Autor: Dávila, Carlos. 
 Los eurorrenovadores contra Carrillo. 
 El PCE comienza el Congreso más dificil de su historia     
 
 ABC.    28/07/1981.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

NACIONAL

MARTES 28781

LOS «eurorrenovadores» contra Carrillo

El PCE comienza el Congreso más difícil de su historia

MADRID (Carlos Dávila). Empieza hoy en Madrid el más difícil Congreso del Partido Comunista de

España. Comienza, entre los temores de un aparato gerontocrático dispuesto a solventar el trámite con el

menor de los desgastes y fa presión de las tendencias organizadas —por muy ilegales que se consideren—

dispuestas por diferentes motivos a dar la batalla ideológica y organizativa al Comité Central saliente. En

el centro, un Santiago Carrillo dasafiante como nunca, espera resolver la papeleta y laminar de hecho a

todos sus adversarios.

Es muy posible, que el secretario general consiga, desde luego, sus objetivos, como logró que los

revoltosos catalanes renegaran de sus acuerdos contra el eurocomunismo y al redil tras el Congreso de

enero. Como ha logrado asimismo, y sin oposición aparente que el antiguo jesuíta y furioso leninista —

nada peor que un converso— García Salve sea «separado» del Comité Central, eufemismo éste bajo el

que se esconde una expulsión en toda regla.

De todas formas, Carrillo no lo tiene nada fácil. Sus mayores adversarios son los profesionales, técnicos e

intelectuales que componen la corriente de los «eurocomunistas renovadores», hombres de gran prestigio

que no han ocultado su discrepancia con los singulares modos de conducir el partido que ejerce el

secretario general. Para éstos profesionales que ya dieron el toque de alarma con un documento

sumamente crítico que ponía en solfa toda la política, toda la estrategia, seguida por el PCE, Carrillo ya

no es imprescindible y sólo su control sobre la clase dominante que gobierna, bajo sus ordenes, el PCE ha

mantenido hasta ahora, incólume ante las tentativas de destronatle. Es muy posible, sin embargo, a pesar

de los resultados esperanzadores de alguna Conferencia provincial como la de Madrid, que los

«aguaciles» (renovadores) queden dentro de unos días «aguacilados» y no tengan otro remedio que

abandonar el partido, como ya lo han hecho otros profesionales de tanto prestigio como Tamames

(tremendo ataque el suyo a Carrillo en un diario italiano), Eugenio Triana y José María Mohedano.

Para los renovadores, la coartada organizativa es el reconocimiento de tendencias dentro del partido.

Naturalmente, ni Carrillo ni ninguno de sus fieles seguidores, como Sánchez Montero o el madrileño

elegido por los pelos, Pinedo, están dispuestos a transigir con la legalización de las tendencias. Hacerlo

sería contravenir las tesis oficiales, cuidadosamente preparadas por el «aparato» y calificadas desde su

publicación por un miembro tan destacado como Alonso Zaldívar —responsables de la política

autonómica— como «rigurosamente impresentables». El Congreso, pues, y salvo sorpresa mayúscula de

última hora, abortará el intento de reconocer las corrientes de opinión, como cortará de cuajo cualquier

maniobra para terminar con el liderazgo de Carrillo, quien, por otro lado, ya ha amenazado tácticamente

con no aceptar la Secretaría General «si sólo soy elegido por el cincuenta y uno por ciento de los votos».

Santiago Carrillo ha conseguido la aprobación de su informe —nada crítico y especialmente inteligente—

por parte del Comité Central, reunido este fin de semana. El Comité, que tendrá por primera vez un

vicesecretario general —probablemente Nicolás Sartorius, convertido en rápido propalador de los puntos

de vista carrillistas—, será reducido a noventa y nueve miembros, única concesión que será hecha a los

eurocomunistas renovadores, críticos denunciantes de un partido deteriorado en lo que ha sido siempre su

gran lujo: la disciplina. Carrillo, en definitiva, va a intentar desproveer de toda carga ideológica y

organizativa al Congreso, con el pretexto —que sería justificable en cualquier otra ocasión— de que el

partido precisa en este momento histórico responder a las demandas de la sociedad española. Será éste,

pues, un Congreso similar al que UCD celebró en febrero y del cual salió un partido más dividido y a

punto, como estamos observando estos días, de la escisión o, al menos, de la eclosión de las corrientes

internas.

BAJO NIVEL DE LA DELEGACIÓN SOVIÉTICA

MOSCÚ (José Sendalta, corresponsal). Ha llamado la atención en los medios diplomáticos e informativos

de Moscú el bajo nivel de la Delegación del Partido Comunista de la Unión Soviética enviada para asistir

al Congreso del Partido Comunista de España, que comienza hoy. Tales círculos interpretan sin rodeos

que este bajo nivel refleja el de las relaciones entre ambos partidos.

La Delegación comunista soviética para el Congreso del PCE está encabezada por un candidato o

suplente —ni siquiera un miembro pleno, a pesar de ser unos trescientos— del Comité Central, que es,

además, uno de los vicedirectores del órgano central del partido, «Pravda», Yuri Sklyarov, e incluye a

Yuri Zhilin, caracterizado como jefe del grupo de consultores del Departamento Internacional del Comité

Central, y V. Pertsov, a quien se califica por Tass de alto funcionario del aparato del Comité Central.

Pertsov es el más comocído, pues lleva ocupándose de las cuestiones relacionadas con España desde los

primeros tanteos para normalizar relaciones, pero respecto a la altura de su posición en el frondoso y

complejo aparato del Comité Central divergen las opiniones.

Los mencionados círculos diplomáticos e informativos aquí en Moscú atribuyen ante todo las actuales

tensiones entre el PCE y el PCUS a la famosa polémica sobre el «eurocomunismo», donde en contraste

con el Partido Comunista francés, que se puede considerar retornado al redil soviético, y el italiano, donde

al menos se ha llegado a una tregua y se alude por ambas partes la polémica, el Partido Comunista de

España la mantiene en carne viva, sobre todo en las diferencias difícilmente soldadas entre el PCE y el

PSUC. En un paso insólito respecto a secretarios generales de partidos, y al fin y al cabo «fraternos», el

órgano central «Pravda» llegó en enero pasado a lanzar una alusión transparente contra Santiago Carrillo

por la denuncia de maniobras de inspiración soviética en el agitado Congreso del PSUC.

 

< Volver