, no fue tomada en

cuenta, y su simple planteamiento ocasionó otro de los grandes enfados de Carrillo.

El sindicato comunista, sin embargo, está fuertemente influenciado por las Embajadas de los países del

Este en Madrid. Un conocido dirigente del sindicato tuvo un despacho abierto en la Embajada de la

U.R.S.S., por lo que fue seguido por encargo de la dirección de CC OO y alejado de sus cargos directivos

al confirmarse las sospechas.

El propio Serafín Aliaga, secretario de relaciones internacionales de CC 00, fue funcionario de la

FSM en la capital checoslovaca.

Caso aparte es el de Marcelino Camacho, algunas de cuyas rumbosas declaraciones a la prensa producen

serios bochornos en la dirección del partido. La pretendida independencia de CC 00 con respecto al PCE,

que repite periódicamente —incluso el propio Sartorius lo ha dicho también alguna vez—, comienza ya a

ser considerado como una broma pesada. La dirección del partido, y el propio Santiago, han sido muy

críticos con Camacho. Por ejemplo, en el debate en Cortes del Estatuto de los Trabajadores, donde el

bueno de Marcelino se enfrentó en desigual batalla con las grandes cabezas laboralistas del PSOE como

Jerónimo Saavedra o el catedrático Vida Soria, y con el propio Pérez Miyares, de UCD, hoy ministro de

Trabajo. Marcelino, a causa de las críticas recibidas, llegó a plantear su dimisión. Tal como anunciamos

con el capítulo II de esta serie, Marcelino acaba de confirmar su abandono del escaño.

En otra ocasión, en una comida celebrada hace años en el restaurante madrileño La Criolla con Carrillo y

una delegación de la patronal CEOE, Camacho lanzó un «speech» como si estuviera «en una asamblea de

la Perkins», según uno de los asistentes. Carrillo le miró con severidad y le dijo: «Marcelino, como sigas

hablando así, me levanto y me voy.»

 

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