Autor: Reyes Mate, Manuel. 
   La laicidad de los comunistas catalanes     
 
 El País.    15/01/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La laicidad de los comunistas catalanes

REYES MATE

La laicidad del partido es piedra angular del eurocomunismo. Por eso resulta llamativo que el V Congreso

del PSUC, donde los euros salieron perdedores, aprobara en pleno un texto en el que se define al partido

catalán como laico, a pesar de que el texto fuera derrotado en comisión por escaso margen. Esta anomalía

se reflejaba en las informaciones sobre el congreso, que contaban cómo la mayoría ganadora retiraba el

texto del pleno para no ahondar las distancias con los eurocomunistas. Lo que sí parece es que la laicidad

no significaba lo mismo para todos.

Como es fácil adivinar, el tema de la laicidad tiene que ver con la presencia de cristianos en el partido

político, aunque esta vez, por paradójico que resulte, son éstos los más empeñados en sacarlo adelante.

Este debate ocupó largamente a los italianos, desde Gramsci hasta el XV Congreso del PCI, en marzo de

1978. El fondo del problema radicaba en la contradicción entre el artículo 2 de los estatutos de 1946, en

que se reconocía el derecho de todo ciudadano a inscribirse en el PCI, cualquiera que fuera su fe o

convicción filosófica, y el artículo 5, que reza así: «Cada inscrito en el partido tiene el deber de conocer y

profundizar en el conocimiento del marxismoleninismo y aplicar sus enseñanzas en la solución de las

cuestiones». La contradicción la puso sobre la mesa el obispo de Ivrea, Luigi Betazzi, en una carta

dirigida a Enrico Berlinguer en la que pedía explicación de esos estatutos comunistas, que, por un lado,

reconocían que el buen comunista no tiene que ser necesariamente ni creyente ni ateo, porque no está

atado a ninguna filosofía, y por otro, sin embargo, afirmaban que el partido, como tal, sí que estaba ligado

a la ideología marxistaleninista. «¿Cómo compaginar la laicidad del artículo 2 con el confesionalismo

ideológico del artículo 5?».

La respuesta la dio el XV Congreso en su artículo 7, donde afirma el carácter «laico y racional» del

partido, que «se reconoce en la tradición ideológica y cultural, que se inspira en Marx, Engels, Lenin,

Labriola, Gramsci, Togliati...». Como bien reconocía Lombardo Radice, mentor de Berlinguer en esta

guerra, «el término marxismoleninismo ha desaparecido del vocabulario del PCI. En cuanto a la objeción

de si entonces el PCI puede considerarse marxista, creo que es preferible decir: es un partido que se

remonta a Marx».

La laicidad del partido significa, pues, crítica del monopolio ideológico de una determinada teoría

revolucionaria y, por consiguiente, reconocimiento del pluralismo cultural. Así lo expresaba Alfonso

Carlos Comín en un encuentro sobre el tema, organizado por la comisión «Militancia comunista y

cristianismo» del CC del PSUC, en 1979, presidido por López Raimundo y Antoni Gutiérrez: «Sin

penetrar el nuevo carácter marxista del concepto laicidad del partido no se puede construir con corrección

teórica un partido de masas que recoja la pluralidad de culturas revolucionarias en su seno marxista».

Pero también significa, consecuentemente, negación de la «confesionalidad» atea del partido comunista.

No hay duda de que históricamente laicidad es crítica y emancipación de la política, de la ciencia y de la

ética respecto a la religión; ahora bien, el debate sobre el carácter laico del partido en el seno del

comunismo italiano y español tiene la particularidad de estar potenciado por la presencia de los cristianos

en esos partidos; es decir, la laicidad no es sólo frente al confesionalismo religioso clásico, sino también

frente al «confesionalismo ateo del materialismo didáctico». Por eso añadía Comín: «Considero que, sin

triunfalismos, la presencia de cristianos en el partido ha venido a reforzar el carácter laico del mismo».

Las huellas de esa lucha interna por la laicidad se pueden detectar, al margen de numerosos

pronunciamientos particulares, en documentos tan significativos como la declaración programática sobre

«militancia de cristianos en el partido» del PCE en febrero de 1975, la declaración del CC del PSUC en

septiembre de 1976 y la ponencia Militancia cristiana y comunismo del IV Congreso del PSUC, en

noviembre de 1977.

Marxismo y cristianismo

Esta larga marcha del comunismo hacia su laicidad ha estado acompañada de una fuerte discusión sobre

la compatibilidad y jerarquización de las diversas culturas, particularmente entre marxismo y

cristianismo. Así, ala convicción de Comín «venimos con componentes culturales que pueden enriquecer

la ideología marxista clásica» respondía Manuel Sacristán denunciando «la actitud entreguista en la lucha

de las ideas». Lenin dominaba la escena, un Lenin que, frente a las posiciones socialdemócratas, que

resolvían cómodamente el problema haciendo de la religión «un asunto privado», al que tiene derecho la

conciencia de cada cual, pero que no debe abandonar esos límites individuales, declaraba beligerante al

partido en el combate de la religión.

La aprobación en el pleno del V Congreso del PSUC de la laicidad del partido comunista se ha producido,

al parecer, en medio de una gran confusión. Según declaraciones de algunos presentes, hubo quien votó a

favor porque así se recuperaba, pensaban, la tradición atea del comunismo; otros se opusieron en

comisión porque ya constaba el respeto a toda creencia o convicción filosófica. La significación real, sin

embargo, es el reconocimiento de un pluralismo de tradiciones culturales que exigen ser tomadas en

consideración a la hora de elaborar la teoría del partido. Que eso signifique un tanto de «infidelidad» a las

fuentes clásicas, como dice Lombardo Radice, es verdad, como verdad es que ese tipo de debates iba a

conmocionar a las estructuras del partido comunista, tal y como reconocía Antoni Gutiérrez en ese

encuentro de 1979. El anterior secretario del PSUC, que se conocía el paño, no hablaba de memoria.

 

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